Cultura

La odisea

  • La pantalla del siglo
  • La odisea
  • Annemarie Meier

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El anuncio del estreno de la película “La odisea” y las entrevistas con su realizador Christopher Nolan, que fue generoso con la multitud de periodistas que lo buscaban, nos prepararon para gozar de un espectáculo fílmico emocional, visual y sonoro de grandes dimensiones. Como guionista y director Nolan habló de la importancia de realizar una nueva adaptación del poema de Homero, de la tecnología análoga que decidió utilizar y del impacto que pretendió causar en el espectador. En México no tenemos salas que cuentan con la instalación para proyectar películas de celuloide del formato IMAX 70mm en el que Nolan la realizó (en EUA no pasan de una treintena). Sin embargo, aún a través de una proyección digital o en cinta de 35 mm, “La odisea” crea una experiencia fílmica impresionante, oscura, misteriosa y, desde luego, cien porciento masculina. Las aventuras físicas, emocionales y espirituales del héroe que tarda en regresar de la guerra, contrastan con los sucesos en su tierra, la isla Ithaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco defienden el reinado y esperan durante años su regreso .

A lo largo de la exhibición de la película recordé muchos de los personajes, monstruos y sucesos que los maestros de primaria y secundaria nos habían descrito en alguna clase y me dio gusto que Nolan no haya creado personajes para los temidos y berrinchudos dioses de la mitología griega que suelen intervenir y jugar de manera perversa con el destino de los pobres humanos. Siempre me ha parecido que ellos eran los verdaderos malos del relato y no las figuras mitológicas de las tierras, cuevas y el mar que obstaculizaron el viaje de Odiseo.

La película empieza en Ithaca, años después del inicio de la guerra de Troya con la toma de Esparta. La larga ausencia del rey Odiseo (o Ulises, en latín) pesa sobre su esposa Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland) que defienden el reinado asediados por un grupo de pretendientes que inventan la muerte de Odiseo para adueñarse de su esposa y trono. En acciones paralelas entre Ithaca, el mar y las tierras lejanas, observamos la playa con miles de muertos, restos del caballo de Troya, escenas de la sangrienta toma de la ciudad y la condición de Odiseo (Matt Damon) como hombre abatido que duda de su fuerza y misión. La decisión de emprender el viaje de regreso a Ithaca no nace de su heroísmo sino de la pregunta sobre su verdadero ser y su rol como esposo y padre. Emprende el viaje acompañado por los hombres con los que había construido el caballo de Troya, invadido la ciudad y causado la muerte de miles de espartanos y griegos. Las estaciones del viaje y la lucha contra obstáculos como el Cíclope de la cueva, el canto de las Sirenas, la vengativa Circe, además del encanto de la ninfa Calipso y las profecías de Tiresias, mermaron su tropa. Finalmente llega a Ithaca solo y como mendigo. Sus victorias, aventuras y fama quedaron atrás y la enorme carga que pesa sobre su vida es el sentimiento de culpa por la violencia y destrucción que sembró.

Con “La odisea” Christopher Nolan reafirma su destreza para armar una estructura narrativa que nos obliga a armar un rompecabezas y llegar a la conclusión que para él “La Odisea” es al mismo tiempo un poema épico, un relato de aventuras y la descripción de un héroe y hombre atormentado que atraviesa peligros y pruebas para reconocer finalmente su culpa por la violencia y el dolor que sembró. Lo que también reafirma Nolan con su adaptación del texto milenario es la necesidad de ser fiel al texto pero trasladar y enriquecer los mitos antiguos con permitirle al espectador una lectura actualizada de lo que está viendo. Bueno, más bien viendo, escuchando y sintiendo, ya que la banda sonora de Ludwig Göransson con sus tambores de cobre y ambiente de violencia y muerte, retumban en la sala de cine y la percepción del público.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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