A unos días de las elecciones presidenciales del 30 de noviembre en Honduras, de acuerdo con una investigación de MILENIO, la administración Trump colocó el proceso bajo su lupa, por lo que percibe como la interferencia, la intimidación y la presión política contra el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal de Justicia Electoral de Honduras, y advirtió sobre las “consecuencias” de injerencia indebida en los comicios.
Las encuestas muestran una apretada carrera entre Rixi Moncada, del partido oficialista Libertad y Refundación (LIBRE); Salvador Nasralla, del centrista Partido Liberal de Honduras, (PLH), y Nasry Asfura del conservador Partido Nacional de Honduras (PNH), en un plebiscito entre la continuidad de la “refundación” impulsada por el gobierno de la presidenta Xiomara Castro, esposa del ex mandatario Manuel Mel Zelaya, o un giro a políticas moderadas o tradicionales.
Pero el presidente Donald Trump se insertó directamente el miércoles pasado en el proceso político hondureño para apoyar la candidatura de Asfura, sugerir que un triunfo de la “comunista” Moncada podría representar que Nicolás Maduro y sus narcoterroristas tomen el control de otro país “como lo hicieron con Cuba, Nicaragua y Venezuela”, y presentar a Nasralla como un esquirol que busca dividir el voto para favorecer a Moncada.
“El único verdadero amigo de la libertad en Honduras es Tito Asfura. Tito y yo podemos trabajar juntos para combatir a los narco comunistas y brindar la ayuda necesaria al pueblo hondureño. No puedo colaborar con Moncada y los comunistas, y Nasralla no es un aliado confiable para la libertad, y no se puede confiar en él. ¡Espero que el pueblo de Honduras vote por la libertad y la democracia, y elija a Tito Asfura como presidente!”, escribió en Truth Social
Con un padrón electoral de unos seis millones de votantes, las elecciones ponen en juego la renovación de la legislatura unicameral de 120 escaños, así como la totalidad de los puestos de elección popular en los 298 municipios del país.
Lucas Perelló, profesor de ciencias políticas en la Florida Atlantic University, sostiene que, tras 12 años de “autoritarismo” del Partido Nacional Conservador (PN), “el optimismo que rodeaba el ascenso de Castro se ha desvanecido en gran medida. Los hondureños se preparan ahora para lo que probablemente será una de las elecciones más conflictivas de América Latina este año”.
“En los meses previos a la votación, las tensiones entre el gobierno de izquierda y la oposición conservadora se han salido de control. Para muchos, las acciones del partido gobernante han generado dudas sobre su compromiso con las elecciones y el futuro de la democracia hondureña”, considera Perelló.
La advertencia de Washington
En Washington esas preocupaciones son ampliamente compartidas por la administración del presidente Trump, que sigue el proceso en detalle y advierte sobre las consecuencia de una interferencia inapropiada de los actores políticos, en momentos que Estados Unidos otorga una atención sin precedentes a sus vecinos del sur, en especial a Venezuela.
Además de los comentarios del presidente Trump, durante una reunión especial del Consejo Permanente de la OEA dedicada a las elecciones realizada esta semana, el subsecretario de Estado Christopher Landau instó a todos los países del sistema interamericano a que usen su voz colectiva para advertir a los funcionarios hondureños sobre las consecuencias de interferir en el proceso o interferir con los resultados.
“Parece que Honduras ya está en crisis. Los miembros del Consejo Nacional Electoral han sido amedrentados por las amenazas y las fuerzas armadas han empezado a hacer ruido. El Consejo y sus comisionados deben poder realizar su trabajo; los miembros de la OEA deben alzar la voz ahora, antes de las elecciones. Sin sus voces reclamando un proceso transparente, libre de fraude y violencia, temo que Honduras se enfrente a un futuro incierto”.
En su primer viaje a Centroamérica como secretario de Estado, Marco Rubio se saltó a Honduras.
Después de todo, Honduras ha ocupado un lugar acentuado en el radar de Washington desde el caso contra el ex presidente Juan Orlando Hernández, extraditado en 2023, juzgado en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York y que culminó con una condena de 45 años de prisión por cargos relacionados con el narcotráfico.
Los fiscales estadunidenses alegaron que Hernández utilizó su posición como líder del Congreso y, posteriormente, como presidente de Honduras (2014-2022), para operar el país como un “narcoestado” para facilitar el tráfico de más de 400 toneladas de cocaína hacia EU a cambio de sobornos multimillonarios de grupos de narcotraficantes.
Narcovideo comprometedor
La conexión criminal salpicó al actual grupo gobernante con el caso que involucra a Carlos Zelaya, hermano del ex mandatario Manuel Zelaya y cuñado de la presidenta Xiomara Castro, en temas de corrupción y crimen organizado en Honduras.
En 2024, una investigación periodística de InSight Crime divulgó un video grabado con una cámara espía en 2013 que muestra a Carlos Zelaya, quien en ese momento era diputado, reunido con reconocidos narcotraficantes hondureños, incluyendo miembros de la banda conocida como Los Cachiros.
El propósito de la reunión era negociar el “financiamiento” (sobornos) para campañas electorales del partido Libertad y Refundación (Libre).
Un testimonio de un narcotraficante, Devis Leonel Maradiaga, expone estos vínculos y alega que se entregaron grandes sumas de dinero a Carlos Zelaya.
Tras la filtración, el cuñado de la actual mandataria admitió haberse reunido con las personas en 2013, como se denuncia en el video, pero negó haber aceptado el dinero o tener conocimiento que eran narcos.
Carlos Zelaya renunció a su cargo como secretario y diputado del Congreso Nacional para permitir que se investigara su participación con "toda libertad". Su hijo, José Manuel Zelaya, ministro de Defensa, también renunció a su puesto.
“Durante años, Castro y su partido de izquierda… denunciaron una "narco-dictadura" liderada por el ex presidente Hernández”, observa Perelló. Pero el video “arrojó dudas sobre el compromiso de LIBRE en la lucha contra el narcotráfico”, señala la investigación.
Elecciones ¿en riesgo?
Las sospechas de un proceso electoral desaseado fueron remarcadas a principios del mes por una alerta emitida por la Misión de Observación Electoral de la Organización de los Estados Americanos (MOE/OEA) en Honduras, encabezada por el ex canciller de Paraguay Eladio Loizaga
El 4 de noviembre la misión expresó su preocupación ante las acciones anunciadas por el Ministerio Público que, en su opinión, debilitan la autonomía de las autoridades electorales; por eso hizo un llamado a las instituciones hondureñas, especialmente a los órganos de justicia, a que garanticen la seguridad de todos los funcionarios electorales contra cualquier persecución derivada del ejercicio de sus funciones.
“Cualquier acción que ponga en peligro la confianza del pueblo en la democracia debe cesar de manera inmediata”, sentenció
Además, la misión consideró fundamental que las fuerzas armadas de Honduras brinden apoyo técnico a la autoridad electoral, como lo han realizado en procesos electorales anteriores. La misión contará con un amplio despliegue en todo el territorio nacional para las elecciones generales del 30 de noviembre.
Moncada, Nasralla y Asfura cerraron sus campañas presidenciales el 25 de noviembre no solo en un virtual empate técnico sino en medio de acusaciones mutuas de fraude.
“La lucha es el domingo 30 entre dos modelos: el modelo de la oligarquía y el modelo socialista democrático" de la presidenta Castro, dijo Moncada en un acto masivo en Tegucigalpa.
Una fuente de preocupación para el partido gobernante es que en las primarias presidenciales del mes de marzo, la oposición obtuvo dos terceras partes del voto, pero se mantiene dividida.
“La historia tiene una forma de repetirse. LIBRE, bajo el mando de Castro, ha adoptado un manual autoritario similar al del Partido Nacional bajo Hernández… A menos que un candidato gane por una abrumadora mayoría y los perdedores reconozcan la derrota, muchos esperan que la elección sea solo el comienzo de un nuevo y difícil capítulo para la asediada democracia de Honduras”, sostiene Perelló.
rdr