Atrapada entre dos guerras, la de Ucrania que no parece tener fin y el reciente ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, una Unión Europea dividida se prepara concretamente a escenarios de conflicto de resultado incierto.
La ofensiva militar de EU e Israel contra el régimen de los ayatolás iraníes, iniciada el 28 de febrero, tomó por sorpresa a los europeos, aseguró el ministro italiano de la Defensa, Guido Crosetto, quien estaba en Dubai al momento de la embestida y se quedó varado ante la respuesta de Teherán, que lanzó varios misiles contra esa ciudad de los Emiratos Árabes Unidos.
“Esta guerra, que ha sido abierta de espaldas al mundo, viola el derecho internacional”, declaró Crosetto en una comparecencia ante el Parlamento tras regresar de Dubai y pese a que el gobierno del que forma parte, encabezado por la primera ministra, Giorgia Meloni, apoya abiertamente al presidente estadunidense, Donald Trump.
Europa descoordinada
Según los expertos, ante la ofensiva contra Irán, la Unión Europea (UE) apareció descoordinada a nivel institucional, dividida en su interior y sustancialmente sin ninguna influencia sobre el curso de los acontecimientos.
“El escenario es desastroso porque el conflicto causará efectos económicos análogos o superiores a los provocados por la guerra en Ucrania y la interrupción del suministro de gas ruso a Europa, que pagará un precio muy alto; es cuestión de días para que sea obstruido completamente el estrecho de Ormuz, por donde pasa un quinto del suministro energético mundial”, dice a MILENIO el experto Fabrizio Battistelli, presidente del Instituto de Investigaciones Internacionales y Archivo del Desarme (IRIAD, por su sigla en italiano).
Resalta que los países de la UE, que no fueron capaces de acordar una posición común, se encuentran en una encrucijada, pues por una parte está estrechamente vinculada a Estados Unidos, que tiene bases militares repartidas en el continente y por la otra, “no comparten de ninguna manera la decisión de Trump de atacar Irán, con una estrategia poco clara, pues primero acusaba a ese país de continuar con su programa nuclear, después de masacrar a los opositores y a la población civil y posteriormente de tener misiles que amenazaban Israel”.
Subraya que de esas tres motivaciones, la “única verdadera es la tercera, que es un motivo primordial para Israel, lo que comprueba que es el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien dicta la política estadunidense en Medio Oriente y sobre eso Europa no está de acuerdo”.
“Quizá solamente Alemania, en aprietos por su pasado histórico que le impide tomar distancia de la política de Israel, pero todos los demás países han expresado críticas, en primer lugar Francia, España y Gran Bretaña, mientras Italia se encuentra en una posición más ambigua por la cercanía ideológica que existe entre Giorgia Meloni y Trump”.
Blindaje de Chipre
A nivel militar, países como Francia, Grecia, Italia y España han enviado a Chipre helicópteros, embarcaciones, sistemas antimisiles y antidrones en respuesta al ataque de una aeronave no tripulada iraní contra una de las bases británicas en la isla, en la que ha sido la primera vez que los socios europeos realizar un despliegue militar en apoyo de un país miembro atacado.
Además, la primera ministra italiana anunció que su país va a suministrar equipo militar a países del Golfo Pérsico para defenderse de ataques de Irán y autorizará a Estados Unidos a utilizar bases en Italia para acciones logísticas, pero no para acciones militares.
Irán también ha amenazado con atacar a los países europeos por su silencio ante la agresión del “Gran Satanás”.
Según Battistelli, una represalia irani podría ser de dos tipos: de naturaleza militar o de naturaleza terrorista.
“Soy escéptico en ambos casos. La terrorista me parece muy complicada y no necesariamente es la preferida por Teherán, que en este momento tiene cuestiones y enemigos mucho más urgentes que enfrentar. Mientras la amenaza militar, por ejemplo el lanzamiento de misiles o de drones, me parece altamente improbable porque Irán va hacia el agotamiento de las provisiones bélicas y creo que le parece más relevante usarlas en el tablero de Medio Oriente”, señala.
Además, existe también el límite de la distancia, pues una cosa es alcanzar a Chipre y otra a París, Roma o Berlín.
“Pienso que es una amenaza más retórica que otra cosa”, concluye.
La amenaza rusa
En diciembre del 2025 algunos líderes europeos llamaron a “prepararse para la guerra” en el otro escenario bélico que involucra directamente a Europa, como lo es el conflicto en Ucrania.
“Somos el próximo objetivo de Rusia y estamos en peligro”, advirtió el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, al participar el 11 de diciembre en un evento organizado por la Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania.
Pidió a los países europeos prepararse para escenarios bélicos como “las guerras que pelearon nuestros abuelos y bisabuelos” e insistió en la necesidad de apoyar a Ucrania ante una Rusia que podría usar la fuerza militar contra la Alianza Atlántica en un plazo de cinco años.
Rutte urgió a los miembros de la OTAN a aumentar el gasto en defensa y llevarlo al 5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) acordado en la última cumbre del organismo.
El 17 de diciembre fue el turno de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von del Leyen, quien en una intervención ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia, advirtió que “la paz de ayer se ha esfumado” y que “no hay tiempo para la nostalgia”.
En particular, Von der Leyen pidió a Europa prepararse al menos para enfrentar la guerra híbrida, que consiste en ataques informáticos, desinformación, propaganda y drones que violan el espacio aéreo de los países.
La jefa del Ejecutivo comunitario alertó sobre la consolidación de un “nuevo orden internacional” y un mundo de “depredadores” en un discurso marcado por la urgencia.
Incapacidad militar rusa
Sin embargo, la capacidad militar rusa de lanzar un ataque contra otros países europeos y, sobre todo, para controlar eventuales territorios conquistados, incluso el de Ucrania, es puesta en duda por el experto en geopolítica italiano Lucio Caracciolo, fundador y director de la revista Limes.
“Rusia no tiene actualmente una capacidad militar especial para ampliar la guerra, ni, eventualmente, para controlar los territorios conquistados”, dice Caracciolo a MILENIO.
Resalta que en caso de que Rusia llegase a conquistar todo el territorio ucraniano, lo que le parece “muy difícil”, debería desplegar al menos dos millones de hombres fijos en ese país para mantener el control.
“No me parece que exista esa perspectiva”, subraya.
También el historiador Tomasso Montanari, rector de la Universidad para Extranjeros de Siena, duda que el presidente ruso, Vladímir Putin, tenga la intención y, sobre todo, la capacidad militar de atacar a Europa.
“Estas advertencias de la dirigencia europea me parecen una locura, un absurdo y un gravísimo error. Me parece que esos discursos forman parte de una estrategia para, por una parte, beneficiar los intereses de la industria de armas y, por la otra, crear un enemigo externo con el objetivo de distraer la atención de la opinión pública sobre la falta de solución a los gravísimos problemas internos”, dice Montanari en entrevista telefónica con MILENIO.
Destaca que en 4 años de guerra, Rusia no ha podido conquistar Ucrania, por lo que sería un azar que ahora se decidiera a lanzar un ataque contra otros países europeos.
“Ciertamente en los países fronterizos con Rusia la percepción es diferente, tienen problemas diferentes que tienen que ver con su cercanía con esa nación. Naturalmente se entienden las razones de alarma, pero no me parece que los problemas se resuelvan agravando la situación, alzando el nivel de enfrentamiento”, resalta.
En su opinión, en estos momentos se requieren “nervios de acero”, además de que el paraguas defensivo de la OTAN es “muy sólido” ” y hasta “amenazador”.
Guerra por accidente
Ante la inestabilidad de la situación, Caracciolo no descarta, sin embargo, una ampliación del conflicto a los países vecinos de Rusia, como Polonia o las repúblicas bálticas, por “accidente” o por algún “acto de locura”.
“No creo que exista verdaderamente ni de parte de esos países, ni de Rusia, la voluntad de hacerse la guerra en esta fase. Existe el riesgo de que estalle una guerra por accidente, porque simplemente la acumulación de tensiones y de activos militares es tan fuerte, especialmente en los países fronterizos con Rusia, que eso puede suceder”, advierte.
Para el experto otro riesgo es el colapso de Ucrania:
“Me parece que una posibilidad es que en un determinado momento el Estado ucraniano pueda colapsar y ese es el motivo por el que la Unión Europea busca mantener a ese país en pie, pues su colapso tendría un efecto devastador en toda Europa”.
Un colapso de Ucrania, dice, podría llevar a que Rusia pudiera extender su frontera más hacia Occidente, pero fundamentalmente dejaría un territorio disputado en modo permanente por grupos locales en guerra entre sí, unos por cuenta de la Federación Rusa y otros por cuenta propia.
LJ
