¿La guerra en Irán será breve? Eso es lo que Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, prometió al mundo hace apenas unos días. Sin embargo, parece que su secretario de Defensa, Pete Hegseth, desmiente esa predicción, al advertir la semana pasada que la situación se está “acelerando, no desacelerando”, mientras promete más bombas y aviones de combate. El conflicto se extendió por toda la región e incluso más allá, con el hundimiento de una fragata iraní frente a Sri Lanka.
¿Cómo va a terminar todo esto? Puede ser menos una cuestión de drones, barcos y artillería que de cadenas de suministro, inflación y mercados de deuda. Desde que comenzó la guerra en Ucrania en 2022 hemos visto cómo el uso como arma de la energía y el comercio puede generar crisis inflacionarias que resultan en ventas masivas de bonos a corto plazo. Estos, a su vez, pueden cambiar el curso de los acontecimientos políticos.
La crisis de los bonos de gobierno del Reino Unido que hundió el breve mandato como primera ministra de Liz Truss se produjo en parte en este contexto. También lo hizo el cambio radical en la actitud europea hacia la política industrial y el gasto en defensa, que se produjo luego de la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra global de aranceles de Estados Unidos.
Más recientemente, el nerviosismo en el mercado de bonos por los aranceles estadunidenses y las prohibiciones chinas a la exportación de tierras raras dio origen al “Taco” en el comercio, ya que Trump se vio obligado a poner pausa a la mayoría de sus aranceles recíprocos en medio de fuertes ventas de bonos del Tesoro que impulsaron de manera drástica los rendimientos. Las acciones y el dólar también se debilitaron como resultado, marcando una inusual triple ola de ventas.
Entonces, ¿qué nos dicen los mercados ahora? ¿Cuánto puede durar esta guerra? Apuesto a que más de lo que podemos desear.
Si bien EU tiene motivos para querer un final rápido del conflicto, al tener en cuenta que el incremento de los precios de la gasolina perjudicará a los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato en noviembre, el régimen iraní podría tener mucho que ganar prolongando el sufrimiento con ataques con drones y ataques a sus vecinos del Golfo. Esto provocaría aún más disrupción en los mercados de energía, impulsando la inflación en todo el mundo. Como lo expresó el analista Luke Gromen en un boletín reciente: “Irán no tiene que derrotar al ejército estadunidense; solo tiene que derrotar al mercado de bonos del Tesoro de EU”. La idea es que una caída grave del mercado de bonos obligará a Estados Unidos a replegarse.
¿Eso es probable? ¿Y cuánto tardará? Sin duda, más de unas cuantas semanas, y no todo está en manos de Trump. Sí, los precios de la gasolina en Estados Unidos subieron (aunque no tanto como en Europa) y el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años volvieron a superar 4 por ciento, lo que enfría la incipiente recuperación del mercado inmobiliario estadunidense. También decepcionará a algunos operadores que recién recurrieron a los bonos del Tesoro como cobertura y a muchos que anticipaban recortes de tasas que es posible que no se produzcan. Sin embargo, el dólar se mantiene fuerte, ya que la crisis del petróleo golpea con más fuerza a Europa y a los importadores de los mercados emergentes en el corto plazo.
Aun así, como nos demostró Ucrania, la inflación no es algo que sea de un solo golpe. Primero pega en el combustible, luego en los alimentos, en parte a través de fertilizantes (que consumen mucha energía) y otros productos con alto contenido de petróleo. “La inflación de costos (debido a la guerra) se está extendiendo a través de los materiales y la logística, así como por el prolongado tiempo de tránsito, lo que ejerce presión sobre la liquidez de ciertas empresas”, señala Matt Lekstutis, director de Efficio, una consultora de cadenas de suministro con sede en Londres. Entre los sectores con mayor riesgo se encuentran los petroquímicos, los plásticos y el aluminio.
Mientras, China, por mucho el mayor comprador de petróleo iraní, puede aprovechar su propia ventaja geoeconómica al haber adquirido puertos en todo el mundo y de “controlar la mayoría de los barcos del planeta”, como señala Lekstutis. De ser así, los costos de envío y la inflación de los bienes en muchas áreas más pueden dispararse.
Además existen vulnerabilidades que ya acechan en los mercados globales de bonos. Como muestra el informe de deuda de la OCDE de 2026, que se publicó la semana pasada, los activos a corto plazo, como las letras del Tesoro, se convirtieron en una fuente de financiamiento cada vez más importante para los participantes del mercado, “superando a los bonos de tasa fija en volumen de emisión y representando ya 15 por ciento del total de la deuda”.
Al mismo tiempo, inversionistas a corto plazo sensibles a los precios —en particular los fondos de cobertura— poseen más bonos gubernamentales y corporativos que antes. Su “propensión a vender durante una desaceleración”, sobre todo durante eventos geopolíticos, y su falta de transparencia hacen que los mercados sean especialmente vulnerables. Como señalan los autores, los fondos de cobertura suelen liquidar posiciones y retirarse del mercado justo cuando más se necesita liquidez. Si a esto le sumamos otros factores de riesgo, como la cantidad de criptomonedas en el sistema financiero, es fácil imaginar una crisis de mercados que se desencadene con rapidez.
Por muy compleja que sea la geopolítica en la actualidad, la geoeconomía lo es aún más. Sí, que Estados Unidos se apodere del petróleo venezolano e iraní tiene un inconveniente obvio para China, algo que sin duda forma parte del plan de guerra de Trump. Pero si el impacto a largo plazo es impulsar al alza los rendimientos de los bonos, la inflación (que solo se verá parcialmente mitigada por el propio suministro nacional de energía del país) y los déficits estadunidenses, y en última instancia desencadenar una gran liquidación de bonos del Tesoro, la economía de EU y la mundial va a sufrir mucho. Sospecho, por desgracia, que esta guerra y esta historia del mercado nos acompañarán durante algún tiempo.