Cultura

"El Bosco, el jardín de los sueños"

  • La pantalla del siglo
  • "El Bosco, el jardín  de los sueños"
  • Annemarie Meier

En esta semana tuve la oportunidad de vivir una experiencia fílmica especial. En una exhibición privada “a petición del público”, se proyectó el documental español El Bosco, el jardín de los sueños de José Luis Linares.

La sala estaba llena con un público compuesto por espectadores de diversas edades que disfrutó una experiencia combinada entre el placer de una visita a un museo y una ida al cine. El Bosco, el jardín de los sueños no sólo permite descubrir y conocer a fondo el tríptico El jardín de las delicias del pintor flamenco El Bosco (1450 a 1516), sino que guía al espectador a pasear sus ojos y su mente por el mundo imaginario de uno de los más grandes artistas plásticos de todos los tiempos, descubrir temas y elementos técnicos y estéticos de la pintura de la época y reflexionar sobre la manera cómo y qué ve el espectador de hoy cuando está frente a una pintura o cualquier obra de arte visual.

La identificación del público de cine con un espectador de arte empieza desde la primera escena de la película: La cámara todavía no enfoca el tríptico sino que se pasea sobre los rostros de los visitantes del Museo Nacional del Prado de Madrid al observar con detenimiento la pintura de El Bosco.

Ojos muy abiertos, expresiones de asombro, rostros perplejos, serios e incluso asustados frente a lo que ven. La segunda escena está dedicada a la pintura misma: Al tríptico cerrado se acercan dos empleados del museo que lo abren lentamente con un movimiento teatral que revela su interior.

De ahí en adelante serán espectadores de museo de las más variadas disciplinas profesionales los que guiarán los ojos del púbico de cine por los detalles, antecedentes y posibles interpretaciones del tríptico.

Escritores como Salman Rushdie y Laura Restrepo, historiadores de arte, músicos, filósofos, cantantes, científicos y pintores parados frente a la pintura comentan acerca de la vida de Hieronymus Bosch (El Bosco), el origen y la historia del tríptico, los materiales y la forma de pintar del artista, los personajes, temas, símbolos y el carácter narrativo del mundo surreal que el artista plasmó en el lienzo.

Como la mayoría del arte de la época, el tríptico fue un trabajo de encargo que el artista aprovechó para crear su visión personal, altamente significativa y enigmática.

El filme abona a la idea de que también la manera de ver e interpretar la pintura es subjetiva. Entre todas las miradas y voces que describen e interpretan el tríptico no hay una sola que descubre y explica “la única verdad” de la pintura y las intenciones del pintor. Cada uno busca y ve en la obra de arte su propia experiencia de vida. Así lo leemos en una cita de Tarkowski que sirve de prólogo al documental.

La cámara de José Luis Linares descubre elementos de la pintura con sutiles movimientos y acercamientos; crea relaciones entre personajes, animales y estructuras arquitectónicas y lleva al espectador de la mano para descubrir por él mismo temas y visiones placenteras, fantásticas, horrorosas, irónicas y grotescas plasmadas por El Bosco.

Los personajes humanos se dedican a vivir, amar, sufrir, comunicarse, agredir o sufrir violencia. Cámara y comentarios también revelan la importancia de la naturaleza, de animales, instrumentos musicales, edificios y una gran variedad de herramientas de tortura que agreden los cuerpos humanos. Sin embargo, la puesta en escena del origen del humano, los siete pecados capitales, el paraíso y el infierno guardan sus secretos. ¿Plasmaría El Bosco un festejo hedonista de lujuria y deseos? ¿Una alegoría satírica de la sociedad de su época? ¿Una visión futurista de placeres y horrores humanos?

El documental enriquece la experiencia sensorial a través del sonido como elemento emocional, narrativo y rítmico.

El ruido de una parvada de pájaros que atraviesa la estructura de una especie de castillo de la pintura, el canto de una espectadora frente al lienzo, arias y todo tipo de piezas musicales de varias épocas acompañan y entran en diálogo con las imágenes de la pintura y los comentarios de los espectadores del museo.

Interesante que en medio de tantos estímulos visuales y sonoros la mente del espectador de cine tenga tiempo de empezar a trabajar su individual recepción del tríptico y del documental que está viendo.

A mi me transportó al mismo tiempo a pinturas de surrealistas como Dalí y Remedios Varo como a películas fantásticas y surreales cuyas imágenes, sueños y pesadillas encontré en el documental El Bosco, el jardín de los sueños.

annemariemeier@hotmail.com

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