Resulta muy ilustrativo para los mexicanos lo padecido en Venezuela durante las dos últimas décadas. La intervención armada de EU para capturar al dictador y su decisión de gobernar indefinidamente a esa nación adquieren singular relevancia por lo que pueda sobrevenir para nosotros.
Vale recordar el ensayo de Octavio Paz publicado en 1979 y titulado El ogro filantrópico. Ahí describe a una bestia que aparentando generosidad ofrece bienestar, pero termina devorándolo todo. Aunque el autor lo refirió al viejo PRI que se impuso en México durante 71 años, puede aplicarse al Imperio yanqui y al movimiento de degeneración nacional. El primero, amenaza permanente para las naciones, por ser un poder expansivo, represor y temido. El otro ogro, renacido del viejo PRI, con claras diferencias y características similares.
Mucho distingue a esas dos deformaciones, pero salta a la vista lo que les resulta común: ninguno de esos dos ogros actúa impulsado por valores superiores; no tienen el menor respeto por los derechos humanos, por la verdad, por la ley ni por la justicia; el dominio lo justifica todo, por abominables que sean los medios que utilizan.
La gran diferencia consiste en que al Imperio hay que reconocerle esplendor y talento, que genera riqueza, produce avances científicos y tecnológicos y limita las pretensiones de los totalitarismos, lo que de alguna manera resulta benéfico para el mundo. El de aquí solo produce odios, resentimientos, miseria, desolación y muerte. Es una porquería por sus cuatro costados.
Por ello, está claro que México padece esas dos infamias y su futuro no debe decidirlo ningún ogro filantrópico. Es tonta ilusión pensar que EU nos sacará del atasco en el que nos hallamos; y peor aún es suponer que los cuatroteros lo harán, siendo estos los que han causado tan vil postración y tan infeliz retroceso.
Aquel se propone el dominio global a través de la expansión, el comercio y la guerra; y la Camorra Mexicana está comandada por políticos cínicamente mutantes (como Tartufo, Adán Augusto, Monreal, Ebrard, Bartlett, Sansores, Murat, Quirino, Pavlovich, Fayad y muchos más). Todos tránsfugas del viejo PRI que arriaron las banderas que decían defender y que hoy medran del reciente y corrupto PRI/Morena, indecente Primor.
Para fortuna nacional, es evidente que el obradorato es un cuerpo en putrefacción y su metástasis es irreversible. Su incapacidad para generar bienes públicos está demostrada y cualquier propósito de limpiarse sería contra natura. Aparentan tener inmenso poder pero están en su cuarto menguante. Ese esqueleto maloliente debe ser sepultado con votos.
Tengamos fe, por ningún motivo debe existir en la sociedad desaliento ni frustración. Los hombres y las mujeres de bien haremos que México triunfe ante esos y otros desafíos.