Negocios
  • Acuerdo global de mares dará estabilidad a mercado de 2 billones de dólares; México entre los 85 firmantes

  • El tratado no fue diseñado para facilitar la explotación sin límites, sino para asegurar que las actividades —incluida la pesca— se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad, remarcó Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA
México firma el Tratado de Alta Mar para proteger océanos y economía. Foto: Araceli López

Desde enero entró en vigor el Tratado de Alta Mar, también conocido como Acuerdo BBNJ (Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional), marcará un antes y un después para las industrias vinculadas al océano al establecer reglas claras que brindarán mayor certidumbre a un sector que mueve más de 2 billones de dólares anuales a nivel global.

El acuerdo fue adoptado en el marco de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y es respaldado técnicamente por organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). México forma parte de las 85 naciones que ratificaron el instrumento.

Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA, dijo a MILENIO que el tratado representa “el primer instrumento jurídicamente obligatorio para conservar y utilizar de manera sostenible la biodiversidad marina en áreas situadas más allá de la jurisdicción nacional”.

“Muchas empresas enfrentan desafíos por la fragmentación regulatoria, la falta de datos o la ausencia de políticas alineadas entre países. Al establecer las reglas del juego, el tratado genera mayor predictibilidad, lo que ayuda a que las empresas planeen sus inversiones y desarrollen casos de negocio más sólidos”, explicó.

La alta mar comprende las zonas que se encuentran fuera de las 200 millas náuticas de jurisdicción de cada país. En esos espacios, explicó Gardner, “todos los países comparten los beneficios y la responsabilidad de esos recursos”.

Con la entrada en vigor del tratado se establecenevaluaciones ambientales obligatorias , mecanismos de cooperación científica y reglas comunes que permiten reducir riesgos jurídicos, financieros y reputacionales.

“Al establecer las reglas del juego, el tratado genera mayor predictibilidad, lo que ayuda a que las empresas planeen sus inversiones y desarrollen casos de negocio más sólidos”, afirmó Gardner.

Especialistas en gobernanza oceánica coinciden en que esta mayor previsibilidad facilitará inversiones de largo plazo y el acceso a financiamiento bajo criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Además, el nuevo marco impulsa el desarrollo de la llamada economía azul, orientada a equilibrar crecimiento económico y protección ambiental.

El Tratado de Alta Mar no fue diseñado para facilitar la explotación sin límites, sino para asegurar que las actividades —incluida la pesca— se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad.

“La alta mar es la herencia común de la humanidad. Todos tenemos derecho a los beneficios de los recursos que se encuentran allí, pero también la responsabilidad de manejarlos de manera sostenible para las futuras generaciones”, subrayó Gardner.

El acuerdo busca no solo proteger la biodiversidad marina, sino también fortalecer la estabilidad económica global, al reconocer que la salud del océano está directamente vinculada con el comercio internacional, la seguridad y la resiliencia climática.

“La inestabilidad del océano tiene efectos en las tormentas más intensas, en la erosión costera y en la inseguridad alimentaria”, explicó.

Acuerdo BBNJ impulsa sostenibilidad y biodiversidad marina en México
Acuerdo BBNJ impulsa sostenibilidad y biodiversidad marina en México. | Araceli López


¿Qué sigue?

Tras la ratificación de más de 80 naciones, el siguiente paso será realizar la primera Conferencia de las Partes (COP), que debe realizarse dentro de un año y en la que se definirán: el funcionamiento del secretariado, el mecanismo de intercambio científico, los procesos de evaluación ambiental y las reglas de implementación y reporte.

Antes de ello, habrá un encuentro preparatorio en la sede de la ONU en Nueva York para afinar detalles técnicos y asegurar que los países lleguen con insumos suficientes para tomar decisiones en la primera COP.

“La alta mar es la herencia común de la humanidad. Todos tenemos derecho a los beneficios de los recursos que se encuentran allí, pero también la responsabilidad de manejarlos de manera sostenible para las futuras generaciones”, dijo la directora de la División de Ecosistemas del PNUMA.

La funcionaria subrayó la importancia del océano, no solo para las comunidades costeras, sino para toda la humanidad.

“El océano regula el clima, absorbe parte del calor generado por los gases de efecto invernadero y actúa como un amortiguador frente a los impactos ambientales producidos por la actividad humana”, señaló.

Sin embargo, advirtió que esa capacidad no es infinita y ya muestra signos de saturación.

“El ecosistema marino puede ser sobrepasado si no actuamos. Por eso los países del mundo deben trabajar juntos para asegurar que el uso del océano sea sostenible”.

En este sentido, el tratado busca asegurar que las decisiones se basen en evaluaciones ambientales rigurosas, en información científica compartida y en reglas claras para todos.

Alta Mar: reglas claras para pesca y economía azul global.
Alta Mar: reglas claras para pesca y economía azul global. | Freepik

México: cacao, biodiversidad y resiliencia agrícola

Además del tratado, Gardner habló sobre el proyecto TEEB Agrifood Cacao, desarrollado por el PNUMA y la Secretaría de Agricultura (SADER). Esta iniciativa tiene como objetivo fortalecer la resiliencia de los productores mexicanos de cacao mediante prácticas agrícolas sostenibles y mejor acceso a información económica y ambiental.

“El propósito es apoyar a los agricultores mexicanos para que entiendan qué prácticas agrícolas aumentan su resiliencia frente al cambio climático”, explicó. Esto incluye enfrentar sequías, variabilidad climática e inestabilidad de suelos, además de mejorar su capacidad para obtener mejores ingresos y acceder a mercados diferenciados.

Gardner hizo una aclaración importante: el proyecto no busca que los productores cambien de cultivo, sino mejorar los procesos, no el “producto”.

“Nuestro trabajo no es persuadir a los agricultores a cambiar a otro cultivo. Es ayudarlos a adoptar procesos agrícolas más sostenibles que fortalezcan su rentabilidad y al mismo tiempo protejan la biodiversidad”.

La funcionaria destacó que la combinación de información científica, análisis económico y prácticas agrícolas adecuadas puede generar un triple beneficio para el país:mayor resiliencia ante impactos ambientales,mejoresretornos económicos para los agricultores  e impactos positivos en biodiversidad.

“Cuando tenemos buena información sobre agricultura climáticamente inteligente, los agricultores pueden integrar las prácticas que mejor funcionan en su contexto. Es un ganar-ganar: resiliencia, economía y biodiversidad”.

Para Gardner, el Tratado de Alta Mar representa la oportunidad de asegurar que las futuras generaciones puedan disfrutar y beneficiarse del océano.

“Este acuerdo permite que los recursos de la alta mar la herencia común de la humanidad pueda compartirse de manera equitativa y utilizarse de forma sostenible. Se trata de dejar el planeta en mejores condiciones para quienes vienen después”.

AG

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