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  • “¡Goooooool!”: los cronistas deportivos se convirtieron en los últimos rapsodas del futbol

La narración deportiva sobrevive al paso del tiempo y, actualmente, al aude de la tecnología digital y de la cancha | Especial

Antes de que las cámaras lo mostraran todo, los cronistas deportivos construían el partido con palabras. Así nació una generación de narradores que hizo del futbol una épica popular y colectiva.

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DOMINGA.– Antes de las pantallas gigantes, el VAR y las estadísticas en tiempo real, hubo una época en que el futbol cabía completo dentro de una voz. Los narradores fueron los ojos de quienes no podían ver, los intérpretes de la emoción colectiva y los arquitectos de recuerdos que sobrevivieron a los propios partidos. A las puertas del Mundial de 2026, este es un viaje por el oficio de quienes convirtieron una pelota en literatura oral y un gol, en memoria compartida.


El 31 de mayo de 1970, la Unión Soviética apareció en el Estadio Azteca para enfrentar a México. Sobre el pecho de los jugadores destacaban cuatro letras blancas: CCCP. Los doctos, políticos y diplomáticos sabían que esas siglas significaban la abreviatura oficial de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en alfabeto cirílico. Para los estrategas militares representaban al bloque comunista en plena Guerra Fría. Pero para millones de mexicanos sentados frente al televisor, aquellas letras no significaban absolutamente nada.

Entonces apareció la voz de Ángel Fernández, el comentarista deportivo más popular de los años sesenta y setenta, ante el micrófono de la transmisión emitida por Telesistema Mexicano, hoy Televisa. La cámara hizo un acercamiento al uniforme soviético. El narrador más famoso del país observó las siglas durante unos segundos y decidió que la geopolítica era demasiado solemne para dejarla intacta. Dijo:

—Y ustedes se preguntarán, ¿qué significa CCCP?

Hizo una breve pausa dramática.

—Pues quiere decir… ¡Cucurrucucú Paloma!

La ocurrencia provocó risas en la cabina, en las salas de las casas y en millones de espectadores que seguían la inauguración del primer Mundial organizado por México. De un plumazo, Ángel Fernández había transformado una referencia al poder soviético en un huapango mexicano. Había cambiado Moscú por Tomás Méndez. La Guerra Fría por una canción ranchera.

Ángel Fernández fue uno de los cronistas deportivos más importantes de México | Especial
Ángel Fernández fue uno de los cronistas deportivos más importantes de México | Especial


Décadas después, mucha gente olvidó el horrendo cero a cero con el que terminó aquel México vs la URSS. Otros ni siquiera recuerdan cómo se desarrolló el partido o si fue emocionante al menos. Pero siguen contando la broma de Ángel Fernández. Y ahí está el secreto: los grandes narradores de futbol nunca se conformaron con describir la realidad sino que la reinterpretaban. La exageraron, la vistieron de metáforas y la convirtieron en memoria colectiva.

Eduardo Galeano, escritor y pensador uruguayo, escribió en su El fútbol a sol y sombra que los relatores deportivos eran una especie de magos. Hombres capaces de transformar un encuentro mediocre en una batalla épica y un gol en una explosión operística que hacía levitar a quienes escuchaban la radio desde una cocina, un taller mecánico o una cantina. Cuando el narrador sostenía durante varios segundos la vocal de la palabra “gol”, el oyente abandonaba la tierra para elevarse al cielo de la ilusión.

La definición parece romántica pero también es exacta. Durante buena parte del siglo XX, el futbol no llegaba a las personas mediante imágenes, sino vía la palabra. Ya fuese impresa en los diarios o, más tarde, en sonidos que llegaban a través de la radio. Aquellos relatores convertían noventa minutos de incertidumbre en una historia épica, como los antiguos rapsodas que recorrían los pueblos relatando las hazañas de héroes y guerreros, ellos aprendieron a convertir una barrida en una batalla, una derrota en tragedia y un gol en una forma de felicidad colectiva.

El origen de los narradores deportivos

Las primeras transmisiones deportivas comenzaron alrededor de los años 1920 y 1930; mucho después del surgimiento del soccer.
Las primeras transmisiones deportivas comenzaron alrededor de los años 1920 y 1930; mucho después del surgimiento del soccer.| Especial


El futbol moderno nació en Inglaterra en el siglo XIX, pero los cronistas deportivos aparecieron mucho tiempo después, cuando la radio se convirtió en el medio masivo por excelencia. Entre las décadas de 1920 y 1930, las voces surgidas de las bocinas comenzaron a describir partidos para quienes no podían asistir al estadio, algo sumamente importante para los apasionados de este deporte. Esos primeros cronistas tenían la titánica labor de transmitir las emociones que se estaban viviendo en el campo, a kilómetros de distancia de los receptores.

Algunos historiadores señalan que desde 1924 se experimentó la transmisión de un partido entre Argentina y Uruguay, narrado por el locutor Horacio Martínez Seeber. Hay otros cronistas que sostienen que fue antes, en 1922, cuando se registró la primera transmisión radial en Uruguay. Sin embargo, según los propios archivos históricos de la FIFA, la primera transmisión oficial de un encuentro futbolístico la emitió la BBC de Londres el 22 de enero de 1927 con un partido entre el Arsenal y el Sheffield United, que se jugó en el estadio de Highbury y fue narrado por Teddy Wakelam, un exjugador de rugby convertido en comentarista de futbol.

En México, la radio fue la primera tribuna donde el futbol se volvió espectáculo nacional. Con el surgimiento de la XEW en 1930, la radio comenzó a transmitir partidos de futbol en directo. Uno de los pioneros de esas narraciones fue Agustín González Escopeta, considerado el decano de los cronistas deportivos en el país. Su estilo era sobrio, elegante y descriptivo. Narraba goles con frases sencillas como: “Héctor Hernández dispara y anota”.

Alonso Sordo Noriega, un locutor clásico de la XEW durante sus primeros años de transmisiones en las décadas de 1930 y 1940, definía el oficio como “una narración para el oído”. No para los ojos, ni para las cámaras. “Había que describir colores, velocidades, distancias, gestos, atmósferas. Había que explicar si el sol caía sobre la portería norte, si el césped estaba húmedo, si el árbitro parecía nervioso”, se escucha en los archivos sonoros de la hoy W Radio. Su estilo se caracterizaba por la elegancia, la naturalidad y la capacidad de contar historias, convirtiendo cada transmisión en un relato claro y envolvente.

Para Juan Villoro, escritor mexicano, hay una relación muy potente entre el futbol y la palabra. Rememora que “sin saberlo, cuando era niño, los grandes cronistas de la época me regalaron una revelación fundamental: las palabras pueden ser símbolos mágicos. Con las palabras podemos reconstruir la realidad, le podemos dar a la vida algo que no tiene. Ese es el gran secreto de la narración”, confesó ante cientos de lectores en el Zócalo durante la presentación de su más reciente publicación Los héroes numerados que, obviamente, cuenta historias alrededor del balón.

El estilo de Alonso Sordo, en la radio de la XEW, se caracterizaba por la elegancia y naturalidad
El estilo de Alonso Sordo, en la radio de la XEW, se caracterizaba por la elegancia y naturalidad | Especial

La literatura existe para volver tolerable e incluso placentero un mundo imperfecto, donde hay dolores y hay quebrantos. A los seres humanos no nos basta con la realidad tal y como está. “Hace muchos años, Confucio –el gran sabio chino– dijo: necesito una libra de arroz para vivir y flores para saber que vivir vale la pena. De nada sirve solo vivir para subsistir, es necesario tener una gratificación o un placer. En el origen remoto de mi vocación literaria, seguramente está el descubrimiento de estos grandes cronistas que al modo de los rapsodas griegos contaban las hazañas de la tribu”, remató de bolea Juan Villoro.

Narradores para los ojos que no ven


Mucho antes de las transmisiones en alta definición, de las repeticiones instantáneas y de las cámaras capaces de seguir hasta el movimiento de las pupilas de un jugador, el futbol era un acto de imaginación. Antonio Moreno, periodista deportivo de radio, televisión y prensa, lo recuerda perfectamente. “Apagaba la luz de mi cuarto y encendía la radio para concentrarme en los narradores de los partidos de futbol en la radio. Eran los años setenta y yo seguía la carrera de Enrique Borja. No le iba al América, le iba a Borja”.

Toño Moreno escuchaba las transmisiones de Ángel Fernández, Agustín González Escopeta y Fernando Luengas. Los cronistas radiales más populares de la época. En ese entonces, la televisión apenas transmitía algunos encuentros por jornada. La mayor parte del futbol mexicano vivía exclusivamente en las ondas hertzianas. “Su voz eran mis ojos”, me dice en entrevista para DOMINGA.

La frase parece sencilla, pero encierra toda una época. Porque quienes escuchaban aquellos partidos no tenían forma de comprobar nada. Si el narrador decía que el estadio estaba lleno, estaba lleno. Si aseguraba que un delantero corría como una flecha, corría como una flecha. Si describía una chilena espectacular, la chilena ocurría exactamente como él la narraba. La radio exigía fe.

Periodista y narrador deportivo recordado por su investigación sobre los “cachirules” en el futbol mexicano (el acto fraudulento mediante el cual la Federación Mexicana de Futbol usó actas de nacimiento adulteradas para permitir que jugadores mayores jugaran en selecciones de menor edad y aprovecharse de su experiencia, que le costó a México la prohibición para jugar futbol en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y el Mundial de la FIFA de Italia 1990), Moreno recuerda que la responsabilidad de aquellos narradores era enorme.

“Tenías que creer absolutamente todo lo que el narrador te dijera”, explica. Y eso convertía al micrófono en una herramienta tan poderosa como delicada. Un estadio podía construirse con palabras. Una emoción también. Aquellos pioneros desarrollaron una técnica que hoy parece casi artesanal”, sostiene en la charla.

El narrador debía transportar al radioescucha hasta el estadio sin moverlo de su silla. Aquella escuela produjo verdaderos artesanos de la palabra y quizá por eso los relatos de radio terminaron pareciéndose más a la literatura que al periodismo.

Ángel Fernández, Agustín González ‘Escopeta’ y Fernando Luengas eran los locutores más reconocidos de la época
Ángel Fernández, Agustín González ‘Escopeta’ y Fernando Luengas eran los locutores más reconocidos de la época | Especial

Los comentaristas eran magos de la palabra


Entre los cronistas deportivos, hay un antes y un después. Así como recordábamos la ocurrencia del significado de las siglas CCCP, Ángel Fernández se convirtió en un ícono. Llegó al futbol por capricho de Emilio Azcárraga Vidaurreta, luego de que su imperio (Telesistema Mexicano) comprara al Club América. “Necesito alguien que cuente la épica de un equipo antagonista, del equipo villano, con extranjeros y con dinero. El equipo que sea la némesis del Guadalajara”, describe Heriberto Murrieta, comentarista deportivo, en un documental sobre el legado de Fernández.

Don Ángel era capaz de describir las jugadas del gran Hans-Peter Briegel, un robusto, fuerte e implacable defensa central teutón, diciendo que su nombre en español quería decir “Ferrocarriles Nacionales de Alemania”.

Hay personajes que cuentan historias y hay personajes que se convierten en la historia. Ángel Fernández pertenecía a la segunda categoría. Emilio Fernando Alonso, narrador de futbol y sobreviviente del programa que integraba Ángel Fernández en W Radio lo resume con una frase que escuchó toda su vida: “Ángel era capaz de hacer bueno un partido malo”.

La llegada de Ángel Fernández al futbol estuvo influenciada por Emilio Azcárraga Vidaurreta
La llegada de Ángel Fernández al futbol estuvo influenciada por Emilio Azcárraga Vidaurreta | Especial


Fernández venía del beisbol. Llegó al futbol casi por accidente. Al principio necesitaba que alguien le soplara los nombres de los jugadores después de cada gol. Pero terminó creando algo mucho más importante que una carrera profesional: creó un lenguaje y rebautizó con ingeniosos y descriptivos apodos a equipos y futbolistas inmortales: El Supermán Marín, El Kalimán Guzmán, La Máquina Celeste de Cruz Azul, El Piernafuerte Galindo y El Cyrano Borja fueron algunas de sus creaciones. Construyó su propia mitología dentro del futbol mexicano. Cada jugador parecía salido de una novela de aventuras o de un libro de historietas. Cada partido tenía personajes, cada domingo producía nuevos héroes.

Antonio Moreno, quien trabajó con Fernández cuando este dejó Televisa en 1978 y se incorporó al Canal 13 de la televisión pública, suele imaginar qué habría ocurrido si Ángel hubiera conocido las redes sociales. Primero, suelta una risa nostálgica. Y luego, responde con seriedad: “sería una locura, sería viral. Me encantaría que hubiera alguien como él en tiempos de TikTok”. Probablemente tiene razón. Porque mucho antes de que existieran los influencers, Ángel Fernández ya entendía que la audiencia no sólo buscaba información sino personalidad, emoción, entretenimiento.

Hace veintiún años, afuera de la cabina central de la W, pude saludar a Ángel Fernández, ya en sus últimas andanzas radiofónicas. Tenía un programa que se llamaba Futbol y otras galaxias. Todas las tardes se reunía en el lobby con otros tres grandes narradores: Emilio Fernando Alonso, Jorge Ché Ventura y Ara Piloyan. Charlaban y preparaban los temas antes de entrar al programa y, al terminar, intercambiaban impresiones, más anécdotas y hasta chistes.

Ángel Fernández murió un 23 de mayo de 2006, Jorge Ventura falleció once años después y Ara Piloyan murió hace tres semanas. Del cuarteto, sólo sobrevive Emilio Fernando Alonso.

Jorge ‘Ché’ Ventura cubrió más de diez Copas del Mundo
Jorge ‘Ché’ Ventura cubrió más de diez Copas del Mundo | Especial

Del ‘Tirititito’ al ‘Sambombazo’


Enrique Bermúdez de la Serna
, mejor conocido en la jerga televisiva como El Perro Bermúdez, suele decir que el gol es el clímax del futbol. Lo dice como narrador pero también como aficionado. Porque antes de convertirse en la voz más reconocible de varias generaciones de mexicanos fue un niño obsesionado con una pelota. Un joven que jugaba futbol amateur y, después, un locutor de radio que ponía rock y que, como otros tantos, llegó casi por accidente a una cabina deportiva.

Cuando le pregunto qué construye al gritar un gol, la respuesta no tiene nada de técnica. Habla de emociones, de energía y responsabilidad. “El primero que vive el gol eres tú”, me comenta en conversación para DOMINGA. “Tú eres quien lo vibra, quien lo experimenta y quien lo proyecta. Después entiendes que también estás llevando esa emoción a millones de personas”.

Quizá por eso su famosa frase de presentación sigue funcionando décadas después. Cada vez que narra e inicia el partido, de sus cuerdas vocales surge el clásico “¡Aficionados que viven la intensidad del futbol!”. En la charla me confiesa que esa frase la inventó en menos de media hora. Necesitaba algo que lo identificara, algo que lo distinguiera. Pensó en la palabra intensidad porque, según él, eso es precisamente el futbol: intensidad, nervio, alegría y angustia. Espera y júbilo. Una vez la dijo en vivo y nunca más la abandonó.

Pero hay otra reflexión del Perro Bermúdez que resulta más interesante. Cuando le pregunté qué aporta la voz del narrador hoy, que los espectadores pueden ver el futbol, todos los partidos en todo el mundo, desde la comodidad de su teléfono celular, mi tocayo respondió versallesco: “radio y televisión son oficios distintos. En radio eres los ojos del oyente. Tienes que acompañar el balón metro a metro. Decir dónde está. Anticipar hacia dónde va. Construir una imagen completa. La televisión, en cambio, permite algo diferente: interpretar. Explicar. Dar contexto. Acompañar la imagen”.

La respuesta parece técnica pero en realidad es filosófica y explica por qué los narradores siguen existiendo. No para decirnos lo que vemos, sino para ayudarnos a entender por qué importa lo que estamos observando.

El 'Perro' Bermúdez creó la frase “¡Aficionados que viven la intensidad del futbol!”, usándola en todas sus transmisiones | Especial
El 'Perro' Bermúdez creó la frase “¡Aficionados que viven la intensidad del futbol!”, usándola en todas sus transmisiones | Especial

Narrar o gritar


Marion Reimers
, periodista, comentarista y relatora de futbol, observa el presente con cierta preocupación. No porque falten narradores. Porque sobran. En una sola transmisión conviven comentaristas, analistas, exfutbolistas, reporteros, conductores y hasta los patrocinadores metiendo cuchara, todos peleando la misma pelota: la atención del espectador, y nadie quiere soltar el balón.

En medio de ese barullo, su estilo juega distinto. Sin gritar de más. Sin sobreactuar. Sin necesidad de hacer del micrófono un estadio propio. Su voz, más reflexiva y pausada, abre espacios donde otros llenan con ruido. “En nuestros tiempos todo se mide en estridencia”. Esta frase resume bastante bien la lógica actual. “Las redes sociales premian el grito. El algoritmo recompensa el exceso. La emoción suele confundirse con volumen. Y la pasión con estridencia”, sostiene Reimers en entrevista para DOMINGA.

La emoción se confunde con volumen, como si subir la voz fuera lo mismo que sentir. Como si el gol valiera más por cómo se grita que por cómo se construye. Pero para Reimers, la narración no es eso, es otra cosa. Es armar una jugada larga, con pausa, con ritmo. Construir un arco narrativo con su planteamiento, desarrollo, clímax. No sólo contar qué pasó, sino por qué importa. Convertir el partido en historia. Por eso, cuando caía un gol, a veces hacía lo impensable: callar.

Dejaba que hablara el estadio. Que rugiera la tribuna. Que el eco del gol hiciera su propio recorrido. Y sólo después, cuando la emoción ya estaba servida, entraba ella, como quien define la jugada al segundo poste. “No hay que tenerle miedo al silencio”.

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Marion Reimers tiene más de 15 años de experiencia en el periodismo deportivo | Instagram @lareimers

Los herederos


Cuando Xavi Sol tenía once años participó en un concurso llamado Narrador del Futuro. Le pidieron cantar un gol. Lo hizo. Terminó empatado con otro niño después de sostener el grito durante quince segundos. La diferencia estuvo en una ocurrencia. Después de narrar, ofreció un kilo de barbacoa cortesía del Perro Bermúdez para todo el staff. La broma hizo reír a los jueces. Ganó.

Lo interesante no es el concurso. Lo interesante es lo que vino después. Xavi, hoy relator de partidos en W Radio y Claro Sports, comenzó a entrenarse narrando videojuegos. Inventaba personajes. Construía partidos imaginarios. Se enviaba a sí mismo a la cancha como reportero. Después regresaba a la cabina para comentarlos. Era un niño jugando a ser narrador. Pero también era un narrador aprendiendo a contar historias. “Fueron mis prácticas profesionales”, destaca.

Hoy, en una cancha mediática donde la narración compite por llevarse los reflectores, Xavi Sol juega con otra idea: “El protagonista es el partido”. El narrador no es el goleador. Es el que arma la jugada. El que distribuye, el que acompaña, el que pone el balón a rodar mejor. Su tarea no es comerse la cancha, sino hacer que el juego respire. Además, nos deja en claro que en radio el narrador tiene una responsabilidad distinta: decirlo todo. Dónde está la pelota, cómo se mueve, qué colores hay en la cancha, cómo reacciona la tribuna. Porque si la televisión muestra, la radio imagina. Describir no es opcional, es esencial. “Hay que crear imágenes”.

Por eso no sorprende que también trabaje en audiodescripción para personas con discapacidad visual. En ese terreno, narrar deja de ser espectáculo y se vuelve servicio. Un puente entre lo que sucede y quien no puede verlo.

Xavi Sol empezó su trayectoria en la narración deportiva gracias al concurso "Narrador del Futuro"
Xavi Sol empezó su trayectoria en la narración deportiva gracias al concurso "Narrador del Futuro" | Especial

Las tecnologías cambian. Las plataformas cambian. Las pantallas cambian. Pero la necesidad humana permanece. Seguimos buscando historias. Seguimos buscando voces. Seguimos buscando alguien que nos ayude a convertir una sucesión de acontecimientos en algo que tenga sentido.


El futbol nació sin narradores. Los primeros partidos en Inglaterra eran encuentros locales, sin micrófonos ni cámaras. Pero desde que la radio y la televisión lo transformaron en espectáculo masivo, los comentaristas se volvieron indispensables. Hoy, el futbol no se entiende sin ellos: son quienes convierten el ruido de la tribuna en relato, quienes hacen que un gol se escuche más allá del estadio.

Hace diez días comenzó el Mundial de 2026. Hay cámaras capaces de seguir el movimiento de una pupila, inteligencia artificial generando repeticiones imposibles y estadísticas procesadas en tiempo real. Veremos más futbol que cualquier generación anterior. Pero seguiremos buscando exactamente lo mismo que buscaba aquel aficionado que encendía una radio de bulbos hace setenta años. Alguien que nos diga dónde va la pelota. Alguien que le ponga sentido al caos. Alguien que haga que ese gol no sólo se vea, sino que se sienta aún más.


GSC/ASG


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Enrique Hernández Alcázar
  • Enrique Hernández Alcázar
  • Periodista, columnista y conductor de noticiarios con más de 25 años de trayectoria en medios de comunicación. Desde el 2005 conduce el informativo vespertino en W Radio
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