Política

¿En verdad funciona la psicoterapia?

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • ¿En verdad funciona la psicoterapia?
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

A mi hermana, la de en medio, que es 6 años menor que yo, le tocó el remanente de un sistema educativo que prohibía a la vez que permitía modos de operar que hoy nos parecerían, por decir lo menos, bizarros.

Por ejemplo, se suponía que por mandato constitucional ninguna organización religiosa podría operar o dirigir escuelas. Y sin embargo lo hacían. Claro el registro se lo daban a un civil, pero quien organizaba la enseñanza eran religiosas y religiosos.

Además, con ese contexto y bajo esas directrices religiosas, eran muy comunes las escuelas en las que solo admitían niños y en las que solo se admitían niñas. De hecho, podríamos decir que las escuelas que operaban así eran las más solicitadas en el ámbito privado.

Pues a mi hermana le tocó estudiar en una escuela de monjas, en las que iban puras niñas y adolescentes. Cada jueves tenía clases de moral, en las que regularmente se oficiaba misa, a veces se enseñaban las escrituras y a veces se les preparaba para la vida terrenal.

La recuerdo contar que cada año iba una señora a darles clase de sexualidad, que consistía básicamente en practicar el método Billings para que no quedaran embarazadas, porque bueno ya para ese entonces eran otros tiempos y la Iglesia no podía ponerse tan estricta con eso de “los hijos que Dios les mande”. Pero tampoco podían aceptar métodos anticonceptivos que “promueven la promiscuidad”.

Se reía al contar esta anécdota porque resulta que la conferenciante presumía su pronunciada barriga, que anunciaba que otra criatura celestial estaba por nacer. Entonces se preguntaba cómo carambas se puede confiar en un método así.

Convidados por el hecho fortuito de que sus hijos compartían el salón de clases, se reunieron un grupo de padres para convivir y conocerse mejor. Como la tradición humana lo marca desde hace milenios, el alcohol debe estar en medio para garantizar que los convidados a la cena sean igual de vulnerables.

De la desconfianza pasaron a las risas, y estas se convirtieron en llanto cuando uno de ellos confesó que a su esposa le habían detectado cáncer de esófago. Todos cayeron y callaron. El desconcierto se apoderó de la camaradería. ¿Qué se dice en estos casos? Primero preguntaron por lo avanzado de la enfermedad y los cuidados a los que sería sometida.

Después pensaron en cómo se sostiene un trance de esta magnitud, que afecta desde luego al enfermo, pero también a todo su entorno familiar. Así es que de la timidez cobijada por el “Dios quiera todo saldrá bien”, saltaron a compartir sus experiencias con terapeutas psi.

Uno dijo que habían probado con el Rebirthing y ahora les iba de maravilla. Otro más dijo que se estaba certificando como facilitador de la Neuroemoción y sus problemas en casa estaban a nada de resolverse. Los que no hablaron sólo pensaron en que el primero tal vez no conoce a su hijo al que todos temen por buleador y la hija del segundo solo puede estar tres horas en clase antes de que finja tener una posesión demoniaca.

Los promotores del método Billings aseguran que su efectividad, si se practica bien, es de 98%. Pero su vocera en las escuelas de monjas parecía que no le interesaba ser estandarte de esta efectividad. Así que a los ojos de las estudiantes no servía.

Como no sirven los métodos psi que se compartieron en esa reunión fraterna, porque a los ojos de los comensales y bebedores, no había evidencia que comprobara que su uso hacía a las personas mejores.

Y ese es el punto que intento tratar hoy. El hecho de que la mujer se presentara año con año embarazada no descalifica el método, quizá ella decidió embarazarse y tener muchos hijos.

Con las terapias psi puede que ocurra lo mismo. ¿Cómo se demuestra que de verdad funcionan? ¿Por el testimonio que ofrece un paciente, como cuando en algunas religiones los fieles pasan a hablar de su historia de vida y dicen que antes estaban perdidos, pero ahora, gracias a sus estudios canónicos, su vida y la de su familia es otra?

¿O la eficacia de una terapia psi debe ser evaluada a través de los ojos de los demás? Es decir, si el entorno familiar, laboral o amistoso ve cambios “positivos”, es entonces que en verdad funciona y no debe cuestionarse nada más, porque el gran juzgador es la sociedad, que dice quién sí se comporta y quién no se comporta bien.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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