¡Hasta que por fin alguien tomó cartas en el asunto de las narcoseries! ¡Gracias! ¡Gracias, Sonora! ¡Gracias, David Anaya Cooley!
Déjeme le explico porque con esto de la Navidad y de los temas que necesariamente todos tenemos que discutir (por aquello de la agenda del odio), de seguro usted ni siquiera está enterado, pero es importante, le afecta.
Hace unos cuantos días, el secretario de Seguridad Pública del estado de Sonora comenzó una campaña contra el consumo de narcoseries como El señor de los cielos, El Chema y La querida del Centauro. Las razones son obvias, pero lo interesante es que los medios tradicionales y la sociedad reaccionaron con una furia enorme, tremenda, argumentando, entre otras cosas, que la autoridad estaba atentando contra la industria del entretenimiento, censura y un montón de barbaridades más.
Yo, desde aquí, quiero felicitar públicamente a don David, a su secretaría y al gobierno de Sonora porque solo alguien muy valiente podría atreverse a decir algo así desde la perspectiva de la autoridad, cuando hay tantos intereses en estas producciones, y porque esto se debió hacer desde hace muchísimos años, cuando se comenzaron a difundir estos contenidos que tanto daño le han hecho a la nación.
El mismo Marcelo Ebrard no me dejará mentir. Las narcoseries han manchado la imagen de México en el contexto global y nos han marcado como un pueblo aberrante, enfermo y sin valores.
Pero no solo eso, las narcoseries han educado a una nueva generación de mexicanos en una avalancha de monstruosidades ideológicas.
No lo digo yo, lo dicen los estudios. Hoy, gracias a estos títulos, muchos jóvenes prefieren cinco años de delincuencia en la riqueza a una vida entera de honestidad en la pobreza.
¿Y qué me dice de la “validación” del asesinato, del robo, de la trata de personas, del secuestro, de la producción, distribución y consumo de estupefacientes, de la idea de que los narcotraficantes son entidades con una inteligencia superior y símbolos sexuales, y de que sus amantes, además de hermosas, viven por y para el derroche?
En menos de 10 años el tema de las narcoseries adquirió tal arraigo en nuestra cultura popular que hoy, en la cúspide del horror, hay quienes las defienden.
Perdón, pero defender una narcoserie por fina o por realista es como defender a un secuestrador por haber tratado bien a sus secuestrados, por haberle cortado solo un dedo y no dos, o por haberle dado de comer a sus víctimas en lugar de matarlas de hambre. ¡Es absurdo!
Esto jamás debió haber pasado e indiscutiblemente forma parte de la herencia de corrupción que nos dejaron las administraciones neoliberales, porque si alguien pudo haber hecho algo al respecto y se hizo de la vista gorda fueron nuestros gobiernos anteriores que jamás tuvieron los pantalones necesarios para frenar a las televisoras en su búsqueda de rating fácil.
Yo lo único que espero es que los señores de Sonora no se confundan y que se muevan con inteligencia porque a veces, por querer hacer el bien, las autoridades terminan por darle publicidad a estos contenidos y el resultado llega a ser contraproducente.
¡Bravo, Sonora! ¡Así se hace! ¿O usted qué opina?
alvarocueva@milenio.com