El reciente brote de hantavirus a bordo del crucero neerlandés MV Hondius —y la avalancha de interés de los medios que generó— reavivó recuerdos dolorosos para la industria de cruceros.
Tres pasajeros del barco, operado por Oceanwide Expeditions, fallecieron el mes pasado luego de contraer el virus. El brote provocó una compleja evacuación internacional que, para algunos, recordó la urgencia por poner en cuarentena y repatriar a los miles de personas atrapadas en cruceros cuando la pandemia de covid-19 azotó el mundo en 2020.
En ese entonces, Jason Liberty era director financiero de Royal Caribbean, una de las compañías de cruceros más grandes del mundo. Fue, por decirlo suavemente, “una época difícil”, dice. Cientos de tripulantes y pasajeros enfermaron, se negó la entrada de barcos a los puertos y las reservaciones se desplomaron.
“No existe ningún manual que te enseñe a operar un negocio durante 18 meses sin ingresos”, dice.
Royal Caribbean, donde Liberty es ahora CEO, superó la crisis y desde entonces navega por delante de sus competidores más cercanos. El precio de sus acciones se multiplicó por más de diez desde su punto más bajo durante la pandemia y aumentó más del doble desde 2019, valorando la compañía en alrededor de 75 mil millones de dólares (mdd).
El precio de las acciones de Carnival se triplicaron aproximadamente desde su mínimo de 2020, valorándola en alrededor de 35 mil mdd, y su rival más pequeño, Norwegian Cruise Line, tiene un valor de unos 9 mil mdd.
Pero la preocupación de que el hantavirus reavive los temores sobre futuros brotes no es el único riesgo. Royal Caribbean también se enfrenta a nuevos obstáculos, en particular la guerra en Irán.
“No podemos recordar una época en la que (Royal Caribbean) se enfrentara simultáneamente a tantos retos”, escribió el analista de Citi, James Hardiman en abril, cuando la compañía redujo sus previsiones de rentabilidad neta y de ganancias por acción.
Estos retos abarcan desde el aumento de la capacidad de las compañías de cruceros hasta la inestabilidad geopolítica en México, así como el alza de los precios del combustible provocada por el conflicto en Medio Oriente.
Liberty dice que la compañía sobrevivió a la pandemia de covid-19 gracias a que continuó invirtiendo y a que sus inversionistas mantuvieron la calma, incluso cuando los momentos difíciles del sector se prolongaron durante meses. “No recortamos gastos”, dice. “Seguimos construyendo barcos. Invertimos fuertemente en tecnología…y también en redes sociales”.
Él y su equipo tenían “la mentalidad de que, obviamente, queríamos sobrevivir”, además del compromiso de “nunca estar satisfechos con lo que hicimos ayer”, una estrategia que mantienen.
Liberty reconoce que los nuevos empleados a veces experimentan “un pequeño choque cultural” cuando se enfrentan por primera vez a su método tan directo: “Inviertes mucho tiempo y energía, y crees que lo tienes todo perfecto, y entonces nos sentamos y decimos: ‘¿Cómo podemos mejorarlo?’”.
La supervivencia de la compañía también se debe en parte a la gran cantidad de pasajeros fieles del sector de los cruceros. Al principio de la pandemia, cuando las fotografías de pasajeros afectados inundaban los noticieros y las redes sociales, hubo personas que especularon que la ansiedad de los clientes se convertiría en una amenaza existencial para las compañías de cruceros. Pero Royal Caribbean se encontró con “una enorme demanda acumulada” cuando reanudó sus operaciones en 2021, afirma Liberty.
Espera un resultado similar con el conflicto de Medio Oriente. Royal Caribbean se enfrenta a “algunos retos logísticos”, como el transporte de los clientes internacionales que antes viajaban a sus puertos vía Medio Oriente. Sin embargo, se muestra optimista: los consumidores “todavía desean vivir experiencias vacacionales”.
El atleta del mar
Liberty sucedió a Richard Fain, quien dirigió la compañía durante más de tres décadas y supervisó su expansión, pasando de ser un operador regional con solo unos pocos barcos a la compañía de cruceros más valiosa del mundo.
Se incorporó a la empresa en 2005 procedente de KPMG, donde había trabajado con Royal Caribbean y Fain lo “estuvo pretendiendo insistentemente”. Se convirtió en director financiero en 2013 antes de asumir la dirección general en 2022. Fain permaneció como presidente del Consejo de Administración durante algunos años antes de ceder el cargo a Liberty en noviembre pasado.
Liberty dice que siempre le ha gustado el agua y que trata de nadar casi todos los días, en parte porque “el celular no suena mientras nadas”.
Reconoce que la magnitud de una gran operación de cruceros —Royal Caribbean recibe a 180 mil clientes diarios en toda su flota— al principio fue impactante. “Hasta que no estás dentro, no te das cuenta de la complejidad del negocio: básicamente, administramos ciudades flotantes”.
Liberty utiliza con frecuencia metáforas deportivas al hablar de su trabajo y describe cómo contrata a los mejores “atletas” para resolver problemas.
La industria de los cruceros desde hace mucho tiempo es dominada por los fanáticos: clientes que regresan año tras año. Pero los viajeros que viajan por primera vez representan una proporción cada vez mayor de pasajeros, alcanzando un récord de casi un tercio en los dos ultimos años hasta abril, según un informe de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros.
Atraer a estos clientes es un reto clave. “Esto no va a sonar a ciencia espacial, ¿verdad?: empieza con el cliente…nuestro trabajo es saber escuchar”, dice Liberty. “(Los clientes) quieren que diseñemos la experiencia para ellos y que les ayudemos a imaginar las vacaciones del futuro”.
El ascenso de las redes sociales representa un cambio significativo durante su periodo en el puesto, con ventajas y desventajas. Las plataformas de internet potencian las noticias sobre desastres en cruceros, especialmente durante brotes de enfermedades, pero también ayudan a los operadores a llegar a un público nuevo, tradicionalmente más escéptico, y a dedicar menos tiempo a “explicar qué somos y qué no somos”, dice Liberty.
él dice...“Los clientes quieren
Que diseñemos la experiencia para ellos”.
En encuestas realizadas por CLIA, las personas que se inician en los cruceros suelen afirmar que eligen este tipo de vacaciones porque es una forma de viajar económica y libre de estrés. Liberty espera potenciar esta última percepción, en particular, al tiempo que aumenta sus precios e impulsa el gasto a bordo de los pasajeros.
El CEO cree que su público objetivo principal —personas con agendas familiares y laborales muy apretadas— busca unas vacaciones con la menor cantidad de inconvenientes posible. Esto le da la confianza necesaria para cobrar más. En una entrevista el año pasado, declaró: “Creo que la relación calidad-precio es importante, pero no significa que tiene que ser barata. Significa que obtienen mucho por su dinero”.
Según informes de las tres principales compañías de cruceros, los ingresos por pasajero aumentaron 28 por ciento en el primer trimestre de 2026 en comparación con 2019, según datos del grupo de análisis STR recopilados por Barclays Research.
El capitán de la crisis
La compañía suspendió sus operaciones en Medio Oriente después de que, en abril, dos cruceros de TUI Cruises —empresa conjunta entre Royal Caribbean y el operador turístico alemán TUI— lograran atravesar el estrecho de Ormuz, tras haber permanecido varados desde febrero en los puertos de Abu Dabi y Doha.
Sin embargo, el aumento de los precios del petróleo a nivel mundial eleva los costos para todas las grandes compañías de cruceros, ya que el combustible suele ser uno de sus mayores gastos, y al mismo tiempo reduce la capacidad de gasto de los consumidores en viajes. El aumento de las tarifas aéreas podría hacer que los pasajeros estén menos dispuestos a viajar a puertos lejanos.
Royal Caribbean tiene una cobertura de riesgo de alrededor de 60 por ciento de su consumo de petróleo para 2026 y 50 por ciento para 2027. Más allá de eso, Liberty afirma que tiene pocas opciones, excepto seguir de cerca la situación.
Apostar por el futuro es inherente a otras facetas de su cargo. La construcción de un nuevo barco lleva varios años y el mercado está dominado por tan solo cuatro astilleros en Europa. La demanda récord de cruceros desató una feroz competencia por asegurar la capacidad de construcción naval, lo que significa que los pedidos pendientes se extienden hasta finales de la década de 2030.
“Dedico la mayor parte de mi tiempo a definir cómo debe ser el negocio y qué capacidades vamos a necesitar (en el futuro)”, dice Liberty, añadiendo que Royal Caribbean está diseñando barcos que no entrarán en servicio hasta dentro de más de cinco años.
Reconoce que se siente “un poco limitado” por el ritmo de la construcción naval, pero insiste en que estas limitaciones son, en última instancia, saludables para el sector de los cruceros. Es parte de lo que hace que la industria sea diferente. Los que necesiten más control, dice, “pueden dedicarse a construir hoteles o coches”.
Un día con Jason Liberty
Mañanas: No hay dos días exactamente iguales, pero la mayoría de las mañanas comienzan alrededor de las 4:45 a.m. en la piscina. Nadar me da claridad: es tiempo de pensar hacia dónde vamos y qué es lo siguiente que van a necesitar nuestros clientes y empleados.
Jornada laboral: El día está lleno, pero soy intencional con mi tiempo. Limito las juntas a no más de cinco horas, lo que me da espacio para leer, pensar, prepararme y caminar por los pasillos. Nos obsesionamos con todo y las conversaciones van desde el diseño de barcos hasta las mejoras de tecnología. Las mejores juntas son discusiones reales: una oportunidad para probar ideas y escuchar diferentes perspectivas.
Tardes y fines de semana: la naturaleza de nuestro negocio significa que siempre vas a estar disponible. Cuando operas 71 barcos en todo el mundo, eso viene con el trabajo. Pero estoy casado y tengo cuatro hijos —dos pares de gemelos, ahora de 15 y 20 años— y me aseguro de estar presente en los momentos importantes. Las noches y los fines de semana son para la familia y normalmente apago las luces a las 9 de la noche.
AAL