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La clave de la autoconciencia crítica

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“Conócete a ti mismo” es la máxima más famosa de la filosofía griega, grabada en piedra en el Templo de Apolo en Delfos. ¿Por qué?, podrías preguntar. Los más grandes filósofos y escritores de la historia tienden más bien a explicar por qué es esencial, dada la importancia fundamental que tiene el autoconocimiento para una existencia significativa.

En su tragedia Tiestes, el filósofo estoico Séneca escribe: “La muerte pesa sobre aquel / que, siendo muy conocido por el mundo entero, / es un extraño para sí mismo”. Y como afirma Shakespeare en su comedia Como gustéis: “El necio se cree sabio, pero el sabio / sabe que es un tonto”.

Séneca y Shakespeare fueron genios artísticos con una perspicacia extraordinaria; sin embargo, en un sentido empírico los científicos modernos del comportamiento pueden hacer un argumento aún más fuerte a favor del valor del autoconocimiento.

Abordaré los detalles en un momento, pero lo que sus estudios demuestran es que conocerse a uno mismo puede proteger a las personas de los errores y sesgos perjudiciales que conducen al delirio egoísta.

Adquirir ese tipo de conocimiento puede ser uno de los retos más difíciles que cualquiera afronta en la vida, y el autoconocimiento es una de las habilidades más difíciles de dominar. Pero si logras convertir la honestidad, y la consciencia en uno mismo, en tu superpoder, serás más feliz, más empático y tendrás más éxito en todo lo que hagas.

¿Qué significa exactamente conocerse a uno mismo? Para los neurocientíficos, la respuesta es bastante clara: el autoconocimiento es la combinación de dos tipos de información: las valoraciones directas (propias creencias que tienes sobre ti mismo) y las valoraciones reflejadas (tu percepción de cómo te ven los demás). Las primeras suelen utilizar las áreas del cerebro asociadas a la perspectiva en primera persona, como el cingulado posterior; las segundas, regiones relacionadas con la emoción y la memoria, como la ínsula y las cortezas orbitofrontal y temporal.

Esta definición técnica del autoconocimiento solo se refiere a los mecanismos involucrados y no dice nada sobre la calidad de la información: en efecto, si crees que eres un gallo y piensas que los demás también te ven como tal, ¿eso cuenta como autoconocimiento? Tengo la fuerte sospecha de que los pensadores de Delfos tenían algo más en mente; sin duda se referían a “conocerse a uno mismo con exactitud”.

Esa es una tarea mucho más ardua, que requiere una gran cantidad de información veraz sobre los estados internos -actitudes, creencias, emociones, rasgos, motivos- a lo largo del tiempo, abarcando sus tres fases: presente, pasado y futuro.

Un autoconocimiento preciso implica también evitar errores y corregir ilusiones, ser totalmente honesto con uno mismo, poseer una memoria confiable y predecir cómo nos vamos a sentir y reaccionar en el futuro.

Bajo este estándar de exigencia imposible, tú no te conoces a la perfección, y yo tampoco. De hecho, es probable que todos sobreestimemos nuestra capacidad para conocernos con exactitud.

Muchos estudios han demostrado lo fallidas que son las autoevaluaciones de las personas. Experimentos psicológicos revelan que las valoraciones sobre la propia habilidad y el desempeño tienen una precisión que oscila entre “moderada y escasa”, y que por lo general son menos confiables que las evaluaciones externas.

Del mismo modo, los investigadores demostraron que ni siquiera somos capaces de predecir nuestro comportamiento futuro mejor de lo que otros pueden lo pueden predecir por nosotros. “Kikirikí”: no eres quien crees ser.

Una de las razones por las que nos conocemos tan mal es que somos propensos a cometer errores cognitivos importantes respecto a lo que sucede en nuestras vidas.

Los investigadores han descubierto que los seres humanos somos vulnerables a omisiones flagrantes, hasta el grado de pasar por alto nuestros problemas, errores y oportunidades. Se podría decir que vivimos inmersos en una niebla de metaignorancia: no solamente no nos conocemos, sino que ni siquiera sabemos que lo desconocemos.

Muchas cosas en nuestras vidas pasan desapercibidas porque no contamos con el lenguaje para describirlas y no las comprendemos. Esto se denomina “hipocognición”, es decir, un déficit de cognición (en contraposición a la hipercognición). En estudios que exploran este fenómeno los participantes británicos solían notar más la presencia de queso que de los dumplings asiáticos en su vida cotidiana, mientras que los chinos notaban lo contrario.

Un ejemplo menos trivial podría ser la forma en que un trauma afecta tu vida diaria y tu identidad, sin que seas capaz de reconocer su impacto por falta de conocimientos sobre sus efectos. (Dicho esto, poseer ese conocimiento también puede conducir a obstáculos, ya que aprender sobre un trauma puede llevar a una persona a identificar erróneamente su causa y origen).

Gran parte de nuestro déficit de autoconocimiento proviene de la ignorancia deliberada -en realidad, deshonesta- a la que recurrimos para proteger nuestra autoestima.

Por más de un siglo, los psicólogos han observado la tendencia humana a utilizar el razonamiento motivado para convencernos de que nuestras opiniones son correctas, racionalizar malas decisiones, ignorar información que nos cuestiona y, en general, mantener ilusiones positivas y buscar formas de evitar enfrentarnos a emociones negativas basadas en la realidad.

Estos rasgos son tan intrínsecos a nuestra naturaleza que, en conjunto, se han denominado nuestro “sistema inmunológico psicológico”. Esta tendencia a la racionalización casi con toda seguridad tiene una base biológica; los neurocientíficos han demostrado que, cuando las personas reciben evaluaciones críticas sobre sí mismas, muestran signos de actividad en las regiones límbicas del cerebro asociadas con la percepción de amenazas.

Esta capacidad humana de mantener la ignorancia frente a un autoconocimiento potencialmente negativo puede hacernos sentir más cómodos a corto plazo. Sin embargo, como ocurre con gran parte del anhelo humano de comodidad, esto conduce a perder muchas oportunidades de alcanzar un mayor bienestar y éxito a largo plazo.

Las investigaciones muestran que una autoconciencia más honesta -que abarque tanto la información positiva como la negativa- favorece el desarrollo personal, ya que permite saber qué aspectos mejorar. Esto facilita la toma de decisiones personales basadas en información precisa, especialmente al perseguir objetivos.

Además, experimentos realizados en el ámbito laboral señalan que una buena autoconciencia mejora la satisfacción en el trabajo, el entusiasmo y la comunicación.

“Conócete a ti mismo” suena sencillo y sensato; pero al igual que otros consejos acertados -como llevar una alimentación saludable o tratar a los demás con respeto- esta recomendación resulta difícil de poner en práctica porque requiere mucho esfuerzo.

Por su parte, el factor de la comodidad te lleva a ignorar los consejos la mayor parte del tiempo. Así pues, del mismo modo que ciertos protocolos alimentarios pueden ayudarte a superar el mal hábito de picar entre horas, un conjunto de normas similar puede alejarte de la búsqueda de comodidad y conducirte hacia una mejor salud cognitiva.

1 Deja de protegerte

Entrenarse para aceptar el malestar físico regular y sistemático de un entrenamiento duro en el gimnasio aumenta la fuerza y la resistencia. Con el tiempo, te vas a sentir mucho más en forma y mucho más cómodo con tu piel que si nunca te hubieras levantado del sofá.

Puedes aplicar el mismo principio al trabajo del autoconocimiento: un refuerzo regular y una autoevaluación difícil resultarán incómodos al principio, pero al final te harán más fuerte como persona. Pide a amigos y familiares críticas honestas con regularidad e insiste en que no se contengan. Puedes llamar a esto rutina de ejercicios emocionales.

Tal vez te preguntes cómo cuadra esto con la creencia popular de que la autoestima de las personas necesita un cuidadoso apoyo y protección, especialmente en el caso de los niños, para que puedan prosperar y tener éxito.

De hecho, el movimiento de la autoestima en educación y psicología no ha resistido el escrutinio académico. La investigación del psicólogo Roy F. Baumeister y sus coautores muestra que las personas con alta autoestima dicen ser más simpáticas y atractivas que las que tienen baja autoestima, pero descubrieron que el juicio de observadores externos refutaba su afirmación.

2 Adopta una narrativa de cambio

Si tienes una mentalidad fija sobre tus fortalezas y habilidades, la información negativa seguramente hará tropezar tu sistema inmunológico psicológico; entonces, sin darte cuenta, desplegarás todos los trucos que puedas para ignorar los datos. Sin embargo, como mostró un artículo de 2008 en Personality and Social Psychology Bulletin, cuando las personas ven el potencial de crecimiento de sus fortalezas, es más probable que acepten comentarios negativos y los utilicen para estimular el esfuerzo.

Veo este fenómeno todo el tiempo en mis mejores alumnos: aquellos que tienen una mentalidad orientada a la mejora agresiva en realidad se impacientan con los elogios vacíos; prefieren las críticas y las ven como un arma secreta que necesitan para mejorar aún más.

3 Decide qué cambiar y empieza

No es suficiente con creer que es posible un cambio positivo; también necesitas un plan para que ocurra, lo que un autoconocimiento preciso puede facilitar. Algunos objetivos de superación personal son sencillos, como volverte más hábil en tu trabajo o escuchar mejor a tu pareja. Pero también es posible un cambio fundamental en quién eres como persona.

Las investigaciones de los últimos 15 años hallaron que la personalidad es más maleable de lo que se pensaba y evoluciona naturalmente a lo largo de la vida, principalmente de manera positiva.

Puedes acelerar los cambios que deseas remodelando tu comportamiento para que coincida con el de la persona que te gustaría ser. Esto se llama el principio “como si”. En pocas palabras, practica actuar como una mejor persona y comenzarás a convertirte en ella.

Un último punto sobre el autoconocimiento: he hablado de formas prácticas de lograr una mayor autoconciencia y de la utilidad que esto aporta a la vida. Sin embargo, un autoconocimiento realista, incluso aquel que revela aspectos negativos de uno mismo, puede resultar sumamente liberador, aun cuando no conduzca necesariamente al crecimiento o al cambio.

Permítanme poner un ejemplo: cuando me dedicaba a la música clásica en mi juventud, nunca me permití la posibilidad de no situarme en la élite mundial de los intérpretes de cuerno francés. Esa convicción de ser a toda costa el mejor, me llevó a desarrollar conductas obsesivas y a sentir una profunda infelicidad.

Cuando ya cerca de los 30 años acepté por fin la realidad de que, si bien era un buen músico, nunca llegaría a ser uno excepcional, me liberé para dedicarme a otras actividades interesantes y gratificantes. Al final, saber lo que no era me ayudó a ser quien realmente podría ser.

Esto nos lleva de nuevo a Delfos y la gran sacerdotisa Pitia, conocida por su don profético como el Oráculo. Cierto día, un hombre llamado Querefonte preguntó al Oráculo si existía alguien más sabio que el filósofo Sócrates. Pitia respondió que nadie lo era. Estas palabras llegaron a oídos de Sócrates quien, lejos de regodearse en el elogio, decidió utilizarlo para reflexionar sobre lo que sería un mejor conocimiento sobre sí mismo: su profunda ignorancia.

La profecía de Pitia solamente podía resultar cierta si Sócrates asumía aquel autoconocimiento “negativo” que le llevó a formular la paradoja, como informó su discípulo Platón, según la cual, en comparación con quien se cree sabio, él estaba en mejor situación: “Yo estoy mejor que él, pues él no sabe nada y cree saberlo, mientras que yo ni sé ni creo saber”.

La integridad moral que Sócrates extrajo de esta revelación, basada en un método inquebrantable de autoexamen, dio origen al célebre método socrático -consistente en buscar el conocimiento mediante preguntas, sin arrogarse jamás una autoridad oracular- una técnica que los docentes siguen empleando en la actualidad.

Si aspiramos a seguir el mandato délfico: “conócete a ti mismo”, Sócrates definitivamente ya nos mostró el camino.

Braulio Montes
Braulio Montes


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