Habrá quien se sienta feliz, feliz, feliz, pero lo cierto es que mucha gente, más allá de partidos, colores, caudillos, se siente en un estado de incertidumbre.
La desilusión ya es parte del ser mexicano, que ve pasar gobiernos tricolores, azules, y ahora de color guinda y no acaba por sentirse a gusto con la situación del país.
Y ese sentirse a gusto debería significar que se vive bienestar, seguridad, y esperanza en mejorar la situación personal de cada ciudadano del país.
La gente tiene derecho a soñar y proyectar su vida, pero las malas decisiones de los políticos se encargan de convertir esos sueños en verdaderas pesadillas o simplemente en sueños rotos o imposibles.
México siempre ha sido pasto del cual se alimentan los políticos, y el país y su gente continúan produciendo, pero no para el bienestar propio.
Esos desencantos han producido los cambios en la dirección del país, por eso ganó Vicente Fox en el 2000, por el hartazgo que tenía la gente de los 70 años del PRI, en ese entonces. Después ganó Felipe Calderón y regresó el PRI con Enrique Peña Nieto, ninguno de esos gobiernos resolvió los graves problemas que vive México.
De nueva cuenta el hartazgo provocó un cambio de rumbo y 30 millones de mexicanos decidieron probar la tercera vía, la de Morena, con Andrés Manuel López Obrador.
Como decíamos, muchos mexicanos todavía se sienten felices, felices, felices con el gobierno de AMLO, a pesar de que los signos en la economía no son buenos, situación a la que se unen otros factores como son el desabasto de medicinas, los recortes a las guarderías, la ciencia y en diferentes rubros que afectan directamente a los ciudadanos.
No hay gobierno que deje contentos a todos, eso es un hecho, ya AMLO se encarga en cada mañanera de señalar a los que no les gustan sus decisiones, llamándolos conservadores, fifís y otros adjetivos de una larga lista.
Pero lo cierto es que las señales son negativas, de momento. La llamada Cuarta Transformación necesita tiempo, aunque hay decisiones erróneas que se han transformado en despilfarro de recursos, como los aeropuertos.
Hay que apostarle al éxito del gobierno, por el bien de los mexicanos, pero son tantas las deudas que tienen la clase política con la población, que es difícil romper esa inercia de desilusiones.
El pueblo mexicano demuestra una vez más que es estoico, paciente y hasta resignado. ¡Ya no se aprovechen!
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