Política

No había opción

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Quisiera escribir otra cosa, pero no se puede. No había opción. En el momento en que Donald Trump redactó el primer tuit contra México amenazando con el incremento de aranceles nos tenía con las manos en alto, de cara a la pared, de cara al muro. Había que hacer lo que había que hacer. Tragarse tuit tras tuit sin masticarlo, soportando el mal sabor de boca y el tufo a prepotencia. Todo sin hacer caras y, de preferencia, con una sonrisa, justo como la que traía puesta el canciller. No había alternativa. El gobierno de México hizo lo que tenía que hacer y lo hizo rápido. No tenía opción.

Y este es el punto de inflexión y de reflexión. No había opción.

Que si la carta del Presidente era cantinflesca, que no decía nada, que estaba dirigida a los votantes mexicanos. Da igual, la carta hizo lo que tenía que hacer. Fijó la postura de la no postura. No había opción.

Que si usar los aranceles para restringir la migración es ilegal, ¡lo es!, pero la discusión no pasa por ahí, ni por la razón. Es un tuit en un callejón oscuro, el destello en el teléfono como el destello de un navajazo. No hay argumentos, hay una presidencia poderosa, de un país poderoso, que compra 80 por ciento de todo lo que producimos, generando empleo para millones de mexicanos. No había opción.

Que si deberíamos venderle a alguien más, ¿mañana?, ¿dónde ponemos el tianguis? Que si se trata de una vil amenaza y ¿qué hacemos?, ¿le decimos eso?, ¿que cómo se atreve?, ¿que qué mal gusto?, ¿que lo vamos a acusar?, ¿con quién?, ¿quién dijo esta boca es mía y esta injusticia también lo es?, ¿los demócratas?, ¿estamos seguros que es por cariño a México o por la oportunidad que representa para el juego electoral? Que si la amistad, ¿en serio somos amigos? Dormimos lado a lado porque así lo determinó la geografía, no por gusto. Que si la dignidad de México. No somos un país lejano, somos sus vecinos. No había opción.

Y el que no tengamos opción no tiene que ver con la coyuntura ni con lo errático de nuestra política migratoria en la historia ni con el hecho de que se ha multiplicado la migración por la reciente política de puertas abiertas; es más, ni siquiera tiene que ver con Trump. No había opción desde 1821. Porque cuando nos constituimos como nación debimos haber defendido el reto de convertirnos en una opción. Y lo hemos traicionado muchas veces.

Resulta trágico pensar que aunque Trump mienta cuando dice que “no nos necesita para nada”, la gente le crea. Por eso viajamos el mismo viernes y sin cita a Washington, porque le creemos. Imposible imaginar una frase similar en boca de nuestro Presidente: “No necesitamos a los Estados Unidos para nada”. No hay opción.

Por la vergüenza de perder, hoy todos dirán que ganaron. Ganó la amistad, la unidad, la diplomacia, el canciller, el Presidente, los demócratas, los estadunidenses, los mexicanos. Supongamos que así es. De todos, el que más ganó fue Trump. Y mientras no nos convirtamos en opción, seguirá ganando.

Glorificando la pobreza no se gana, recortando el futuro no se gana, invirtiendo en pobreza no se gana. Se gana combatiéndola. Se gana invirtiendo en innovación, ciencia, tecnología, cultura, competitividad y modernidad. Para que la próxima vez nos reconozcan como opción y escribir un tuit no sea opción.

@olabuenaga

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Ana María Olabuenaga
  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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