Política

Irán

Irán está incendiado. Las protestas en aquel país, clave para la estabilidad global, estallaron a finales de diciembre de 2025, impulsadas por una profunda crisis económica. Rápidamente evolucionaron hacia demandas políticas más amplias, vinculadas a las libertades individuales bajo un régimen teocrático, hasta convertirse en exigencias abiertas de cambio político profundo.

Todas las provincias se han visto involucradas, así como todas las principales figuras iraníes en el exilio.

La respuesta estatal ha sido brutal: internet cortado, electricidad suspendida en casi todo el país, cientos de muertos y miles de arrestos. Conforme avanzaron los días, el gobierno de Ali Jamenei, líder supremo de la República Islámica, endureció su discurso con amenazas de pena de muerte y descalificaciones religiosas contra los manifestantes.

Hoy, la pregunta clave es si estas protestas tendrán efectos inmediatos. Mi previsión es que no. No hay evidencias claras de deserciones generalizadas dentro de las fuerzas de seguridad ni señales de una ruptura institucional al estilo de una revolución clásica. Con un régimen que aún controla el aparato coercitivo, sin liderazgos opositores unificados y con un gobierno que posee amplia experiencia en sofocar rebeliones, la probabilidad de un derrocamiento en el corto plazo es baja.

Sin embargo, no se pueden descartar factores que juegan en contra del gobierno iraní: sanciones internacionales, una severa devaluación de la moneda y una presión social masiva, así sea desarticulada. También destaca el creciente descontento de sectores tradicionalmente leales, el desgaste de un régimen sostenido frágilmente desde el terror religioso y la amenaza de Estados Unidos de intervenir directa o indirectamente en su debilitamiento institucional, una advertencia que no debe subestimarse, como se vio en Venezuela.

Aun así, la capacidad inmediata de los manifestantes para derribar al régimen es limitada. Sólo si las protestas se prolongan y logran articular una narrativa política aceptable y ampliamente aceptada, podría observarse un debilitamiento real en un plazo de entre 6 y 18 meses.

De lo contrario, lo más probable es que el descontento se diluya gradualmente.

Entonces, ¿qué pasará a la larga con Irán? Lo cierto es que Ali Jamenei ya no es joven, que las células de descontento no desaparecerán y que Estados Unidos seguirá alentando un entorno de inestabilidad interna. Por ello, no sería descabellado pensar que, en unos años, Irán sí cambiará. Y cualquier cambio en Irán, en cualquier dirección, impactará al mundo entero. Y es que Irán es un gigante del que depende, en gran medida, la estabilidad del resto del planeta. Es la opinión asiáticocentral de tu Sala de Consejo semanal.


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Arnulfo Valdivia Machuca
  • Arnulfo Valdivia Machuca
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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