Las acciones de gobierno siempre son propaganda. No hay un solo acto, una sola declaración, un solo gesto que no lleven ese sesgo. Más aún en el mediático grupo que hoy está a cargo. Es la naturaleza de la política. Evaluar la aprehensión de Ovidio Guzmán apenas por el lugar del chico en la estructura jerárquica o porque tiene una sola averiguación abierta en Estados Unidos deja fuera de la ecuación todo el simbolismo político del golpe y el contexto que lo acoge.
La larga historia del PRI gobierno acumula incontables casos de detenciones y entrega de narcotraficantes a Estados Unidos cuando venía algún funcionario relevante de aquel país, fuera un zar antidrogas, fuera una secretaria de Estado. No tiene importancia ahora debatir si AMLO había dicho que no es igual a sus antecesores y esa retahíla gastada. Hoy no puede separarse la captura de la visita, a partir del próximo domingo, del jefe de la Casa Blanca.
Ese primer dato es suficiente para evaluar la relevancia de la captura: Ovidio es hijo del máximo capo histórico de la droga, El Chapo Guzmán, y ese único detalle, más allá de las tropelías que confeccionen su hoja curricular, basta para mandar una señal a los gringos de que se está trabajando contra los traficantes que inundan Estados Unidos de fentanilo, que cobra cada año más de la mitad de las 100 mil muertes por sobredosis, sin soslayar que es un gesto “amistoso” para corresponder la cortesía a Joe Biden, quien concedió llegar al aeropuerto de Santa Lucía.
Pero el otro ingrediente fundamental es el fracaso de hace tres años ahí mismo, en Culiacán, cuando el Ejército detuvo y después debió liberar en cuestión de horas al propio Ovidio, debido a una deficiente planeación del operativo. Ese golpe a las instituciones y al amor propio tenía que ser enmendado, como pasó cuando el gobierno de Enrique Peña recapturó a El Chapo Guzmán, quien se les había escabullido del penal donde desde ayer duerme ya uno de sus hijos.
Sin entender por qué las caras largas de las cabezas de las fuerzas federales durante el mensaje sobre la captura, la acción reivindica a los militares y es un gesto inocultable para el visitante del norte, quien trae bajo el brazo el tema del letal fentanilo.
Alfredo Campos Villeda
@acvilleda