Cultura

¿Se acerca el fin del mundo? La predicción matemática para noviembre de 2026

Ciencia

La predicción de la revista ‘Science’, lanzada en 1960, seguramente fallará, sin embargo, esto no invalida el mensaje de fondo, la urgencia de que la humanidad reconozca sus límites y actúe en consecuencia

En noviembre de 1960, la prestigiosa revista Science publicó un artículo con el inquietante y provocador título: “Día del Juicio Final: viernes, 13 de noviembre de 2026 d. C.”. Estamos a unos meses de la fecha aciaga.

La afirmación central del reporte era tan simple como que, si la población humana continuaba creciendo al ritmo observado durante los dos milenios anteriores, en esa fecha fatídica la densidad poblacional se aproximaría al infinito. Esto no era una profecía religiosa sino una predicción matemática llevada al extremo.

La fecha apocalíptica está por llegar. En unos meses habremos alcanzado el día del juicio final previsto en 1960.

Estamos de nueva cuenta ante el fin del mundo y aunque las razones van cambiando la sola posibilidad no deja de ser fascinante. Como bien decía Ignacio Padilla: “Cualquier discurso que acuda al estimulo de nuestra vocación de muerte acabará por seducirnos”.

El artículo partía de un hecho claro: el crecimiento demográfico humano había dejado de ser gradual para volverse explosivo. Durante siglos, la población mundial creció lentamente, siempre condicionada por hambrunas, epidemias y guerras. Pero con la llegada de la revolución científica, los avances médicos y la sociedad industrial, la curva se empinó de manera dramática. La mortalidad infantil cayó, la esperanza de vida aumentó y la humanidad comenzó a multiplicarse como nunca en su historia. Traducido al lenguaje de las matemáticas, ese crecimiento podía representarse mediante una función que, proyectada sin límites, conducía inevitablemente a una singularidad: un punto en el que los números dejan de tener sentido.

Una población que “se acerca al infinito” no es, desde luego, una descripción posible de la realidad. El planeta es finito, los recursos son finitos y el espacio habitable también lo es. Precisamente por ello, la fuerza del artículo residía en su carácter paradójico: al llevar una tendencia real hasta el absurdo matemático, revelaba la imposibilidad de que el mundo siguiera funcionando bajo las mismas reglas. El infinito, en este contexto, no era un destino, sino una señal de alarma: el anuncio de que algo tendría que cambiar antes de llegar a ese punto.

Más de seis décadas después, el viernes 13 de noviembre de 2026 ya próximo no parece mostrarse como el día en que la humanidad colapsará bajo su propio peso demográfico. Las tasas de crecimiento han disminuido en muchas regiones, y todo parece indicar que estamos lejos del temido “infinito”. En enero de este año Francia anunció que 2025 fue el primer año desde la Segunda Guerra Mundial en que registró más muertes que nacimientos. El saldo natural fue negativo, con una progresiva caída de la natalidad de los últimos quince años. El año pasado nacieron en Francia 645 000 bebes y murieron 650 000 personas. La población de Francia creció en 0.25% pero eso fue debido a la inmigración.

México alcanzará este año los 134 millones de personas y la tasa de crecimiento continúa disminuyendo. México registra ahora tasas de natalidad más baja por mujer en edad reproductiva que los Estados Unidos.

Nuestro país se encuentra ahora por debajo del nivel de reemplazo que es 2.1 hijos por mujer. Esto implica que a mediano plazo tendremos aún más presión sobre el sistema de pensiones y un menor crecimiento de la fuerza laboral. Ahora el problema será: cómo mantener una sociedad dinámica con menos nacimientos.

Sin embargo, esto no invalida el mensaje de fondo. La singularidad demográfica se desplazó, se suavizó o se transformó, pero la pregunta esencial permanece: ¿puede una especie crecer indefinidamente en un mundo limitado?

El valor del texto de 1960 radica en haber introducido, con crudeza matemática, una reflexión que hoy reconocemos como central: la relación entre crecimiento, límites y responsabilidad. El problema no es solo cuántos somos, sino cómo vivimos, cómo distribuimos los recursos y qué impacto dejamos sobre los sistemas naturales que nos sostienen. El infinito, una noción abstracta propia de las matemáticas, se convierte así en un espejo incómodo que nos obliga a pensar en los límites reales de la biosfera.

En este sentido, el “Día del Juicio Final” del que hablaba Science no debe entenderse como una fecha en el calendario, sino como una metáfora intelectual. Es el día en que una civilización descubre que no puede seguir creciendo sin preguntarse por las consecuencias de ese crecimiento. Es el momento en que la aritmética choca con la ética, y las curvas exponenciales se transforman en dilemas morales.

Quizá la lección más profunda de aquel artículo no sea su predicción fallida, sino su audacia conceptual. Al atrevernos a imaginar el infinito aplicado a la vida humana, nos recordó que el progreso sin reflexión conduce a callejones sin salida. El verdadero juicio final no lo dicta una fecha ni una fórmula, sino la capacidad —o incapacidad— de la humanidad para reconocer sus límites y actuar en consecuencia.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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