Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) vuelve a la cancha con la publicación Los héroes numerados. El cronista suma un triplete literario sobre este fenómeno del que escribe desde hace casi cinco décadas.
“El futbol es una forma de medir la vida. Creo que todos los aficionados podemos estructurar lo que hemos experimentado a partir de los cortes que nos dan los mundiales cada cuatro años. Vas midiendo lo que te pasó a partir de los mundiales. Todo mundo se acuerda de qué estaba sucediendo en su vida, su familia, a partir de ese contexto y, entonces, es una manera de medir el tiempo, al menos para los que somos aficionados de toda la vida”, dice a MILENIO.
El autor presenta una trilogía dedicada a la crónica y el ensayo sobre el futbol que comenzó con Dios es redondo y Balón dividido. Aunque ha escrito cerca de 30 libros en total, entre novelas, cuentos y ensayos, dice que estos tres títulos representan 10 por ciento de su obra literaria.
“Es una pasión que, a pesar de la manipulación que tiene el juego y de sus grandes tinieblas, mantiene un estímulo fuerte con los grandes jugadores que no dejan de ocurrir. Entonces llevo cerca de 50 años. Soy el primer sorprendido de eso. Jamás pensé en una trilogía, cuando los veo juntos, pues esto básicamente es la constatación de que estoy viejo (risas)”.
El público
Sobre Los héroes numerados, Villoro asegura que tiene dos componentes básicos. “Por un lado, los elementos del juego: la afición, el balón, la camiseta, los abrazos, los cronistas, el árbitro y, por supuesto, los jugadores. Trato de analizar el futbol desde sus distintos componentes. Luego, están las grandes transformaciones o extremos: la relación convulsa entre México y Estados Unidos o la principal aportación del futbol contemporáneo, que es el de mujeres, incorporando a la mitad del planeta a un juego que tenía prohibido y partidos extravagantes”.
En el libro, el escritor aborda las playeras, la labor del cronista, la pelota y la afición, de quien explica: “El público sigue llenando las tribunas porque sus emociones no dependen de los resultados.
"Escribo sobre todos los elementos que constituyen el juego y las situaciones más extremas que ha desatado. Por ejemplo, el partido más loco del Estadio Azteca que terminó entre paracaidistas con una gran bronca y la rivalidad entre Estados Unidos y México, entre otros temas”, explica el autor.
Para Juan Villoro, la publicación de este tercer libro es “la constatación de que el futbol no ha dejado de interesarme, a pesar de las muchas cosas que conspiran en su contra. El pasado mundial en Qatar parecía muy decepcionante a primera vista y, sin embargo, una vez en la cancha, los jugadores demostraron que podía ser uno de los mejores de la historia. Nunca se sabe qué va a pasar en el juego y creo que el futbol tiene anticuerpos contra la realidad”.
Y agrega: “La realidad conspira para convertirlo en una mercancía siniestra, para especular con los jugadores y venderlos sin hacer caso a la pasión que la gente tiene por ellos” Los políticos tratan de manera abusiva de beneficiarse del juego; hay dopaje, racismo, machismo y, sin embargo, las grandes jugadas siguen sucediendo. Esta capacidad que tiene el fútbol de ponernos en contacto con un doble origen, el origen de la especie, es decir, la tribu del comienzo, y el origen de nuestra propia vida, la infancia. El niño que le apostó a unos colores y no a otros y que se encandiló para siempre con el juego de la pelota”.
Es del Necaxa
Juan Villoro es aficionado del Necaxa y en su juventud jugó futbol de extremo derecho.“Era un esforzado jugador que simplificaba las jugadas centrando rápido, cerrando la pinza, nunca con talento (risas). Me gustaba más jugar con la mente y ser quizá desde entonces más aficionado que protagonista”.
Aunque su trilogía ha sido exitosa por narrar el futbol como fenómeno social, económico e histórico, el autor explica: “No pensé nunca escribir tanto de fútbol, pero me ha gustado hacerlo; no sé si en el futuro seguiré escribiendo. Ahora, durante el Mundial, voy a tener una correspondencia con el escritor argentino Martín Caparrós; este será nuestro tercer Mundial juntos. Cronos retira a los futbolistas y eventualmente también a los escritores. No sé hasta dónde llegaré".
Por otra parte, el autor recordó los mundiales en México, como la rechifla al presidente Miguel de la Madrid en 1986:
“La gente estaba indignada ante la falta de respuesta tras el terremoto del 85. No era una multitud políticamente orientada, pero de manera espontánea recordó la falta de apoyo y se articuló un descontento organizado. Después de esa rechifla, el PRI no volvió a ganar una elección sustanciosa en la Ciudad de México. El fútbol también sirve para pasar factura a los gobernantes”.
Lo actual
Sobre lo ocurrido en la inauguración del estadio Banorte y el grito homofóbico, opina: “Hubo una rechifla y un muerto también de esta situación del borracho extremo mexicano en el Mundial del 98; un borracho mexicano apagó con una orinada la llama del soldado desconocido. En el Mundial de Corea y Japón, otro borracho mexicano jaló el freno de emergencia del tren bala. En el Mundial de Brasil, uno se aventó por la borda de un crucero. En fin, tenemos también un récord extraño; siendo una de las mejores aficiones del mundo, tenemos esta figura límite, que es el borracho suicida”.
Y afirma que “el problema de las costumbres es que no se cambian por decreto. El grito homofóbico es repudiable, pero no va a terminar por un mandato. Expresa el descontento del aficionado mexicano, que es muy entregado y recibe pocas recompensas. Los gritos y abucheos son válvulas de escape ante una realidad que te quedó a deber”.
Finalmente, Juan Villoro opina sobre el próximo mundial en Canadá, México y Estados Unidos.
“Yo creo que puede ser un buen Mundial en la cancha a pesar de las altísimas temperaturas que habrá en Estados Unidos, la gran cantidad de partidos. Todo parece conspirar desde la logística y la política para que no sea un gran Mundial, pero nunca se sabe lo que sucederá. Hay muy buenos jugadores; esperemos que la mayoría de ellos lleguen en buena forma. Ahora, México es un actor de reparto, aceptó en forma absurda no ser el país sede. Hemos sido anfitriones de dos de los mejores Mundiales de la historia y mereceríamos un tercer Mundial para nosotros. Entonces los exiguos partidos que tenemos nos darán una probadita, aunque los precios de los boletos hacen suponer que solo las élites disfrutarán de ellos”.
hc