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Domingo , 24.03.2019 / 05:45 Hoy

Cambio y fuera

El mejor homenaje a Cervantes

Adriana Malvido

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Las palabras exactas siempre faltan cuando hay que dar parte de los cambios esenciales de la vida, escribe Sándor Márai. ¿Cómo explicarse, por ejemplo, que en el México de Ayotzinapa y las fosas comunes, el de los feminicidios y las desapariciones, el de los periodistas asesinados, el del cinismo, la corrupción, la impunidad y la injusticia, hay que viajar al infierno de una cárcel para encontrar esperanza?

Todo sucede en un escenario dentro del Reclusorio Oriente, donde 280 internos presentan el musical Un grito de libertad, versión libre de El hombre de la Mancha, bajo la dirección de Arturo Morell, con la participación de 25 mujeres que, desde Santa Martha Acatitla, cada lunes se trasladan a esta otra cárcel, en el corazón de Iztapalapa, para convertirse en Dulcineas, Aldonzas, Antonias... y, junto a cientos de quijotes, se permiten soñar lo imposible, desprenderse del estigma y pensar que pueden ser mejores, gracias al poder del teatro.

Percibo el espíritu del Quijote de Cervantes cuando la entrega, el sudor, la mirada, el canto, la danza y la respiración de los actores rompen la línea que los separa del auditorio para fundirse con 350 espectadores que, desde las butacas, se sacuden los prejuicios, se conmueven y lloran; al final se toman de la mano con los internos, cantan con ellos y ya no hay adentro o afuera, solo un aquí y ahora en libertad. Los une la idea de que el sueño es posible y de que si bien el arte no cambia al mundo, sí puede sanar y transformar a mujeres y hombres que por unas horas imaginan que todo puede ser diferente.

Arturo Morell lleva 12 años haciendo teatro penitenciario y ocho meses de ensayos para dar vida a este Quijote que es teatro, carnaval, danza aérea, intervención cultural, catarsis colectiva... pero, sobre todo, experiencia de vida. Asombroso que, una vez libres, algunos ex internos sean hoy voluntarios de la fundación Voz en Libertad A.C. y participen en la producción. Sorprendentes Luis Cardoso y Bernardo Vega, asesor musical y coreógrafo de la obra, respectivamente, que conocieron el proyecto, se dejaron tocar y se sumaron, como muchos otros.

Cerca de 6 mil personas han visto la obra a lo largo de 17 funciones. Yo voy y vuelvo. Y reencuentro a quien se descubrió poeta, actriz, cantante o músico tras las rejas. Y al que perdonó o pidió perdón, al que se reconcilió consigo mismo, al que en el hacinamiento —en un reclusorio para 4 mil hay 14 mil internos—, recordó lo que significa dignidad, gracias al teatro.

Escribió Lucina Jiménez: "Este es el mejor homenaje que he visto a Cervantes". Coincido y agrego: Gracias, Arturo Morell.


adriana.neneka@gmail.com

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