Recientemente, previo al 15 de mayo, los medios acapararon la atención de dos notas. La primera de ellas referida al “Convenio de Automaticidad entre los Gobernadores de los Estados y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)” que expresa, entre otras cosas, la negociación salarial única nacional. La segunda, al estudio que presentó el Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) referente a la nomina magisterial donde se sistematiza y se cruza la información contenida en el censo educativo del INEGI y las bases de datos que aparecen en el portal de internet de la SEP. En ambos acontecimientos hay un punto en común: el salario docente.
En el primer caso, se expresa finalmente lo que habíamos advertido desde meses atrás: la complicidad del SNTE con el gobierno en turno en relación a las políticas y estrategias de aplicación de la reforma constitucional en materia educativa. El anuncio de incremento a partir del 1º de enero de las percepciones de los trabajadores de educación básica de 6.24%, integrado, el cual se compone de: 3.5% al sueldo tabular (07), 0.75% para fortalecimiento del sueldo y 1.99% en prestaciones, dista mucho de ser un logro en relación al contexto integral de la reforma, particularmente en congruencia con las exigencias del perfil docente, lo que se espera de ellos y los procedimientos de evaluación a que serán sometidos.
En el segundo caso, el estudio que presentó el IMCO, fue descalificado por el propio Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas de la Secretaría de Educación Pública, Enrique Del Val Blanco al señalar que en dicho estudio existen múltiples errores en la información dada a conocer sobre salarios de maestras y maestros y que dicho análisis carece de seriedad y de rigor, pues debió haber comparado meses anteriores y posteriores de salarios, para constatar que los pagos mencionados han sido únicos por diversas razones.
La intención que tuvo el IMCO al dar a conocer su estudio, logro el impacto que buscaba, finalmente se puso en entredicho a los maestros y su desempeño al asegurar que en promedio los docentes perciben alrededor de los 25 mil pesos, condición que no se refleja, según el IMCO, en los resultados educativos o en una mejor calidad de la enseñanza. Para comprender mejor esta intención, es preciso mencionar que el IMCO recibe financiamiento de distintos organismos, entre ellos el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Organización para la Cooperación y desarrollo Económicos (OCDE); que tiene en su Consejo directivo a Claudio X. González, socio de Televisa y presidente de Mexicanos Primero. Ambas referencias nos remiten a un ámbito que frecuentemente es denunciado por los mismos maestros: el embate de la iniciativa privada contra la educación pública.
Regresando al punto del salario docente, existe entre el magisterio una insatisfacción que se asocia principalmente a los niveles de remuneración salarial e incentivos que tienen para el desarrollo de su tareas y de las condiciones institucionales de sus centros de trabajo. Las voces que no se escuchan argumentan que el aumento de 3.5 % al sueldo base no resuelve ni apoya en absoluto los gastos cotidianos que hace un maestro o maestra como jefe (a) de familia. Mientras productos de la canasta básica aumentan de manera desproporcionada dos o tres veces al año, el magisterio tiene que esperar un año, y como se ha visto desde 1992, aceptar incrementos raquíticos.
Una pregunta obligada es ¿están bien pagados los maestros? La respuesta no debe ser literal con un sí ó un no. La respuesta tiene que ser derivada de un análisis transversal que considere múltiples variables: el financiamiento educativo, los modelos de organización escolar, la formación docente inicial y continua, la calidad educativa, las condiciones institucionales, las funciones y tareas realizadas, etc.
Alejandra Mizala (2010) señala que uno de los problemas en la estructura salarial de América Latina es que se paga igual por diferentes esfuerzos y habilidades, no hay diferencia entre quienes tienen buen o mal desempeño, es decir, se encuentra desvinculada de las actividades desarrolladas y en muchos casos la antigüedad es el referente básico para los aumentos salariales. En su estudio, Mizala revela que en el caso de México, un docente de plaza inicial observará un aumento en su salario de aproximadamente 30%, después de quince años de servicio.
Otro dato interesante, son los salarios que percibe un docente con plaza de UPN. A pesar de que son plazas ganadas en concurso de oposición (establecidos por reglamento desde la creación de UPN) las de mayor nivel salarial (Titular “C”, tiempo completo) son equivalentes en su remuneración, o incluso menores, a una plaza de medio tiempo de educación básica con un nivel “D” o “E” en carrera magisterial. No existe un reconocimiento a la labor que implica el trabajo en educación superior: docencia, investigación y difusión y extensión universitaria.
En síntesis, el salario docente debe ser congruente con las aspiraciones, objetivos y metas que se persiguen hoy en día en materia educativa, repito “si queremos mejores maestros, es necesario pagarles más y mejor”.