Cultura

El temor a las palabras

El miedo a ciertas palabras puede estar sujeto a los cambios tradicionales del lenguaje, al uso que va imponiendo no solo nuevos vocablos sino cambios de ortografía y en algunos casos hasta de sentido. De un tiempo para acá, por ejemplo, el woke, si se me permite el anglicismo por su connotación política global, y la cultura de la cancelación han enterrado sustantivos y adjetivos en aras de la corrección política.

Uno puede entender esos reparos por venir de una dinámica de transformación de la sociedad, para bien o para mal, y por su empleo indiscriminado cuando de hacer propaganda se trata, porque las letanías que acompañan las causas buscan precisamente esos detalles para magnificar sus objetivos. Usuarios de las propias redes sociales, salvo X quizá, deben adornar con asteriscos y otros ardides algún improperio so pena de ser silenciados por la dictadura del clic.

Habiendo asimilado estos procesos como un tránsito común del lenguaje a partir de la época en curso, repito, para bien o para mal, y estando a elección del ciudadano abrazar el bando que decida a sabiendas de las consecuencias que cada elección tendrá, el miedo a algunas palabras tiene tal efecto que aun causa escozor a un ente tan poderoso, como es el gobierno y su partido, que debieran usar el lenguaje, llano o técnico, con la mayor claridad para beneficio de su pueblo.

Pero no. Frente a cualquier palabra que le pueda causar algún ruido, voz nativa o barbarismo, la clase política, sobre todo la que detenta el poder, acude al ahora siempre fallido recurso del eufemismo, del griego “bien hablar”, término que se ha pervertido para representar una capa que encubre expresiones consideradas tabú. Como en los años 90, cuando los habitantes de algunos municipios de SLP donde reinaban Los Zetas se referían en voz baja al cártel como “los de la letra” por temor a pronunciar el nombre.

¿De qué puede tener miedo el gobierno cuando se niega a hablar del “descarrilamiento” de un tren para resumirlo en “salida de los rieles” o de “fracking” para referirlo como “exploración no convencional de gas”? Curioso. En el primer caso los hijos del expresidente están metidos en la construcción y en el segundo aquel hombre se opuso siempre a la fractura hidráulica. ¡Ah, ya sabemos a qué le teme!


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Alfredo Campos Villeda
  • Alfredo Campos Villeda
  • Director de @Milenio Diario. Autor de #Fusilerías y de los libros #SeptiembreLetal y #VariantesdelCrepúsculo. Lector en cuatro lenguas. / Escribe todos los viernes su columna Fusilerías
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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