Sí provocó un debate mediático, pero no de la magnitud que deberíamos esperar. El caso de la eutanasia psiquiátrica de Noelia Castillo llegó a los titulares, pero, al menos mi percepción, no provocó discusiones generalizadas, como sí lo han hecho fenómenos sociales como los therian o los incels.
¿Deberíamos preocuparnos y ocuparnos por participar de la conversación de la muerte asistida cuando hay aflicciones denominadas psiquiátricas? Sí, más de lo que estamos dispuestos a admitir, porque lo que venga después nos atañe a todos.
El primer caso documentado de una eutanasia psiquiátrica se presentó en el hoy ya lejano 1991. Cuando el médico Boudewijn Chabot, un psiquiatra holandés, participó del suicidio de Hilly Bosscher, una mujer de 50 años “diagnosticada” con depresión severa tras la muerte de sus dos hijos.
Bosscher perdió a su primer hijo en 1986 cuando su hijo mayor, de tan solo 20 años decidió quitarse la vida. Tan solo 5 años después murió su segundo hijo a causa de cáncer de pulmón, en el primer duelo la mujer que para entonces tenía 45 años, estuvo recluida por 3 meses en un hospital psiquiátrico.
En su segunda pérdida rechazó toda ayuda psiquiátrica o de asistencia social. Fue cuando le escribió una carta al doctor Chabot, al que conoció por un artículo que este escribió sobre el derecho a una muerte digna en casos de sufrimiento psíquico.
Así sin ser su médico de cabecera, y en un periodo menor al mes y medio, Chabot se reunió en Bosscher en tan solo 4 ocasiones y dijo que consultó su caso con 7 médicos más, ninguno la atendió presencialmente, antes de suministrarle los fármacos que le quitaron la vida.
Como impone la norma en los Países Bajos, el médico informó del procedimiento a las autoridades, quienes lo llevaron a juicio, pasando por todas las instancias previas hasta que el caso llegó a la Suprema Corte de Justicia, quien determinó luego de consultar a peritos, psiquiatras y filósofos que “sufrimiento es sufrimiento”.
Después de este caso las solicitudes de muerte asistida por sufrimiento psíquico, en ese país, no rebasaron las 20 anuales durante los 3 primeros lustros, pero la cifra subió a 115 en 2021 y para 2023 la cifra subió a 138. Tan solo un año después 219 personas lograron la muerte asistida. Por lo que las autoridades tuvieron que aumentar el rigor en el criterio de evaluación para autorizarlas.
Este punto de quiebre nos debería servir para cuestionarnos principalmente dos conceptos, el del suicidio y el del dolor.
Sin duda alguna arrastramos los restos psíquicos del suicidio entendido como un crimen cometido en contra del Rey-autoridad religiosa, lo que nos hace ver a los suicidas como enemigos del orden y cohesión social.
Esta concepción facilita ver al suicida como una persona con severos problemas psíquicos, lo que conlleva a la fallida creencia de que una decisión final se puede evitar con las adecuadas intervenciones psicológicas, que distrae el verdadero núcleo del problema y nos hace voltear la espalda a problemas psíquicos que requerirían mayor atención.
La premisa surgida de la configuración legal del primer caso de suicidio asistido de que “sufrimiento es sufrimiento” suena a una arenga fácil de decir y fácil de aceptar, porque la historia de lo humano está atravesada por el dolor.
La tradición judeocristiana que es en consecuencia la cultura occidental nos marca que los hombres debemos ganar el pan con el sudor de nuestra frente y las mujeres deberán concebir con dolor.
Pero al legalizar el homicidio cometido por el doctor Chabot, porque si no perdemos de vista que lo que hizo no era legal, sino que se legalizó hasta después de cometerlo, la Suprema Corte de los Países Bajos le abrió al mundo la posibilidad de tramitar cualquier dolor con la mediación de la muerte, como velo que evita el sufrimiento.
Después de un creciente incremento en las solicitudes de muerte asistida por problemas psiquiátricos en 2023 las autoridades de aquel país determinaron cambios en sus guías de interpretación médica, para obligar a las personas a pasar por largos periodos reflexivos antes de autorizar el procedimiento médico.
Entonces la bandera de “sufrimiento es sufrimiento” parece que ya no es de libre uso, que de nueva cuenta los doctores, en este caso los psiquiatras son los que deciden cuando el periodo reflexivo ha sido el adecuado.
Por cierto, el suicidio es la principal causa de muerte entre adolescentes y jóvenes neerlandeses.