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Mónica vive una triple tragedia: sepultó a su hija y nieto tras un choque... y hoy lucha por salvar a su única nieta

Desde Otzolotepec hasta Guanajuato, Mónica enfrenta el dolor de una pérdida.

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La tragedia obligó a Mónica Hernández Martínez a recorrer dos veces el mismo camino entre el Estado de México y Guanajuato en apenas unos días.

Primero viajó desde el ejido El Espino, en el municipio de Otzolotepec, en el nororiente de Toluca, para reclamar los cuerpos de su hija y de su nieto, muertos en un accidente de un autobús de pasajeros ocurrido la madrugada del sábado 13 de junio sobre la carretera 57, en San José Iturbide, en el oriente guanajuatense, cerca de los límites con Querétaro.

Apenas terminó de sepultarlos, emprendió de nuevo el viaje hacia León. En un hospital permanece internada Ana Leydi, su nieta y la única sobreviviente de su familia. 

Mientras una parte de su corazón quedó sepultada en Toluca, la otra sigue aferrada a la esperanza de verla salir con vida.

Mónica Hernández Martínez no ha podido encontrar consuelo. Tampoco ha terminado de llorar.


La tragedia sigue escribiéndose

Tras despedir a su hija, Mónica Leydi Díaz Hernández, de 31 años, y a su nieto José Antonio Mireles Díaz, de nueve, la señora tuvo que volver a León, donde permanece hospitalizada Ana Leydi Mireles Díaz, la única integrante de su familia que sobrevivió al accidente, que dejó seis personas sin vida y 12 lesionadas tras el choque entre un autobús de pasajeros y un tráiler.

“Si a lo mejor cada madre, cada abuela, supiera que algo va a estar mal o que algo va a suceder, no los dejaría uno salir de casa”, dice Mónica entre llanto.

El sábado pasado su vida se detuvo de golpe. Con dificultad logra precisar la hora, pero recuerda que una vecina llegó desesperada a su casa para avisarle del accidente.

Poco después, una lista de personas fallecidas comenzó a circular en redes sociales. Ahí aparecían los nombres de su hija y de su nieto. El de su nieta no estaba.

La incertidumbre la obligó a salir casi de inmediato rumbo a León. Dice que fue el viaje más largo de su vida, no por la distancia, sino porque sentía que nunca iba a llegar.

Ya en la ciudad zapatera, otra noticia volvió a estremecerla. En redes sociales circulaba una publicación en la que buscaban a los familiares de una menor llamada Ana Leydi Mireles Díaz. Al leer ese nombre, Mónica, de 52 años, sintió que la garganta se le cerraba. Era el nombre de su nieta.

MILENIO visitó el hospital y, entre el ir y venir de pacientes y familiares, encontró a Mónica y al tío de Ana Leydi. Ambos permanecían en silencio, con el rostro marcado por el cansancio y el dolor.

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Mónica viajó dos veces a Guanajuato: primero por los cuerpos de su hija y nieto; ahora pelea por la vida de su nieta. Foto: Eleazar Bandala

Apenas unos días antes habían despedido a dos integrantes de su familia; ahora toda su esperanza está concentrada en la recuperación de la menor.

El accidente ocurrió la madrugada del sábado y fue hasta el martes cuando los cuerpos pudieron ser trasladados a Toluca, después de concluir los trámites legales correspondientes.

El miércoles les dieron el último adiós y, esa misma noche, emprendieron nuevamente el viaje hacia León para permanecer al lado de Ana Leydi.

Mónica reconoce que, desde el primer momento, su nieta quedó bajo el cuidado del personal médico del hospital. Agradece profundamente la atención que le han brindado en medio de una situación que jamás imaginó enfrentar.

Iban a festejar el cumpleaños del niño

Al preguntarle por ese viaje, Mónica baja la mirada.

“No sé a dónde iban… no sé si iban o venían”, responde. Lo último que supo fue que su hija llevaría a sus dos hijos a celebrar el noveno cumpleaños de José Antonio.
“Mi niño el 10 de junio cumplió nueve años, y su mamá le dijo que lo iba a llevar de paseo... y pues sí lo llevó. Iba muy feliz, mi niño, y… —Su voz se entrecorta—. Su felicidad se le cumplió… pero fue un viaje sin regreso… Me regresó, pero no como yo hubiera querido”, expresa la abuela, incapaz de contener las lágrimas.

En ese viaje viajaban José Antonio, Mónica Leydi, Ana Leydi y un acompañante cuya identidad la familia desconoce. La abuela asegura que nunca antes lo había visto.

La única sobreviviente de la familia fue Ana Leydi Mireles Díaz, quien fue trasladada de inmediato al Hospital General Regional de León debido a las graves lesiones que sufrió en la pelvis. Hoy su estado de salud se reporta estable.

Esperará a su nieta el tiempo que sea necesario

Después de días de incertidumbre, por fin comenzaron a llegar las primeras señales de esperanza.

La pequeña Ana Leydi Mireles Díaz ha mostrado una evolución favorable. Su abuela cuenta que ya volvió a comer y que incluso ha comenzado a reconocer los rostros de sus familiares, pequeños avances que hoy significan todo para una familia que intenta levantarse en medio del duelo.

"Se está restableciendo... Ahí va poco a poco. Todavía está un poco delicada, pero ya empezó a comer, ya son buenas noticias... Ya pudo reconocer a su tío, que es lo más importante", dice Mónica, aferrándose a esas palabras como quien se aferra a la vida.

La abuela recuerda que, desde el primer momento, recibió el apoyo de personas de León que se comunicaron con ella para ofrecer ayuda, así como de vecinos y habitantes de su comunidad, quienes no la han dejado sola.

“Le agradezco a la presidenta Sinaí (Lugo, alcaldesa de Otzolotepec) y a todos mis vecinos, familiares, amigos, que han estado desde el momento que se enteraron de esta situación… (ellos) han estado con nosotros”, dice entre lágrimas.

Cada día que pasa representa un pequeño paso hacia la recuperación de Ana Leydi. Mónica asegura que esperará el tiempo que sea necesario afuera del hospital. No tiene prisa. Lo único que desea es volver a llevarse a su nieta a casa.

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José Antonio Mireles Díaz, de nueve. Foto: Especial

Con una colecta y mucho amor, una comunidad abraza a la familia

Mientras en León la familia espera la recuperación de Ana Leydi, en el ejido El Espino, en Otzolotepec, el dolor también se volvió colectivo.

Prácticamente tres días después del accidente ocurrido sobre la carretera federal 57, en Guanajuato, llegaron a esta comunidad los cuerpos de Mónica Leydi y del pequeño José Antonio, madre e hijo que perdieron la vida en el choque entre el autobús de pasajeros y un tráiler.

El arribo estuvo acompañado por muestras de respeto, solidaridad y cariño. Desde que se conoció la tragedia, vecinos, familiares y amigos comenzaron a organizarse para ayudar, primero tratando de localizar a los familiares de Ana Leydi, la menor que logró sobrevivir al accidente, y después acompañando a la familia durante los días más difíciles.

Con el paso de las horas, la comunidad de El Espino hizo suyo el dolor de la familia. Gracias a ese respaldo, tanto la abuela como una tía de Ana Leydi pudieron trasladarse hasta León para permanecer a su lado mientras recibe atención médica.

Después de un fin de semana marcado por la incertidumbre, los cuerpos de Mónica, de 31 años, y José Antonio, de nueve, finalmente regresaron a la comunidad que los vio crecer.

En un primer momento, las versiones preliminares señalaban que entre las víctimas había dos personas originarias de Toluca; sin embargo, fue hasta el domingo 14 de junio cuando se confirmó que pertenecían a la comunidad de El Espino, Otzolotepec.

Desde el lunes 15 de junio, los vecinos esperaban la llegada de los restos para despedirlos con una oración, encender una veladora y acompañar a la familia en su duelo. De acuerdo con habitantes de la comunidad, los servicios funerarios partieron desde San José Iturbide con rumbo al Valle de Toluca.

El traslado duró cerca de cuatro horas, hasta llegar a la comunidad ubicada entre los municipios de Toluca y Xonacatlán, donde familiares, amigos y vecinos ya los esperaban para darles el último adiós.

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Mónica Leydi Díaz Hernández, de 31 años. Foto: Especial

Se suman a una colecta para ayudarlos

El dolor también despertó la solidaridad.

Para apoyar a la familia, la Escuela Primaria Cuauhtémoc, donde, de acuerdo con vecinos, estudiaba el pequeño José Antonio, puso en marcha una colecta de alimentos y apoyos económicos.

La comunidad fue convocada a donar arroz, frijol, azúcar, café, aceite, leche, atún, papel higiénico y artículos de higiene personal, además de aportaciones económicas que permitan a la familia enfrentar los gastos derivados de esta tragedia.

La institución educativa expresó también sus condolencias y envió un mensaje de fortaleza para los familiares.

“La solidaridad es el lenguaje del corazón cuando las palabras no son suficientes. Agradecemos profundamente su generosidad”, se lee en un mensaje difundido a través de redes sociales.

Hoy, mientras una madre y un niño ya descansan en su tierra, una comunidad entera permanece pendiente de la recuperación de Ana Leydi. Para Mónica, el duelo tendrá que esperar un poco más. Su prioridad es permanecer junto a la única nieta que le queda y acompañarla hasta el día en que pueda volver a casa.

kr

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Monserrat Mata
  • Monserrat Mata
  • monserrat.mata@milenio.com
  • Reportera en MILENIO Estado de México desde 2016, egresada de la Facultad de Humanidades de la UAEMex. Escribo sobre Salud, Desarrollo Agropecuario y Medio Ambiente.
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