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El Universo imposible

Ciencia

Los físicos piensan que el Universo debe ser necesario. Que todo lo que medimos es comprensible y que no hay muchas opciones para que la naturaleza sea como es.

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Imagina que tienes una balanza muy sensible. Imagina que alguien está pesando paquetes de naranjas en esa balanza, y, curiosamente esta siempre marca: 1.2345678901234567 kg.

Un número remoto y preciso. Toma nota de que, después del decimal viene una secuencia ordenada de números naturales: 2345678901234567 de manera que la forma y la frecuencia lo hacen poco probable.

Que cada paquete pese siempre y exactamente eso, con ese ordenamiento de decimales, es algo muy raro. Decimos que eso es antinatural e improbable. En una reacción emocional comprensible decimos: “eso es imposible”.

Alguien aparece una y otra vez con diferentes paquetes de naranjas y cuando los pesamos encontramos que, de nuevo, es el mismo número. Siempre, con precisión asombrosa, en una secuencia de decimales que parece coincidentemente reproducir a los primeros dígitos que componen el sistema de numeración decimal.

Si no hay ningún mecanismo: resorte especial en la balanza, algún truco de elección de las naranjas o criterios ocultos que nos permita adivinar el peso de cada una, etcétera, consideraremos casi milagroso que tal cosa pueda ocurrir.

Una posibilidad es por supuesto, que contemos con un número infinito de naranjas de diferentes pesos y que la persona cuente con un tiempo infinito para elegir cada una hasta que la balanza dé exactamente ese peso. Si tal cosa ocurriera, si contamos con el infinito en las naranjas y el tiempo, entonces si podemos imaginar que es posible.

Pero si no hay algo que explique por qué ese valor tan específico, diremos siempre que es “antinatural”.

Eso es lo que parece estar ocurriendo con el Universo: las observaciones parecen mostrar un universo imposible. Tenemos mediciones que nos indican que hay un “ajuste fino” para los parámetros que medimos, como, por ejemplo, la masa del bosón de Higgs, o la constante cosmológica.

El Universo es antinatural porque requiere de sintonía. Sentimos que hay algo que no entendemos porque los procesos no parecen ocurrir de manera inevitable.

Esta manera de reflexionar en la naturaleza es filosófica. Se llama “principio de naturalidad”. El principio de naturalidad sostiene que las leyes no deberían depender de coincidencias extraordinariamente precisas para funcionar. Los parámetros fundamentales del Universo deberían tener valores que surjan de manera natural sin necesidad de un equilibrio delicado entre los efectos que intervienen.

Los físicos preferimos una teoría que funcione sin coincidencias improbables o compensaciones casi perfectas entre cantidades enormes.

Pensamos que el Universo debe ser necesario. Que todo lo que medimos es comprensible y que no hay muchas opciones para que la naturaleza sea como es.

De la misma manera pensamos que si en la naturaleza existiese una simetría mayor a la que hemos llamado supersimetría, o que, si el Higgs fuera compuesto por algunas entidades de manera que no es elemental, o que, si existiesen en la naturaleza más dimensiones que las que percibimos, etcétera, entonces quizá tendríamos una explicación para que el Higgs pese lo que pesa. En esas nuevas circunstancias nos parecería natural que su masa (peso) sea el que es.

Lo mismo ocurre con la constante cosmológica. La constante cosmológica es una propiedad del espacio vacío que hace que el universo se expanda cada vez con mayor rapidez.

Aunque solemos pensar que en el vacío no hay nada, en la física moderna consideramos que el vacío posee energía. La constante cosmológica es una medida de esa energía cuya presencia se manifiesta como acción que empuja al espacio haciendo que el Universo se expanda.

Pues bien, esa constante cosmológica tiene un valor que es difícil de explicar.

Sería necesario que en la naturaleza ocurran cosas que no conocemos para justificar que este parámetro tenga el valor que tiene.

Si no vemos supersimetría en la naturaleza, si no hay dimensiones extras más allá de las tres espaciales y una temporal en que vivimos, si el Higgs no está formado por partículas más pequeñas, entonces no entendemos cómo es que las correcciones acaban por eliminarse para acabar dando el número que observamos. Lo mismo pasa con la constante cosmológica.

Los experimentos en el Gran Colisionador de Hadrones han medido la masa del Higgs con gran precisión, así como el valor de otros parámetros que parecen mostrar ajuste fino, es decir: que el Universo es imposible.

Alguien puede decir que un agente externo hace el ajuste, pero eso no es algo que consideremos como razón científicamente válida. Si aceptáramos ese tipo de argumentos no habríamos llegado tan hondo en nuestro conocimiento de la naturaleza. Lo que procede es buscar las razones para la aparente coincidencia de los valores que tienen las constantes fundamentales.

El Gran Colisionador de Hadrones no ha confirmado la naturalidad del Universo y esto ha convertido al principio filosófico en una más de las preguntas abiertas de la física actual.

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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