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Sábado , 23.02.2019 / 07:45 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

‘El poder del amor’

Álvaro Cueva

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Me equivoqué de canal, eso fue lo que dije la noche del lunes pasado cuando vi el estreno de El poder del amor en Azteca Uno. ¿Por qué? Porque yo me quedé en que esa señal de Tv Azteca competía contra Las Estrellas, no contra MTv.

El poder del amor es un magnífico formato turco, sí, pero no viene al caso ni con el hueco que va a dejar Exatlón México ni con lo que cualquier mexicano promedio esperaría de esa frecuencia. Exatlón México es un programa familiar, una propuesta que reúne a los padres con los hijos, que promueve la salud, el deporte. Imagínese la cara de nuestros padres de familia cuando, después de haber visto esto, que es precioso, les ponen en pantalla a una muchacha que dice que le encantaría tener una noche de sexo casual con el primer desconocido que le pase por enfrente.

Y peor tantito, ahora que el gran tema nacional tiene que ver con el respeto a la mujer. Porque una cosa es ser una mujer empoderada y otra, una chica fácil. No nos confundamos. Tv Azteca fue, es y será siempre una señal con valor. Eso dice su eslogan, eso es lo que esa corporación lleva años defendiendo. El poder del amor va por otro lado, por el de formatos como The Bacherlor y The Bachelorette, que jamás han funcionado a gran escala ni en México ni en ningún otro país de América Latina, porque nuestra cultura amorosa es otra.

¿Entonces por qué nos gustan tanto los programas como Enamorándonos y 12 corazones? Porque están aterrizados en nuestra cultura, porque son como enormes despedidas de soltero o de soltera, porque su perfil es ciento por ciento popular.

A esto me refería cuando le decía que El poder del amor no coincide con lo que cualquier mexicano promedio esperaría de Azteca Uno. Esto no es para el pueblo, no es ni siquiera aspiracional. Es de nicho y si no me cree, analice el reparto. No solo todas las mujeres y todos los hombres se parecen física y emocionalmente. No solo todos se visten igual. ¡La mayoría trabaja en el mundo de la comunicación! ¡La mayoría son fifís! Y para los fifís están los cables y las antenas directas al hogar, no la tv abierta privada nacional.

¡Pobre Penélope Menchaca! Como usted sabe, esta señora es la conductora de este título y es muy notorio que mientras ella hace su mejor esfuerzo por ponerle sabor a aquello, el formato está en otro tono, en otro ritmo y todo está lleno de errores básicos de concepción. El programa inicia, por ejemplo, diciéndonos que se hace en Estambul, pero nunca nos dicen por qué.

¿Será porque Estambul es la nueva capital del amor? ¿Será por el impacto de las telenovelas turcas? Jamás nos justificaron esto que es elemental y, peor tantito, cuando Tv Azteca ha hecho un esfuerzo admirable por posicionar en nuestra mente que México es Azteca. Si México es Azteca, ¿qué hace Azteca Uno en Estambul? ¿Acaso aquí no hay talento? ¿Acaso aquí no se puede trabajar con la misma calidad? ¿Por qué no nos lo explican? Ojo: no estoy hablando mal ni de Turquía, ni de su industria mediática ni del formato de El poder del amor. Digo que esto no huele a tv abierta privada nacional, no sabe a Tv Azteca y no encaja con el resto de la programación de Azteca Uno. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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