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Jueves , 21.03.2019 / 12:20 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

La obra de teatro de 'Betty la fea'

Álvaro Cueva

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Fui a Colombia a ver Betty la fea, teatro porque tenía muchas dudas.

¿Las multitudes que hace más de 17 años gozaron con esta producción de RCN todavía se acordarán de ella?

¿Habrá alguien a quien le interese volver a reír con esta historia cuando todo es narco, violencia y política?

¿Será posible que el público de hoy, que odia las telenovelas y ama las series, reaccione favorablemente ante este espectáculo?

¿No será demasiado tarde?

Como su nombre lo indica, Betty la fea, teatro es un show inspirado en la legendaria telenovela Yo soy Betty, la fea (1999-2001) que hasta el día de ayer se presentó, en Bogotá, en el Teatro Cafam de Bellas Artes.

Yo soy Betty, la fea es uno de los melodramas seriados más exitosos de todos los tiempos, una obra maestra del gran Fernando Gaitán (Café con aroma de mujer) que además de darle la vuelta al mundo se ha reproducido con actores locales en decenas de países de las culturas más diversas del planeta.

Esto sin contar con su versión en serie de televisión con actores estadunidenses para el mercado internacional, con las inolvidables caricaturas de Betty Toons y con mil situaciones más igual de maravillosas.

Para no hacerle el cuento largo, Betty es la historia de una secretaria fea, pero inteligente, que termina convirtiéndose en una ejecutiva hermosa y realizada, todo ubicado en el contexto de la moda y en un delirante tono de comedia popular familiar.

En México, además de haber gozado con la lata original, tuvimos una adaptación titulada La fea más bella (2006-2007) con Angélica Vale y Jaime Camil que, igual, fue un cañonazo histórico de rating y de ventas.

Perdón por darle tantos antecedentes, pero usted no tiene la obligación de saberlo todo y es probable que, por su edad, no haya vivido este fenómeno en aquella televisión que, por supuesto, ya no existe.

Betty la fea, teatro no es una adaptación a los escenarios de la telenovela, ni una continuación ni nada de eso.

Es como un capítulo de en medio, cuando la protagonista de esta joya todavía era poco agraciada y suspiraba por el amor de su jefe.

No le voy a dar detalles para no arruinarle la experiencia, pero es un asunto dramático de lo más inteligente que comienza y acaba ahí, perfectamente bien justificado incluso para quienes vieron Ecomoda, la continuación de la telenovela.

Lo más fabuloso de esta experiencia es que las audiencias, al estar en el teatro, no solo reviven lo que vieron en la televisión, vuelven a ver al elenco original y es de no creerse el talento y la armonía de todas esas inmensas figuras de la escena colombiana.

El público no solo llena el teatro, se entrega a los actores, los ama y ríe, y llora, y grita, y aplaude e imita sus modismos todo el tiempo.

¿Me creería si le dijera que vi gente llorando de la risa?

Lo más bonito fue la reacción de los jóvenes, de los chicos que o eran muy niños o que no habían nacido en 1999.

¡La estaban gozando como locos! ¡Qué carcajadas!

Betty la fea, teatro es como lo que pasó aquí cuando Chespirito hizo 11 y 12, pero sin salirse de la historia y de los personajes de la televisión.

Es un espectáculo que me cimbró de manera particular porque me confirmó que la televisión sigue siendo poderosa.

Hay un tema de nostalgia, como con Aventurera, La Bella y la bestia y Star Wars, pero también hay otro de autenticidad.

Cuando hay una buena historia, grandes personajes y magníficos actores no importa si es telenovela, serie o película, aquello funciona porque funciona.

Y el mensaje es hermoso, totalmente alejado al narco, la violencia y la política. Betty es una historia de amor.

¿Por qué no aprendemos? ¿Por qué no creamos?

Ahora, si usted piensa que Betty la fea, teatro es una bobada, lo siento mucho pero no lo es.

Cualquier persona que haga un análisis de sus contenidos va a descubrir que en esta obra, a diferencia de la telenovela, se tocan muchos de los más delicados conflictos sociales de hoy.

Betty la fea, teatro es grande y sus actores, más. Por razones de espacio no le voy a hablar de cada uno de ellos pero no hay manera de ver a esos hombres y a esas mujeres y de no admirarlos.

Dominan la escena, saben jugar con los espectadores y tienen una flexibilidad física y emocional gigantesca. Además, ahí, cantan y bailan.

No basta con aplaudirles de pie. Todos, absolutamente todos, se merecen un homenaje.

¿Cuál es la nota? Que Betty la fea, teatro va a tener gira dentro y fuera de Colombia.

Ojalá que alguno de nuestros poderosos empresarios se dé cuenta de la mina de oro que hay detrás de esto y nos la traiga.

¿Se imagina? Yo voy y le hago una fiesta a todos. Es justo lo que merecemos. Es justo lo que necesitamos.

¡Gracias, Betty la fea, teatro por todo lo que me diste! ¡Gracias, Colombia por todo lo que me enseñaste! He vuelto a creer. ¿Usted no?

alvaro.cueva@milenio.com

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