Dan ganas de citar a George Orwell, pero no sé si tendremos tiempo para ello. Tal vez solo para aquel aforismo de “ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”. Por lo pronto, con los ojos abiertos o a ciegas, habrá que aprender a poner los pies en escuadra, hacer sonar los tacones en una percusión de sometimiento que llene de miel los oídos del que nos guarda; ponernos firmes, serios, saludar. Cuadrarnos. ¡Señor, sí, señor! O tal vez sería mejor decir, ¡Señor, sí, señor Presidente! Y no me refiero a una metáfora crítica sobre nuestro actual mandatario, sino al saludo para el que viene.
Agoreros de la dominación y la sumisión, dirán algunos. Como si esto fuera un país bananero donde la tragedia acontece por elección propia o por vía de las urnas. Pero no, porque esto no es Venezuela, ¡por supuesto que no! México no tiene nada que ver con lo que hoy es ese país, pero… cómo se parecía a lo que era antes. Cómo se parecía a la Venezuela que votó por Chávez. ¿Un militar como Presidente? ¿En qué cabeza cabe? En la de los venezolanos cupo. ¿De qué tamaño tendremos la cabeza los mexicanos?
Lo venimos viendo desde que empezó el sexenio, una creciente presencia del Ejército en la vida pública nacional, en la vida administrativa, en la de los negocios. Casi 300 nuevas actividades destinadas al Ejército. ¿Por qué no habrían de ser parte de la vida política del país? Así lo anunció el secretario de Gobernación en días pasados: “Desde luego que un militar puede participar en tareas políticas y puede tener aspiraciones políticas, incluso ser presidente de la República, pero deberá participar en cuestiones electorales y someterse a las urnas”. ¡Ah, cómo vamos a disfrutar esa campaña! Ninguna referencia a los militares que llegaron al poder vía las urnas: Perón, Bolsonaro, Chávez o el propio Trujillo que confirmó en las urnas su golpe de Estado. “Lázaro Cárdenas vive, en el espíritu de nuestro General”, “Lázaro, levántate y anda hasta Palacio Nacional”, “Mi General, eres mío y de nadie más”. Y sí, será general y, por supuesto, hombre.
Sin embargo, no será para la próxima elección de 2024. De ganar el partido oficial, ganará uno de los candidatos propuestos, de preferencia el más débil. Ahí será evidente que no hay logros y, peor aún, ni dinero para subsanarlo. La culpa entonces caerá sobre el presidente en turno. Él o ella tendrá la culpa de no haber entendido cómo continuar el plan del Presidente. El descontento crecerá, las carencias se harán más hondas y llegará 2028, año hasta el cual el Ejército tiene legislado mantenerse en las calles. Ahí, no solo empezará el debate, también la campaña. ¿Quieres seguir gobernado por un político o una política que no ha sabido sacar al país adelante? ¿Y si nos gobierna un militar? ¡Este es el momento de darle la oportunidad a una nueva opción en nuestro país! Será una de las más grandes votaciones del siglo. Y si nuestro actual Presidente ganó con 53 por ciento, mi general ganará por más, ¿qué le parece 56.5 por ciento que fue con lo que Chávez fue electo?
No, no me pregunte por la democracia ni por el futuro ni por la libertad. Pregúntele a la secretaria de Seguridad que, por el momento, es la que da la cara por el general. ¡Señor, sí, señor!
@olabuenaga