La detención de Andrés Mountbatten-Windsor, ya sin el tratamiento de “Su Alteza Real”, no gira únicamente en torno a su nombre en los archivos del financiero estadunidense Jeffrey Epstein.
El eje ahora es más concreto y, jurídicamente, más delicado: sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público.
La policía de Thames Valley confirmó que arrestó a un hombre “de unos sesenta años” bajo esa figura penal, que en Reino Unido puede acarrear hasta cadena perpetua.
¿De qué acusan al ex príncipe Andrés?
El señalamiento apunta al periodo en que el ex duque de York fungió como representante especial para el Comercio Internacional entre 2001 y 2011. La sospecha es que, durante ese encargo oficial, habría compartido información confidencial con Epstein.
El detonante reciente fueron documentos revelados el 11 de febrero, dentro del último paquete de archivos del caso. Entre ellos figura un correo electrónico fechado el 24 de diciembre de 2010 en el que Andrés habría remitido al financiero un “informe confidencial” sobre oportunidades de inversión en Afganistán.
Otros intercambios sugieren el envío de reportes relacionados con viajes oficiales a China, Singapur y Vietnam. Si se comprueba que esa información tenía carácter reservado y fue entregada a un particular sin autorización, el asunto deja de ser un escándalo reputacional y se convierte en un problema penal.
A esto se suman las acusaciones previas de agresión sexual formuladas por Virginia Giuffre, quien lo demandó civilmente en Estados Unidos en 2021 por hechos que situó en 2001, cuando era menor de edad.
Andrés negó reiteradamente esos señalamientos y alcanzó un acuerdo extrajudicial en 2022, sin admitir responsabilidad. Sin embargo, los nuevos documentos publicados por el Departamento de Justicia estadunidense reavivaron el escrutinio público y policial.
La caída fue progresiva. En 2019, una entrevista con la BBC, ampliamente criticada, precipitó su retiro de la vida pública. En 2022, su madre, Isabel II, le retiró los títulos militares y patronazgos. Más tarde, Carlos III terminó de despojarlo de sus dignidades reales y lo apartó de su residencia en Windsor.
El punto central hoy no es si conocía a Epstein, eso es público desde hace años, sino si utilizó una posición oficial del Estado británico para beneficiar a un particular que después sería condenado por delitos sexuales. La diferencia entre imprudencia social y abuso de cargo es la diferencia entre el bochorno y el banquillo. Y esa línea, ahora, la está trazando la policía.
Con información de AFP / JCM