M+.- La Comisión Nacional de Derechos Humanos, que dirige Rosario Piedra, no sabe qué pasó con los 43 normalistas de Ayotzinapa, como gran parte de las autoridades que buscan encontrar una verdad alternativa a la de secuestro, entrega a criminales, asesinato y desaparición de restos que apuntaron las primeras evidencias hace casi 12 años. Tampoco conoce lo que ya se ha avanzado en la investigación, como la participación de algunos miembros del Ejército en los crímenes que se cometieron antes, durante y después de los hechos.
La nueva recomendación, si así se le puede llamar a la aberración presentada la semana pasada, va contra todo el que se le puso enfrente, deslindando de cualquier responsabilidad al Ejército.
En 2020, entrevisté a Rosario Piedra. Me dijo que ella no leyó la recomendación que emitió en 2018 la institución antes de que ella la dirigiera. La desacreditaba de principio a fin, argumentando “que no le gustaba a los padres”.
Si bien, las recomendaciones no son para gustarle a los familiares o a las víctimas, sino para que las autoridades que violan derechos humanos o saben de violaciones a derechos humanos rindan cuentas, la nueva recomendación tampoco les gusta a los padres de los normalistas.
En su primera recomendación del caso, la CNDH abordó todos los escenarios posibles de la desaparición, realizó entrevistas con presuntos responsables, habló con las autoridades y examinó la evidencia disponible.
Esa CNDH estableció posibles responsabilidades y recomendó a las autoridades competentes avanzar en investigaciones que dieran mayor certeza de lo que pasó antes, durante y después de los hechos.
El texto de 2018 llamó a cuentas a la FGR, a la Policía Federal, a la policía de Guerrero, a las policías municipales y al Ejército. Y, efectivamente, no les gustó a los padres porque dejaba como tarea la investigación del posible vínculo criminal de algunos estudiantes o familiares con Los Rojos; además de sostener que la mayoría de normalistas terminó asesinado en el basurero de Cocula por los restos ahí encontrados, pidiendo que se enviaran a examinar a Innsbruck 114 de restos óseos adicionales para confirmar o refutar su relación con los jóvenes desaparecidos.
Conozco a profundidad la recomendación, porque cuando la CNDH la presentó lo hizo por horas en una conferencia de prensa, hubo entrevistas posteriores e intercambio de información con quienes la elaboraron.
Ahora, con la actual CNDH, queda claro que solo tiró la piedra y escondió la mano.