Política

El juego de las sillas

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Todos lo han jugado. Las “sillas musicales” consiste en un grupo de jugadores que dan vueltas alrededor de un conjunto de sillas al sonido de la música. Cuando ésta se detiene, todos tratan de sentarse, pero como hay menos sillas que participantes, uno se quedará sin silla y saldrá del juego. Se quita una silla y se vuelve a poner la música hasta que solo queda una silla y el que logra sentarse en ella será el ganador. El juego se considera infantil y, sin embargo, ese fue el entretenimiento de nuestros políticos y medios de comunicación durante toda la semana pasada.

Ponga en su mente el ritmo de su elección e imagine a nuestro Presidente al frente de una fila conformada por nuestra élite política, marcándoles el paso mientras todos le dan vueltas a las sillas. Imagine una larga canción para dar tiempo a todas las preguntas que surgieron. ¿Cuál silla tiene un respaldo más grande?, ¿en dónde terminará sentado cada uno?, ¿quién es el más ofendido y cuál el de la silla más lejana?, ¿cuál es la silla a la que el Presidente más ama?

El juego empezó el lunes pasado en el Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917. Listo el presídium con todo y sus botellitas de agua, alguien entró a cambiar los identificadores, es decir, los papelitos que ponen el nombre donde se debe sentar cada uno. No me lo va a creer, pero el protocolo dice textualmente que uno debe sentarse en la silla por la izquierda y asignar los lugares por la derecha. Lo cual quiere decir que, si al centro está el Presidente, a su derecha se sienta la persona más importante, luego va el de la izquierda, después el tercero más importante a la derecha y así hasta acabar con la lista de participantes. El caso es que alguien cambió los papelitos. Tú para acá y tú ni de chiste te sientas al lado del Presidente, tú te vas hasta allá. Es decir, a los que disienten o pertenecen a otro partido, los mandaron a la orilla.

Así, a la nueva presidenta de la Suprema Corte que, en un signo del equilibrio de poderes, le tocaba estar justo al lado de nuestro mandatario, la sentaron casi en la esquina. Con lo cual, si el juego de las sillas es infantil, el castigo de mandar a la ministra al rincón es aún más trivial y pueril. Y es que me recuerda la respuesta que me dio el presidente de una importante compañía transnacional cuando lo vi sentarse a la mitad de la mesa en su propia sala de juntas y le dije: Señor, ¿prefiere usted que nos movamos y así pueda usted sentarse en la cabecera? A lo cual, me sonrió y me dijo: No se preocupe, el lugar en el que me siente, es la cabecera. Eso mismo pasa con la ministra. La sienten donde la sienten, su silla seguirá siendo la de la presidenta de la Corte: cabeza independiente de uno de los tres Poderes de la Nación, la que ha cuestionado los proyectos de ley del Presidente, la que le ganó a la candidata de nuestro mandatario, quien aún sigue envuelta en el plagio de su tesis.

Lo cierto es que con tantas vueltas a las sillas todo el mundo se mareó y el Presidente terminó por decir que la presidenta estaba ahí gracias a él. Ardido dijeron algunos medios, aturdido digo yo, porque en este juego de las sillas, la ministra permanecerá en su silla de presidenta de la Corte hasta 2026 y el Presidente se quedará sin la suya el año entrante.

Ana María Olabuenaga

@olabuenaga


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Ana María Olabuenaga
  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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