La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) presentó, durante 2025, uno de sus mejores rendimientos en los últimos 15 años. El arranque de 2026 mantiene una dinámica similar, en línea con el desempeño observado en otros mercados a nivel global. Este comportamiento contrasta con la evolución reciente de la economía mexicana.
Mientras que el país ha navegado por un sendero de desaceleración en términos de crecimiento económico medido por el Producto Interno Bruto (PIB), caracterizado por un bajo dinamismo industrial y una inversión con caídas tanto por el lado público como el privado, la Bolsa Mexicana de Valores ha protagonizado un rally histórico que la ha llevado a romper récords de valoración. Esta desconexión puede entenderse al situarla dentro de un superciclo de los mercados emergentes, impulsado por el desarrollo tecnológico, la reconfiguración de cadenas de suministro, cambios en las relaciones comerciales y un ajuste en los riesgos geopolíticos.
El desempeño de la BMV no es un fenómeno aislado, sino que forma parte de un resurgimiento en el interés por activos de mercados emergentes. El 2025 marcó un punto de inflexión donde los mercados emergentes superaron al índice de mercados desarrollados MSCI World por primera vez desde 2017, esto impulsado por inversión de capital, el carry y valuaciones con un descuento respecto a otros mercados.
Uno de estos pilares ha sido el impulso de la inteligencia artificial y la concentración de capacidades tecnológicas en Asia como Taiwán y Corea del Sur. Estos mercados se vieron beneficiados por el gasto en infraestructura de Inteligencia Artificial por parte de las empresas tecnológicas estadounidenses.
Más allá de la tecnología, un factor para los emergentes ha sido la reconfiguración del comercio con cambios en las cadenas de suministros donde, al menos en expectativas, ha beneficiado a países como México o Vietnam. La disminución de la incertidumbre tras los anuncios arancelarios del año pasado, sumado a flujos importantes hacia activos tanto de deuda como capitales de estos mercados, ha marcado una fortaleza en las monedas locales y ha otorgado mayor margen de maniobra a los bancos centrales para flexibilizar sus ciclos de tasas de interés.
En el ámbito local, la Bolsa Mexicana de Valores desafió los pronósticos pesimistas al cerrar 2025 con su mejor rendimiento en 15 años y registrar una ganancia por arriba del 30 por ciento. El comportamiento del índice durante 2025 estuvo marcado por una volatilidad alta.
Durante este trayecto, algunos meses destacaron con incrementos superiores al 7 por ciento, impulsados por señales de un buen posicionamiento en la parte comercial con Estados Unidos. Asimismo, influyó la exposición a compañías del sector de materiales que mostraron un desempeño muy positivo de la mano con el incremento en materias primas como el Cobre, el Oro y la Plata.
Al entrar al 2026, la inercia positiva se mantiene, con un buen desempeño durante enero y con máximos históricos durante el mes de febrero por arriba de las 70 mil unidades. Esto refleja un apetito por riesgo que parece ignorar la debilidad en la economía real.
La aparente contradicción entre una economía que creció apenas un 0.5 por ciento en 2025 y un mercado bursátil que lleva más del 40 por ciento a la fecha desde el año pasado, se explica en parte por la composición intrínseca de las empresas que integran el índice, donde éstas son corporativos robustos con balances sanos y con diversificación geográfica. Este último aspecto pudiera verse beneficiado ante la expectativa de un mayor dinamismo de la economía estadunidense.
Por otro lado, las valoraciones del mercado mexicano estuvieron excesivamente deprimidas en términos de múltiplos como EV/Ebitda y P/E, lo que ofreció un margen de seguridad amplio para los inversionistas. La política monetaria también jugó un papel importante. El Banco de México implementó recortes acumulados de 300 puntos base en 2025, lo que redujo el costo de capital y fomentó flujos desde la renta fija a los activos de riesgos.
En conclusión, el optimismo bursátil del arranque de 2026 se enfrenta a un entorno de riesgos estructurales y geopolíticos que podrían forzar una corrección, o al menos un estancamiento. La política comercial es un riesgo existente con la revisión del tratado de libre comercio que se vislumbra próximamente. El proceso de nearshoring ha pasado de ser una promesa de crecimiento explosivo a un proceso que puede ser lento y prudente. Los riesgos internos actúan también como un freno para esta tendencia. Un factor positivo en el presente año es la celebración de la Copa Mundial de la FIFA; la cual podría, según estimaciones de analistas, aportar de un 0.15 por ciento a un 0.25 por ciento del PIB.
Queda por verse si en 2026 persistirán estas dinámicas globales que han favorecido tanto al mercado accionario mexicano como al conjunto de los mercados emergentes, o si la brecha entre la economía real y los activos financieros comenzará a cerrarse.