Atlas de poesía es “una postal enorme de la urbe” dice Víctor M. Navarro (Ciudad de México, 1954), autor de obras como Tacubaya Revisited, poemario publicado en 1983 por la editorial Oasis. Ahora, con su octavo libro de poesía continúa y consolida una trayectoria que comenzó en su juventud y se nutrió con su experiencia en el Taller de Poesía Sintética (TAPOSIN) que creó en la UNAM junto con otros compañeros de generación. De estos y otros temas habla en la siguiente entrevista.
Entre tantas actividades y oficios que desempeña: “cronista, cineasta, locutor, actor, bailarín de mambo y promotor del pequeño comercio”, como se lee en su biografía, ¿qué papel juega la poesía en su vida como creador?
La poesía es el epicentro de todas las demás actividades, a partir de los veinte años escribo poemas. En la secundaria, gracias al maestro Félix, quien impartía Español, descubrí el Siglo de Oro español; el libro de texto El galano arte de leer fue la ventana a Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Boscán, ventana también a los Cantares mexicanos, al Periquillo Sarniento y a otros libros de escritores mexicanos y latinoamericanos. Desde entonces, en gozoso desorden, me he dedicado a leer poesía desaforadamente: Baudelaire, Rimbaud, Nicanor Parra, Girondo, Apollinaire, López Velarde, Villaurrutia, Paz, Huerta, Sabines, Becerra, Castellanos, Plath, la inconmensurable Sor Juana, quería leer toda poesía del mundo y de allí, con mi vida rabiosamente urbana y los avatares amorosos, empecé a pergeñar poemas.
Estudié Periodismo, Letras y Cine en la UNAM. Para sobrevivir y sobre beber he hecho crónicas, entrevistas, editoriales, reportajes, promoción cultural en varias instituciones (INBAL, UNAM, secretarías de cultura, etcétera). Con los compañeros cineastas del CUEC y CCC, participé y actué en varias cintas. El baile lo práctico en fiestas y jolgorios. Provengo de una familia comerciante, me dediqué a vender ropa en el Mercado Cartagena, en Tacubaya, y ahora organizo eventos culturales en los mercados de la alcaldía Miguel Hidalgo.
Atlas de poesía es su octavo poemario. ¿Cómo mira su trabajo anterior, cómo una continuidad en sus preocupaciones y obsesiones urbanas y amorosas?
Atlas de poesía reúne poemas de los últimos seis años e incluye dos o tres textos de épocas juveniles, a partir de esta publicación todo lo que escriba estará enmarcado en este título. Y sí, toda mi poesía, desde Tacubaya Revisited, es una postal enorme de la urbe, mis ciudades interiores, las musas y compañeras que han alimentado mi existencia. Me doy la libertad de auto citarme, de voltear con benevolencia a ese poeta que me he dejado ser.
Para Aída Espinosa Torres, Atlas de poesía “será un referente al cual recurrir cuando se hable de la poesía contemporánea”. ¿Está de acuerdo?
No lo sé de cierto, pero si hay algo serio en mi vida ha sido la poesía, leerla a más no poder y cometer el hermoso desacato de escribirla. Parafraseo a Wilde: “quién soy yo para pontificar si mis líneas son geniales”.
Usted forma parte de una generación de poetas y narradores nacidos en los años cincuenta que coincidieron en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. ¿Qué caracteriza a su generación? ¿Quiénes perseveraron, como usted, en el oficio poético?
Decía Gustavo Sainz, maestro y tutor de nuestra generación, que formamos un grupo de jóvenes estudiando periodismo con una inclinación literaria clara y manifiesta. Con Arturo Trejo Villafuerte, Rafael Vargas, Juan Manuel Asai, Fernando Figueroa, José Buil, Roberto Diego Ortega, Joel Piedra, Sergio Monsalvo, René Aguilar formamos el TAPOSIN (Taller de Poesía Sintética) en la década de los setenta; hicimos las revistas Tintero y Sitios, y a invitación de Sainz entramos a trabajar en la Dirección de Literatura del INBA.
Al TAPOSIN se sumaron José Conde Ortega, Ignacio Trejo Fuentes, Emiliano Pérez Cruz y el pintor y escritor Javier Córdova. Nuestros años felices.
Hasta su muerte, Arturo, Conde, Nacho Trejo, Ortega, siguieron haciendo literatura, periodismo y promoción cultural; los que estamos seguimos produciendo.
¿Cómo mira a las nuevas generaciones de poetas —hombres y mujeres— que más que a los medios tradicionales recurren a las nuevas tecnologías para difundir su trabajo? ¿Dialoga con los y las poetas jóvenes? ¿Con quiénes, por ejemplo?
Sabines decía que a cierta edad la juventud te llega por contagio, durante varios años he coordinado talleres literarios, sin duda es revitalizante interactuar con las nuevas generaciones de escritores y poetas, con algunos mantengo una relación afable y de intercambio literario: Roberto Nava, Aura Sabina, Vanessa Fens, Daro Soberanes, Guille Lera, Temok Saucedo, Margarita Pacheco, entre otros.
¿Quiere agregar algo?
Cómo diría la canción: y sé sinceramente que poeta he de morir.
AQ / MCB