Poder escribir sobre la película “Metrópolis de Fritz Lang es un privilegio y con el pretexto del próximo cumpleaños del filme en enero del 2027 y una copia recién restaurada que podremos admirar en la inauguración del Festival de Cine Alemán a finales del septiembre, me permito el lujo de dedicarle de nuevo una columna. “Metrópolis” es, sin duda, uno de los pilares de la historia del cine. Lo es por las circunstancias en las que se creó, por lo que narra, por cómo Fritz Lang creó un mundo e inventó efectos visuales y especiales de una monumentalidad y belleza que siguen influenciando la estética de la ciencia ficción, el cine distópico, videos musicales y videojuegos. Hoy también nos sorprendemos de descubrir en el filme de Fritz Lang la presencia de la robótica, la computación y la inteligencia artificial.
Fritz Lang, nacido en Viena, Austria en 1890, se había dedicado a la dirección de cine desde 1819 cuando realizó “La muerte cansada”. dos partes de “Dr. Mabuse, el jugador” y dos partes de “Los Nibelungos” antes de emprender el proyecto de “Metrópolis”. Lang coescribió el guion junto a la escritora Petra von Harbour quien había publicado la novela Metrópolis en 1825. La planeación y realización de la película en los estudios de cine UFA en Potsdam, cerca de Berlín, fue una empresa de producción y trabajo tecno-estético gigantesco hasta que, por fin, el filme pudo estrenarse el 10 de enero de 1827. Su parte estilística, su diseño, los efectos especiales y la calidad actoral fueron altamente elogiados pero su base narrativa y el desenlace despertaron el rechazo de la crítica y amplios sectores del público. No olvidemos que el filme salió en plena República de Weimar entre las dos guerras en la que Alemania vivió una época de enorme conciencia y libertad social y cuestionó que Thea von Harbou había dedicado su novela a la convicción de que su libro trata de que “el mediador entre el cerebro y las manos tiene que ser el corazón”. En un comentario a las críticas de la época al de Thea von Harbou, Fritz Lang respondió años más tarde que cuando hizo el filme no tenía la consciencia política que embrazó después. “Pienso que no se puede hacer un filme socialmente consciente si se sostiene que el mediador entre la mano y el cerebro es el corazón. Pienso que esto es un cuento de hadas – realmente. Yo por lo que me intereso es por las máquinas”. Por cierto, la admiración de Hitler y su ministro de propaganda Goebbels por “Metrópolis” resultó en una invitación a Fritz Lang para encabezar el “cine del nacismo”. Lang hizo su maletas, compró un boleto de tren a París y pidió exilio en Estados Unidos mientras su esposa Thea von Harbou se inscribió en el partido nazi y colaboró con el cine fascista.
A pesar del desenlace romántico de Metrópolis, el resto del filme sí trata sobre el poder, las máquinas y la enajenación del ser humano. Las impresionantes imágenes y escenas creadas por Fritz Lang y un equipo de diseñadores e inventores técnicos, nos presentan un mundo y una sociedad futurista en la que, en los últimos pisos de los rasgacielos, habitan los ricos, mientras que a nivel de tierra y en el subsuelo, trabajan las masas de obreros uniformados y automatizados al servicio del Moloch (o Moloc) - ente bíblico asociado a rituales de sacrificios infantiles -, que en la novela y película está representado por una enorme máquina que mueve la metrópoli y se nutre de cuerpos humanos. También la metáfora bíblica de la torre de Babel es un elemento importante, al igual que el nombre y personaje de María de la que existen dos versiones: María, la buena, que cuida a los niños y María, la mujer robot, creada por una especie de inteligencia artificial al servicio del poder.
Mientras yo lamento no poder ilustrar mi columna con imágenes de la película, en el texto “Las manchas de la jirafa”, Luis Buñuel escribe: “Lo que narra es trivial, sobrecargado y pedante, de un romanticismo dominante. Pero si uno no se fija en la anécdota sino en el trasfondo plástico, “Metrópolis” rebasa todas las expectativas, nos asombra como el libro de imágenes más maravilloso que jamás ha sido creado”.