El análisis institucional, movimiento surgido a raíz de la crisis de las instituciones por el advenimiento de la sociedad industrial, se orienta en el sentido de dar al concepto de institución su contenido dialéctico, ubicando los momentos de análisis como universal o la forma general y abstracta en la que se presenta la institución; el momento particular donde se concreta el universal pero aún de un modo amplio; y el momento de la singularidad donde se hace referencia a individualidades.
En esta perspectiva, el análisis institucional reconceptualiza a la institución como la forma que adopta la preproducción y la producción de las relaciones sociales en un momento dado de producción, así como el lugar en que se articulan las formas que adoptan las determinaciones de las relaciones sociales. Si esto es así, menciona Lapassade (1999), la escuela es una institución social regida por normas atinentes a la obligación escolar, los horarios, el empleo del tiempo, etc. Por consiguiente, la intervención pedagógica de un docente (o un grupo de docentes) sobre los educandos se sitúa siempre dentro de un marco institucional: aula, escuela, liceo, facultad, pasantía o práctica. El reconocimiento de estas situaciones nos muestra claramente que, de igual manera, la intervención de la supervisión escolar como custodio del orden institucional en las escuelas se ve enmarcada por condicionantes institucionales que en muchas ocasiones dificulta la expresión de nuevas manifestaciones y que confunden el sentido de su función por el tipo de relaciones que establecen. Esta condición, genera diferentes reacciones que se expresan en las acciones cotidianas que desarrollan los directores y maestros y que tienen que ver con la elaboración de planes, proyectos, programas, etc., articulados a los propósitos y tiempos institucionales, donde se ven imposibilitados de externar sus capacidades propias.
Dentro del enfoque del análisis institucional, Sandra Nicastro (1991) plantea algunos conceptos interesantes alrededor de la institución como son la historia institucional, el mandato y la identidad institucional. La historia institucional la concibe como el conjunto de historias, relato de múltiples relatos, donde aparece unificado en un discurso, en una narración, en un argumento, lo múltiple, lo diferente, lo colectivo. Es la historia específica de una institución determinada en sentido general o como un establecimiento particular. El mandato institucional funciona como un soporte de la identidad institucional y de su ideología, pauta el desempeño de los roles y el funcionamiento de la institución. La identidad institucional se configura a partir de la identificación de los miembros de la institución con sus antecesores, con los mandatos y modelos que ellos legaron.
Reconocer entonces estos planteamientos, posibilita, por una parte, comprender el presente de las prácticas institucionales que se desarrollan en una escuela, y por otra, la imagen que han construido los sujetos que la conforman y se relacionan cotidianamente. En estas construcciones, es inevitable la confrontación entre innovación y tradición, fiscalización y asesoría, orden y desorden, etc. que los sitúan en conflictos permanentes en la organización y funcionamiento de la acción educativa.
Alcira Orsini Iturregui (1999) plantea que en el marco de esta exposición es importante repasar algunas cuestiones relacionadas con esa particular forma de organización que son las instituciones educativas. No es fácil hablar en forma sintética de instituciones, uno de los temas de mayor riqueza teórica en los estudios sociales. Y ofrece algunas definiciones:
• Un conjunto de reglas que definen comportamientos esperados (Parsons)
• La institución casi nunca se expresa de manera inmediata la observación o al estudio... La institución emite mensajes falsos directos mediante su ideología y mensajes verdaderos en código mediante su tipo de organización (Loureau R.)
Escuelas, colegios, centros, u cualquiera sea la denominación que se les asigne configuran una construcción ideológica y social que tiene que ver más con imperativos éticos que del orden técnico y pedagógico. Sus formas de organización “expresan una visión de la calidad de vida y de la convivencia, de la democracia, de la homogeneidad- diversidad cultural, como también la priorización de determinados valores y funciones educativas” (Carbonell).
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