M+.- "¿Qué acaba de pasar?”, te preguntas.
“¿Qué acaba de pasar?”, te preguntas.
Sabías que la conversación sería complicada porque confrontar a alguien por su mala conducta. Tal vez fue un colega que se apropió de una idea tuya; un nuevo amigo que habló mal de ti a tus espaldas; o una pareja sentimental que te fue infiel... Las pruebas son irrefutables; tan es así que, si la situación fuera a la inversa, estarías confesando tu error y pidiendo perdón. Pero ese no es el “modus operandi” de esas personas.
No; ante una falta evidente, lo negaron todo. En lugar de mostrar arrepentimiento, contraatacaron, incluso te acusan de la misma conducta que ellos cometieron. Por si fuera poco, se hacen las víctimas y te señalan como el verdadero culpable. La interacción te deja molesto y confundido, cuestionando tu percepción. ¿Es posible que todo lo hayas entendido al revés?
Felicidades: acabas de ser víctima de DARVO, un acrónimo en inglés que significa “Negar, atacar e invertir los papeles de víctima y agresor” (Deny, attack, reverse victim and offender).
DARVO es una técnica con la que podemos encontrarnos en nuestra vida cotidiana al tratar con personalidades sociópatas. Este tipo de guerra psicológica interpersonal está diseñada para eludir cualquier sanción por una mala conducta y convertirla en una oportunidad para ejercer poder sobre ti.
Para una persona mentalmente sana y equilibrada, ser objeto de la técnica DARVO resulta una experiencia desconcertante e inquietante. Pero, una vez que comprendes cómo funciona, nunca más tendrás que ser su víctima.
El acrónimo lo diseñó en 1997 la psicóloga de la Universidad de Oregón Jennifer Freyd, quien ha estudiado a fondo la violencia doméstica y el abuso sexual, así como las características de los que suelen perpetrarlos.
Freyd observó que al enfrentarse a pruebas de su mala conducta, los agresores suelen de inicio negar o minimizar su culpabilidad (“Estás haciendo un drama por nada”), para luego acusar a la víctima de crear el problema (“Te arrepientes de lo que pasó y ahora me culpas a mí”) e invertir los papeles de víctima y agresor (“En realidad, deberías ser tú quien pida disculpas”).
Aunque el trabajo de Freyd se centró principalmente en las transgresiones más graves, ella y otros investigadores descubrieron que el DARVO también ocurre con frecuencia cuando se critica a personas por conductas indebidas más cotidianas.
En 2017, unos investigadores pidieron a 138 universitarios que recordaran alguna ocasión en que hubieran confrontado a otra persona por una falta clara, como maltratos personales, exclusión social o la aplicación de la ley del hielo. Los investigadores encontraron que las víctimas habían experimentado cierto grado de comportamiento DARVO en la mayoría de las confrontaciones reportadas.
El estudio también reveló que las mujeres tenían casi 25 por ciento más de probabilidades que los hombres de sufrir esta técnica, y que el DARVO resulta inquietantemente eficaz para provocar sentimiento de culpa en las propias víctimas.
Ese comportamiento comparte rasgos con el “gaslighting” (o manipulación psicológica y maltrato psicológico), un término derivado del título de una obra de teatro británica de 1938 en la que un marido emocionalmente abusivo manipula a su esposa para convencerla de que está perdiendo la razón.
Si bien el “gaslighting” clásico implica engaño y control coercitivo, el término ha adquirido un uso popular más amplio para describir situaciones en las que el agresor, cuando se le señala por su mala conducta, se hace pasar por víctima y alega que sus acciones fueron tergiversadas maliciosamente. Resulta evidente hasta qué punto la táctica se asemeja al DARVO.
Esta táctica está presente en todas partes: en la política, los medios e internet. De hecho, en cualquier ámbito donde abunden los actores que actúan de mala fe.
Algunos expertos argumentan que vivimos en una “cultura de la ofensa”, una tendencia a transformar la afirmación de que un comportamiento o comentario resulta ofensivo en, en la práctica, un derecho a sentirse ofendido, lo que a su vez genera una pretensión de victimismo.
Seguramente a todos se nos ocurren ejemplos de cómo esta cultura se puede utilizar como garrote para excluir, de manera muy deshonesta, a aquellas opiniones y voces incómodas del debate público.
Los investigadores identifican incluso un fenómeno que podríamos llamar “gaslighting al cuadrado”: cuando los propios manipuladores acusan a otros de ejercerlo contra ellos. Mediante esta variante de la técnica DARVO, niegan la acusación de manipulación, te acusan de manipularlos para lograr invertir los papeles de víctima y agresor.
¿Qué clase de persona suele ejercer el “gaslighting” con mayor eficacia?
La respuesta apunta a la llamada “Tríada Oscura”: Ese 7 por ciento de la población que presenta niveles superiores al promedio en tres rasgos negativos de la personalidad:
1. Narcisismo (todo gira en torno a mí).
2. Maquiavelismo (estoy dispuesto a hacerte daño para conseguir lo que quiero) y
3. Psicopatía (no siento empatía por ti ni remordimiento al victimizarte).
En 2021, diversos estudios demostraron que, en los adultos jóvenes, el “gaslighting” se vincula estrechamente con el maquiavelismo y la psicopatía.
Esta forma de manipulación también guarda una fuerte relación con el sadismo; dicho de otro modo: el agresor disfruta cuando su actitud falsa provoca que sientas confusión y sufrimiento.
De hecho, el sadismo es un rasgo constante en este tipo de personalidad que algunos expertos lo consideran el cuarto componente de una “Tétrada Oscura”.
Si percibes que hay algo fundamentalmente raro en las personas que emplean contigo la técnica DARVO de forma reiterada, es posible que tengas razón:
Desde un punto de vista neurológico, al menos, los individuos que pertenecen a la Tríada Oscura son diferentes del resto de la población.
La observación y el análisis determinan que estas personas presentan un volumen cerebral menor que el de la población general en áreas relacionadas con la regulación emocional (la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada) y con el sistema de recompensa (el estriado ventral y la corteza orbitofrontal).
Por esta razón “curar” a alguien que practica el “gaslighting” resulta tan difícil. De hecho, los rasgos de la Tríada Oscura -especialmente cuando existe una psicopatía manifiesta- son casi imposibles de corregir.
Pero ¿qué sucede con la víctima del DARVO?
Nos referimos a la víctima real, no a quien se autoproclama víctima después de que invirtió los papeles. Para una persona sometida a esta técnica, cuestionarse si la conducta indebida realmente ocurrió o si interpretó mal la situación es, en realidad, un indicador de su salud emocional.
En otras palabras, aquello que le convierte en una persona íntegra es precisamente lo que el agresor aprovecha para sembrar la duda y provocar sentimientos de culpa. La susceptibilidad a este autoexamen moral es lo que el DARVO pretende explotar.
Una herramienta útil para evaluar cualquier interacción de este tipo que hayas experimentado es el Cuestionario de Experiencias DARVO de la profesora Freyd.
Una medida evidente, si crees que has sido víctima del DARVO, es evitar al agresor en el futuro. Por lo general, las personas con rasgos de la Tríada Oscura no cambian su comportamiento, ya que no pueden modificar la materia gris que regula sus sistemas emocionales y de recompensa.
Además, sus tendencias psicopáticas les impiden sentir remordimiento: si uno no se arrepiente de haber hecho algo y la acción produjo resultados deseados, seguirá haciéndolo.
Aún mejor, es ser capaz de identificar a alguien que practica el DARVO antes de iniciar una relación sentimental, una amistad o una colaboración laboral.
Una forma de hacerlo es observar la actividad de la persona en internet.
Se ha descubierto que las personas con rasgos de la Tríada Oscura se sienten especialmente atraídos por lo que los especialistas denominan eufemísticamente “uso problemático de las redes sociales”.
Alguien que constantemente se ve envuelto en discusiones en línea -por no hablar de prácticas como el troleo o el doxxing, tendría tendencia a emplear la táctica del “jiu-jitsu” del DARVO. Si descubres que esa persona ejerce gaslighting contra otros en internet, puedes estar seguro de que hará lo mismo contigo en la vida real. Mantente alerta y rompe el vínculo si es posible.
Ten especial cuidado al empezar una relación: las personas con rasgos de la “Tríada Oscura” pueden parecer encantadoras y cautivadoras, ya que suelen estar más interesadas en lograr que te enamores de ellas que en establecer las bases de una relación amorosa mutua.
Si sientes que hace que pierdas la cabeza por completo, intenta aplicar una dosis de escepticismo ante esa persona que parece el partido ideal.
Investiga un poco, especialmente sus perfiles en redes sociales: ¿pasan demasiado tiempo en línea? ¿Se meten en discusiones? ¿Manipulan psicológicamente a los demás? Si es así, aléjate.
Por último, aunque parezca obvio, evita utilizar la técnica DARVO. Aunque si tuvieras rasgos de la Tríada Oscura, dudo que te hubieras molestado en leer este artículo.
Sin embargo, la manipulación psicológica no es un fenómeno de todo o nada; tiene matices. Incluso una persona equilibrada puede caer en hábitos interpersonales patológicos.
Si crees que alguna vez has incurrido en una conducta de represalia cuestionable, especialmente cuando te sentiste criticado o a la defensiva, revisa el cuestionario DARVO de Freyd y analiza tus interacciones, sobre todo las que implicaron algún conflicto.
Es probable que la mayoría en algún momento hayamos incurrido en alguna versión de esto.
¿Alguna vez te haces la víctima después de haber ofendido a tu pareja? ¿Utilizas el ataque para eludir preguntas o acusaciones?
Dado que DARVO es eficaz, es posible que sin darte cuenta hayas adoptado algunas de sus características. Pero ten esto por seguro: DARVO destruye relaciones. Si se usa de forma persistente, podrías terminar utilizando el gaslighting hasta llegar al divorcio.
Un último punto: muchas situaciones pueden involucrar malentendidos y confusiones genuinas; contratiempos en los que la intención de la otra persona no era ofender ni hacer daño, o momentos en los que, en realidad, estás susceptible.
Una persona honesta está abierta a esa posibilidad, ya que nadie es perfecto.
En cambio, una persona deshonesta nunca admite haber juzgado mal a alguien y no duda en convertir la defensa en ataque.
Así pues, mantente alerta al DARVO y aprende a evitar a quienes lo practican.
Mantente alerta también ante tu propia tendencia a utilizar esta técnica, aunque sea de forma parcial o pasajera.
Si eres capaz de aceptar las críticas de los demás con elegancia y humildad, y nunca intentas darle la vuelta a la situación presentándote como víctima a costa de otros, estarás protegido frente al gaslighting, tanto tuyo como de ellos.