Reflexionar sobre los ámbitos directivos en educación, implica tener presente la categoría de poder, toda vez que cruza las dimensiones de lo social, lo institucional y lo escolar. El poder es posible advertirlo en los procesos macrosociales como son la configuración de las políticas educativas, los procesos de globalización, los modelos de modernización, etc., así como en procesos particulares de la cultura organizacional de las escuelas, la trayectoria y formación de los sujetos, y principalmente, en las prácticas cotidianas.
Una mirada desde la categoría de poder a los procesos sociales, institucionales y escolares que tienen que ver con la función directiva, permite comprender que en las prácticas cotidianas, el ejercicio de autoridad y control tienen un sentido y significación para quien los realiza, y no son asuntos aislados, sino que guardan una relación con los mandatos institucionales, con la historia institucional, con las políticas educativas, con la trayectoria y formación y con las condiciones contextuales del trabajo cotidiano.
Con la finalidad de estructurar un marco de análisis amplio, recupero algunos planteamientos centrales de diversos autores que han estudiado la categoría de poder como una construcción teórica, para explicar y comprender situaciones sociales. Autores como Luhmann, Foucault y Weber, reconocen la necesidad de reconceptualizar y reelaborar el concepto de poder, para demarcar los límites de lo individual y lo social en la reconstrucción de una teoría de poder. Niklas Luhmann (1995) reconoce que en la idea de conceptualizar al poder ha habido numerosos intentos y conflictos. Ante ello, plantea que una teoría del poder no puede satisfacerse con una declaración descriptiva, con un análisis de rasgos esenciales que incorpora, por medio de supuestos, los resultados que produce. En este sentido, plantea la alternativa de hacer preguntas, como enfoque indirecto, con el objeto de revelar los supuestos básicos que subyacen a las instituciones que funcionan en el mundo de la experiencia vívida y para las que existen interpretaciones y conocimientos ya hechos. Las preguntas podrían ser: si el poder tiene que ser un proceso causal ¿qué fundamentos no causales de causalidad existen? Si el poder es considerado como un intercambio ¿qué fundamentos no intercambiables existen para intercambiar? Si el poder es un juego entre oponentes ¿cuáles son los fundamentos del juego que no se pueden jugar? Esta técnica de hacer preguntas permite a la sociedad como una condición de la posibilidad del poder, y busca indirectamente una teoría del poder por medio de una teoría de la sociedad.
Por su parte, Michel Foucault (1993) reconoce que lo esencial del trabajo es una reelaboración de la teoría del poder. Piensa que conviene desconfiar de toda una temática de la representación que obstaculiza los análisis del poder, que consistió durante largo tiempo en preguntarse cómo las voluntades individuales podían estar representadas en la voluntad general. Y actualmente es la afirmación, repetida constantemente, que el padre, el marido, el patrón, el adulto, el profesor, “representa” un poder de Estado, el cual, a su vez, “representa” los intereses de una clase. Esto no explica ni la complejidad de los mecanismos, ni su especificidad, ni los apoyos, complementariedades, y a veces bloques, que esta diversidad implica. En general, considera, que el poder no se construye a partir de “voluntades” (individuales o colectivas), ni tampoco se deriva de intereses. El poder se construye y funciona a partir de poderes, de multitud de cuestiones y de efectos de poder. Es este dominio complejo el que hay que estudiar.
Finalmente, Max Weber (2002) menciona que Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamente de esa probabilidad. Por dominación debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas; por disciplina debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia para un mandato por parte de un conjunto de personas que, en virtud de actitudes arraigadas, sea pronta, simple y automática.
• El concepto de poder es sociológicamente amorfo. Todas las cualidades imaginables de un hombre y toda suerte de constelaciones posibles pueden colocar a alguien en la posición de imponer su voluntad en una situación dada. El concepto de dominación tiene, por eso, que ser más preciso y sólo puede significar la probabilidad de que un mandato sea obedecido.
• El concepto de disciplina encierra el de una “obediencia habitual” por parte de las masas sin resistencia ni crítica.
torresama@yahoo.com.mx