El verano pasado, Mark Zuckerberg tenía dificultades para arrebatarle a OpenAI a uno de sus investigadores más destacados en inteligencia artificial (IA) cuando se enteró de que el candidato había enfermado. Además de una oferta de salario estratosférico, el multimillonario tecnológico añadió un gesto personal: entregar él mismo una sopa casera.
Ese detalle es solo una muestra de la apuesta implacable y desmesurada que Zuckerberg emprendió para transformar a Meta de un rezagado en IA en un líder del sector.
En una carrera vertiginosa por desarrollar lo que denomina “superinteligencia personal” y competir con OpenAI y Google, Zuckerberg está invirtiendo miles de millones de dólares en infraestructura, al tiempo que atrae talento con paquetes de compensación extraordinarios.
Para allanar el camino y evitar la burocracia, también ha buscado congraciarse públicamente con Donald Trump, suavizando las reglas de moderación de contenido para disipar las preocupaciones del movimiento MAGA sobre la censura.
Si tiene éxito, la apuesta por la IA podría reforzar el ya lucrativo negocio de Meta y devolverle a Zuckerberg el estatus de “visionario tecnológico”, tras el fallido experimento del metaverso que fue duramente castigado por Wall Street.
Pero la estrategia también ha desatado una crisis interna. Meta ha atravesado uno de los periodos más turbulentos de sus 20 años de historia, marcado por despidos, reestructuraciones y cambios constantes en la cúpula directiva.
Los inversionistas, por su parte, están cada vez más inquietos. Se espera que las inversiones de Meta hayan alcanzado los 70 mil millones de dólares (mdd) en 2025, frente a los 39 mil mdd del 2024.
La compañía ya comenzó a realizar complejas maniobras financieras para ayudar a financiar el costo de nuevos centros de datos y chips, recurriendo a los mercados de bonos corporativos y a acreedores privados.
el dato100 mil mdd fue el gasto potencial de Meta
En inteligencia artificial en 2025, sin una ruta clara de monetización.
En su informe de resultados de octubre, Meta anunció que el gasto en IA podría superar los 100 mil mdd en 2025, sin ofrecer claridad sobre cómo se integrará y monetizará la tecnología. Las acciones cayeron más de 10 por ciento, borrando 208 mil mdd de su valor de mercado.
2026 podría ser el año en que la visión de Zuckerberg sobre la IA se materialice, o se desmorone bajo la presión. El recién creado laboratorio de investigación de Meta tiene el objetivo de lanzar un nuevo modelo de IA en el primer trimestre del año.
El modelo, cuyo nombre en código es Avocado, se construirá desde cero, en lugar de ser una iteración de sus modelos de lenguaje de gran tamaño, Llama, cuyos resultados quedaron por debajo de sus rivales.
Meta aspira a que Avocado iguale el desempeño de Gemini 2.5 de Google en su lanzamiento y alcance el nivel de Gemini 3 hacia el verano. Sin embargo, deberá ser altamente competitivo frente a los avances de Google, OpenAI y Anthropic, o el talento recién reclutado podría marcharse.
“A Mark Zuckerberg le gusta jugar al póker con apuestas muy altas”, dice un exejecutivo de Meta. “Tiene un instinto agudo para detectar cambios en el mercado y moverse rápido. ¿Ganará? No lo sé. Pero no perderá”.
El Ojo de Sauron
La promesa de Zuckerberg, hecha el año pasado, de convertir rápidamente a Meta en un líder en IA no cumplió las expectativas.
En abril de 2025, la compañía lanzó con gran fanfarria Llama 4, la más reciente versión de su modelo de lenguaje de gran tamaño de código abierto, que también impulsa a Meta AI.
Sin embargo, su desempeño quedó por debajo del de competidores como OpenAI y Google en áreas clave como programación y resolución de problemas complejos. Además, Meta fue acusada de intentar manipular las tablas de clasificación, al enviar una versión personalizada del modelo a los evaluadores de rankings.
El tropiezo fue un golpe humillante para la estrategia de Zuckerberg de centrar el futuro de Meta en la IA generativa. Empleados y expertos del sector apuntaron a deficiencias en los datos de entrenamiento, pruebas poco rigurosas y fallas organizativas: equipos de investigación enfrentados, falta de coordinación con producto y ausencia de liderazgo clave en IA.
Tijmen Blankevoort, investigador que dejó Meta ese verano, describió en un memorando interno una “visión vacilante difícil de respaldar con entusiasmo” y una “inestabilidad constante en los equipos, que impedía que la experiencia se consolidara con el tiempo”.
Otro empleado resumió el problema con franqueza: “Nuestras herramientas y productos se fragmentaron porque demasiados equipos apostaban por sus propios proyectos, sin pensar en cómo encajaban entre sí”.
EL DATO70 mil mdd es la inversión total estimada
De Meta en 2025, frente a 39 mil mdd en 2024.
Para recuperar terreno, Zuckerberg —cuya tendencia a obsesionarse con proyectos clave es conocida internamente como el “Ojo de Sauron”— redobló la apuesta.
En un memorando de julio, estableció como objetivo prioritario el desarrollo de la llamada “super inteligencia personal”: una IA que supere la inteligencia humana y que pueda “caber en los bolsillos de las personas”.
Zuckerberg señaló que la tecnología debía orientarse no solo a la productividad, sino también a “las relaciones, la cultura, la creatividad, la diversión y el disfrute de la vida”.
En entrevistas y podcasts, ha citado estudios que muestran que el estadunidense promedio tiene menos de tres amigos cercanos, aunque desearía tener muchos más. La solución, planteó, sería una IA que funcione como compañera, además de asistente, comprador personal o escritor fantasma.
A largo plazo, Meta planea integrar plenamente esta IA en sus anteojos inteligentes, equipados con pantallas de realidad aumentada que permitan interactuar de forma fluida con el entorno.
Aunque la empresa ya comercializa modelos más sencillos, como los Ray-Ban inteligentes, confía en que futuras versiones puedan algún día desplazar al iPhone de Apple y al Android de Google como la plataforma informática preferida.
El robo y fuga de talento
Para hacer realidad su nuevo sueño, Zuckerberg adoptó un enfoque doble. Primero, lanzó una ofensiva relámpago de contratación para atraer a los mejores talentos del ecosistema de IA.
Durante el verano, Meta sondeó a cientos de candidatos de laboratorios rivales como OpenAI, Anthropic, Apple, Google y Microsoft para integrarlos a un nuevo equipo VIP, con paquetes salariales extraordinarios y bonos de contratación de hasta 100 mdd.
El giro fue estratégico: Meta dejó de apoyarse principalmente en los llamados “Amigos de Zuckerberg” (FoZ, por Friends of Zuckerberg) y apostó por una nueva generación de líderes nativos de IA.
Para encabezar la iniciativa —rebautizada como Meta Superintelligence Lab— Zuckerberg contrató en junio a Alexandr Wang, fundador de Scale AI. Wang también dirige el hermético TBD Lab, enfocado en el desarrollo de modelos de IA de vanguardia.
La integración de estos modelos en los productos de Meta quedó en manos de Nat Friedman, exdirector de GitHub y reconocido inversionista de Silicon Valley. Meta tomó participaciones de 49 por ciento tanto en Scale AI como en NFDG, el fondo de inversión de Friedman, con una inversión total de 14 mil mdd.
el dato208 mil mdd es el monto que evaporó Meta
En su valor de mercado después de que los inversionistas reaccionaran al aumento del gasto en IA.
El rediseño también alcanzó al hardware. Un nuevo estudio dedicado a integrar IA en dispositivos como los anteojos inteligentes será liderado por Alan Dye, exejecutivo de diseño de Apple.
En paralelo, Meta optó por una estrategia de compra más que de desarrollo, adquiriendo startups de IA para adornar licenciar tecnología como la IA de video de Midjourney y utilizando modelos de competidores para acelerar su propio trabajo.
Aunque algunos celebran el regreso de una cultura de trabajo más agresiva, al estilo de Elon Musk, ya comienzan a aparecer fisuras en la cúpula. De acuerdo con personas cercanas al proceso, la tensión entre Wang y Zuckerberg va en aumento.
Wang ha expresado en privado que la microgestión de Zuckerberg resulta asfixiante, mientras que dentro de Meta algunos cuestionan si su experiencia en servicios de datos lo prepara para liderar avances técnicos en una corporación de esta escala.
Friedman también enfrenta una presión creciente para acelerar lanzamientos. Parte de su equipo criticó el despliegue apresurado de Vibes, el feed de videos generados por IA de Meta, lanzado a toda prisa para anticiparse a Sora, de OpenAI.
“Meta está en una posición incómoda como recién llegado. Hay pocos puestos de liderazgo y el sistema premia la cercanía con Zuckerberg”, dice un exempleado. “Cuando eres amigo de Zuck, tienes más margen de error”.
En paralelo, Meta despidió recientemente a 600 empleados de su división de IA, una medida que la empresa justificó como necesaria para acelerar la toma de decisiones. “Lo que buscan es mayor agilidad: moverse rápido y leer mejor las señales de un mercado que cambia con enorme velocidad”, señala Arun Chandrasekaran, analista de IA en Gartner.
Para la vieja guardia, 2025 fue un año de ajuste forzado. A medida que se consolidaba el nuevo liderazgo, varias figuras clave abandonaron la empresa, incluidos antiguos FoZ. La veterana directora jurídica Jennifer Newstead se marchó a Apple; el director de ingresos John Hegeman anunció su salida para fundar una startup.
También se va el científico jefe de IA y ganador del Premio Turing, Yann LeCun, quien lanzará una nueva iniciativa tras oponerse a reportar a Wang y ver su investigación a largo plazo afectada por los recortes. Otras apuestas tampoco prosperaron: Clara Shih, reclutada desde Salesforce para liderar IA empresarial, dejó Meta apenas un año después de su llegada.
El flujo libre de efectivo
Además de la bonanza de contrataciones, Zuckerberg abrió la llave del gasto para construir enormes centros de datos impulsados por chips costosos, elevando de forma agresiva la inversión en infraestructura de IA.
El mercado reaccionó con dureza. En noviembre, las acciones de Meta cayeron cerca de 17 por ciento, ante la preocupación por la erosión de su flujo libre de efectivo, que los analistas estiman podría desplomarse de unos 54 mil mdd a 20 mil mdd en 2025.
“Llegará un punto, hacia finales del próximo año, en el que mantener este nivel de gasto de capital absorberá todo el flujo libre de efectivo o forzará a la empresa a endeudarse mucho más”, advierte Uday Cheruvu, gerente de cartera en Harding Loevner, inversionista de Meta.
EL DATO100 mdd ofreció Zuckerberg como bonos
De contratación a algunos de los fichajes estrella en IA.
Lejos de moderarse, Meta optó por un financiamiento más audaz. A finales de octubre recaudó 30 mil mdd en una de las mayores emisiones de bonos corporativos en la historia de Estados Unidos (EU), para financiar su expansión en infraestructura.
La compañía obtuvo otros 27 mil mdd en deuda de mercados privados —la mayor operación de este tipo registrada— para construir el gigantesco centro de datos Hyperion, de varios gigavatios, en Luisiana.
Para mantener la deuda fuera de su balance, la operación se estructuró mediante un vehículo de propósito especial (SPV), controlado en 80 por ciento por Blue Owl Capital. El SPV será dueño del complejo y lo arrendará a Meta, cuyos pagos servirán para cubrir los intereses de la deuda.
Esta ingeniería financiera permite a Meta preservar su alta calificación crediticia, aunque revive viejas inquietudes entre inversionistas, escarmentados por ciclos previos de euforia tecnológica y por los riesgos del financiamiento fuera de balance si el auge de la IA se enfría.
Dentro de la empresa aseguran haber blindado la operación. “Susan Li y su equipo reconocen claramente ese riesgo y trabajaron para proteger a la compañía de un desastre fiscal en caso de un exceso de capacidad”, afirma un exejecutivo de Meta.
Las acciones repuntaron hasta 7 por ciento cuando se conoció que Meta reorientaba su presupuesto, alejándose del metaverso y concentrándolo en wearables impulsados por IA.
Zuckerberg, sin embargo, sostiene que el mayor riesgo es la cautela. “Si terminamos desperdiciando un par de cientos de miles de millones de dólares, será lamentable. Pero creo que el riesgo real está del otro lado”, dijo recientemente. “Construir demasiado lento significa perder posición en la que probablemente será la tecnología más importante de nuestra era”.
Una mirada al horizonte
De cara al futuro, los inversionistas seguirán con lupa el desarrollo de Avocado, el nuevo modelo de IA de Meta.
El grupo TBD entrena Avocado utilizando modelos rivales mediante un proceso conocido como destilación, que transfiere conocimientos y predicciones de otros sistemas, según personas familiarizadas con el proyecto.
Entre ellos figuran Gemma, de Google; gpt-oss, de OpenAI; y Qwen, de Alibaba, pese a que Zuckerberg ha advertido sobre los riesgos de censura en modelos chinos y ha insistido en que EU debe ganar la carrera de la IA frente a China.
EL DATO600 empleados fueron despedidos recientemente
Del área de IA, pese a la ofensiva de contrataciones.
Dentro de Meta también persiste el debate sobre si Avocado será de código abierto o un modelo propietario de pago, una postura esta última impulsada por Alexandr Wang. Otros consideran prioritario demostrar cómo los datos de las conversaciones del chatbot pueden integrarse al negocio de publicidad dirigida, un tema que Zuckerberg ha evitado abordar públicamente.
“Mark necesita una nueva versión de Sheryl Sandberg que pueda explicar a los anunciantes cómo los productos de IA de Meta se integran con la segmentación publicitaria”, afirma Katie Harbath, exdirectora de políticas públicas de Meta. “No es glamoroso, pero es la vía más directa para monetizar”.
Al mismo tiempo, Meta deberá ganarse la confianza de usuarios, reguladores y legisladores, y convencerlos de que sus productos no pondrán en riesgo la privacidad ni la seguridad de los menores.
Esa confianza ya fue sacudida en agosto, cuando se filtraron directrices internas que permitían a los chatbots mantener conversaciones “sensuales” y “románticas” con niños, lo que desató una ola de indignación mundial y críticas bipartidistas en EU.
Fuentes internas aseguran que Nat Friedman ha puesto la seguridad en el centro de la agenda. Sin embargo, David Evan Harris, profesor en la Universidad de California, Berkeley, y exgerente de IA responsable en Meta, califica esas directrices como “una de las decisiones más inescrupulosas jamás tomadas en materia de IA”.
“Se puede invertir mucho en talento, pero una de las claves para ganar esta carrera es la confianza”, advierte Evan Harris.
Dentro de Meta, muchos se preparan para más turbulencias. “Cuanto más sienta Mark que se queda atrás frente a Sam Altman u otros rivales, más paranoico se volverá”, dice Harbath. “Y más vertiginosos serán los cambios”.
Información adicional de Tby Kinder, Tim Bradshaw y Melissa Heikkilä.
KRC