El agandalle en la política es algo inherente, todos los actores de este mundo tienen la habilidad para hacerlo, la sangre fría para aguantar las críticas, y la desfachatez para cuestionarlo cuando lo hacen sus adversarios de otros partidos.
Peor es que aquellos que eran oposición y emprendieron luchas que buscaban construir la democracia en México, muy a pesar del partido en el Poder, y cuando ya son gobierno intentan hacer retroceder aquellos avances que se lograron.
Así pues vimos durante muchos años a la oposición, el PAN y después al PRD, luchar contra el otrora partidazo, el PRI, para ir conquistando logros para nuestra democracia. Tuvieron que vivir episodios tristes como la caída del sistema en 1988, en el que fue protagonista el entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, ahora director de la Comisión Federal de Electricidad.
Sí, en ese entonces el Secretario de Gobernación, designado por el Presidente, controlaba la elección presidencial. Qué raro suena eso hoy, ¿no es así? Sobre todo para los jóvenes que no vivieron esa situación.
Y como por arte de magia, el entonces candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, resultó vencedor después de la caída del sistema.
Las conquistas en la democracia se sucedieron hasta llegar a la creación del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990. En 2000 se dio la primera alternancia en la Presidencia, con la llegada del panista Vicente Fox.
Ahora México posee un Instituto Nacional Electoral independiente, con un consejero presidente que es Lorenzo Córdova, para vigilar los procesos electorales en el país.
Y es con la llegada de Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, al poder cuando esto comienza a cambiar.
Ahora desde el gobierno y con una mayoría en el Congreso pretenden cambiar al INE. Quieren quitar a Lorenzo Córdova de la presidencia del organismo para el que fue electo en febrero de 2014, es decir tendría que acabar en 2023 al recortar los nueve años que le corresponden.
Morena busca restarle autonomía al consejero presidente del INE al modificar a tres años su periodo.
Pero los agandalles de Morena no se quedan en ese rubro. Ya vimos el asedio al que fue sometido el Poder Judicial, cuando mostró ser un contrapeso a la mayoría morenista en el Congreso y a los designios del Presidente. O la Ley Bonilla en Baja California.
También en el Senado hay un proceso fraudulento en la designación de la presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en la que fue electa una ex candidata de Morena, Rosario Piedra Ibarra, hija de la activista Rosario Ibarra de Piedra y simpatizante fiel de López Obrador. Una Comisión afín a los designios presidenciales.
Por supuesto que es válido que un partido busque hacer las cosas a su manera cuando llega al poder, pero por favor, no caigan en los excesos, ¡no sean gandallas! Qué ¿no eran diferentes?
andres.amieva@milenio.com