Con técnicas que se preservan desde hace más de cuatro siglos, artesanos dedicados a la elaboración de talavera replicaron en esta cerámica la pintura de las doce Sibilas, mujeres profetisas de los hechos de la vida de Cristo, que atesora la Casa del Deán, en Puebla.
La importancia de esta reproducción en talavera radica en la conservación de la tradición alfarera, según explica Germán Gutiérrez, fundador de Casa de Talavera Celia, uno de los nueve talleres poblanos dedicados a la elaboración de esta cerámica y que cuentan con certificado de origen.
En entrevista para MILENIO, el especialista destacó que la talavera, más allá de objetos utilitarios, hoy se manifiesta en piezas y representaciones que buscan rescatar la memoria histórica de la ciudad.
La Casa del Deán, ubicada sobre la calle 16 de Septiembre 505, es uno de los inmuebles más emblemáticos del Centro Histórico de la capital poblana, no solo por su valor arquitectónico y su estilo renacentista, sino porque en su interior alberga parte de las obras murales más antiguas de la ciudad de los Ángeles.
El inmueble, edificado entre 1564 y 1580, fue habitado por el tercer Deán de la Catedral de Puebla: don Tomás de la Plaza Goes. Por más de tres siglos el inmueble se mantuvo intacto; sin embargo, en 1953 gran parte del recinto fue demolido para la construcción de un cine. Gracias a la intervención de especialistas, se logró restaurarlo y hoy es un museo abierto al público, a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La casa resguarda en su interior los únicos murales civiles del siglo XVI en todo México. En una de las habitaciones se aprecia “La cabalgata de las sibilas”, una obra que representa a vírgenes profetisas que relatan parte de los hechos de la vida de Cristo.
Réplica del inmueble
Como una manera de preservar la obra, Talavera Celia, taller de origen poblano fundado en 1992, se dio a la tarea de replicar los frescos de la Casa del Deán, uno de los inmuebles más antiguos de la ciudad.
El proyecto logró condensar en un retablo cerámico el fresco de las Sibilas. El retablo en talavera permite apreciar a cada una de las sacerdotisas montadas en corceles, vestidas con atuendos de la época, incluida una que cabalga con los ojos vendados.
Cada detalle en el muro de cerámica es único, incluso los pasajes y la fauna que rodean a las profetisas.
“Todo lo que hay en el cuarto (Casa del Deán) lo condensamos en un solo retablo. Es importante para nosotros porque en algunos casos empieza a borrarse; es la obra que representa a las Sibilas que hacen la anunciación, muerte y pasión del Señor. ¿Tiene importancia? Muchísima”, comentó Germán Gutiérrez, fundador de Casa de Talavera Celia.
Llevar la obra a la cerámica no fue una tarea sencilla. El proceso tomó más de un año, con la participación de un equipo especializado entre artesanos y diseñadores que impregnaron la técnica alfarera.
Bajo la técnica estannífera, que consiste en lograr el dominio del color, el vidriado exacto y pinceladas únicas, se logró detallar cada uno de los azulejos que componen el retablo en esta cerámica.
Puebla, mejor ceramista en América
La cerámica es la primera manifestación artística del mundo, consideró Germán Gutiérrez al señalar que el retablo de las Sibilas en talavera es una obra diseñada para la eternidad.
Comentó que la réplica de esta obra podría conservarse por más de 650 años, debido a su brillo y color original.
Mantienen la historia
Además de esta obra, el taller se ha dedicado a reproducir piezas de distintas épocas y temáticas con la idea de preservar su elaboración e internacionalizar la cerámica poblana.
Casa Celia, que al mismo tiempo es un museo, exhibe una colección de más de mil piezas de diferentes épocas y civilizaciones: desde tibores chinos, arte sacro y chinas poblanas, hasta el David de Miguel Ángel, Nabucodonosor (rey de Babilonia), episodios del Popol Vuh, un ajedrez que representa la Batalla del 5 de mayo, la Diosa de las Serpientes, Marcel Marceau, episodios de la Divina Comedia de Dante Alighieri y figuras del Carnaval de Huehues de los Barrios Originarios de Puebla, todas elaboradas con los procesos originales de la técnica alfarera y que cuentan con la Denominación de Origen.
El taller también reprodujo en esta cerámica el fresco de los Triunfos de Petrarca, otra joya que durante años permaneció oculta bajo capas de pintura en la Casa del Deán y que hoy es posible apreciar en el Museo de la UPAEP.
“Para nosotros ha sido muy importante hacer algunas réplicas de los que consideramos íconos para Puebla, como la China Poblana de dos metros, una que tenemos aquí. Hemos venido trabajando con representaciones que son parte de la cultura”.
Patrimonio que debe protegerse
El proceso de elaboración de la talavera fue inscrito en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), un reconocimiento que comparten Puebla, Tlaxcala, Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, en España.
Sin embargo, el oficio corre el riesgo de desvanecerse frente a la industrialización, la competencia desleal y la falta de conocimiento entre las nuevas generaciones.
En la actualidad solo existen nueve talleres certificados para la elaboración de talavera en el estado de Puebla, explica Germán Gutiérrez, y en ellos recae el reto de preservar la técnica alfarera auténtica, basada en el uso de barros naturales y esmaltes regionales.
El proceso de cada pieza en este taller comienza con la mezcla de barros en el tradicional torno manejado por artesanos. Una vez que toman forma, las piezas se hornean a altas temperaturas.
Posteriormente, sigue el proceso de secado y esmaltado, donde adquieren el tono amarfilado que las caracteriza como auténtica talavera.
De ahí, la pintura de cada pieza se realiza a mano por maestros decoradores que utilizan técnicas de estarcido y plumeado. Las piezas decoradas de manera artesanal vuelven al horno para su toque final.
En entrevista, el fundador de Talavera Celia, uno de los nueve talleres certificados, destacó la importancia de abrir espacios dedicados a la enseñanza y transmisión de conocimientos sobre esta cerámica.
Con ese propósito, refirió que desde hace tres décadas se ha dedicado a elaborar y diseñar piezas originales a fin de mostrar la talavera al mundo.
Destacó que en la enseñanza radica el reto de que se mantenga viva, preservar el legado cultural e histórico y transmitirlo a futuras generaciones.
“Todas las enseñanzas antes se hacían de familia a familia, un error que ha puesto en grave peligro a la talavera; por eso, el conocimiento que tenemos se debe difundir. Tenemos actualmente solo nueve talleres que siguen el proceso de elaboración entre siete mil millones de habitantes. Por eso es necesario que tengamos el conocimiento de la elaboración, por eso fue llamado Patrimonio de la Humanidad y eso es lo que defendemos”, señaló.
El defensor de la talavera indicó que esta cerámica elaborada en Puebla es más que una artesanía, pues es parte del patrimonio vivo y su práctica debe protegerse.
“En estas nueve casas estamos manteniendo la autenticidad de su elaboración y con eso estamos defendiendo el Patrimonio de la Humanidad y defendiendo, lógicamente, que Puebla es el mejor ceramista en América. Celia se enfocó no solo en la reproducción de platos y tazas, sino que quisimos romper paradigmas: las bases cerámicas de Puebla, nuestros barros, nos dan para más; entonces, lo primero que hicimos fue apostarle a la cultura, al arte”, señaló.
AH
