Cultura

Albrecht Dürer: entre el arte, la geometría y la ciencia

Ciencia

El artista nacido en Núremberg en 1471 convierte a la geometría en lenguaje visual, filosófico y emocional: una nueva manera de considerar a los objetos con marcado diseño geométrico.

La unión del arte y la ciencia no es nueva, pero sí novedosa y aunque algunos consideran que esa relación se da por la vía de la técnica creemos que esa es una percepción incompleta de lo que realmente puede llegar a significar un vínculo más íntimo.

El año 1514 comenzó un domingo. En su taller, Albrecht Dürer trazaba en cobre un universo de enigmas que convertirían a la geometría en un emblema de sentimientos y emociones. Desde entonces, la geometría, que es cálculo y razonamiento, aparece también como expresión emotiva en el arte.

El año 1514 pronto se convertiría en el año convulso que vio circular los Commentariolus de Nicolas Copérnico —un bosquejo de cuarenta páginas en que se exponían las ideas del sistema heliocéntrico del Universo.

No habían pasado dos semanas desde el primero de enero de ese año cuando se imprimió el Nuevo Testamento de la primera biblia multilingüe hoy conocida por todos como la Biblia Complutense. Los teólogos más destacados de la época se habían reunido en Alcalá de Henares, ciudad española que se asienta sobre el antiguo establecimiento romano Complutum, para traducir y editar la Biblia en hebreo, griego, latín y arameo.

Y fue también en 1514 que se emitió una cédula real que permitía los matrimonios mixtos entre hombres blancos y mujeres indígenas en los territorios del imperio español.

Es en este contexto que Dürer creaba su obra Melancolía I. Un grabado complejo, lleno de simbolismos que encerraban para siempre el misterio de un poliedro haciendo de la figura, símbolo y espejo de la tristeza.

Albrecht Dürer o Alberto Durero Melancolía I
Albrecht Dürer, ‘Melancolía I’, 1513-14. (Wikimedia Commons)

Hay quien dice que parece surgir de un cubo transfigurado: un cubo alargado hasta trocar sus rostros en rombos de 72 grados, y luego cercenado en su cima y en su base, para que broten triángulos que reposan sobre la esfera que circunscribe a los vértices del cubo primordial.

Melancolía I vaticinó la incursión de la ciencia en el arte. El nuevo papel de la geometría en que la razón dibuja sus líneas para que el corazón las habite. Dürer nos dejó los primeros trazos de unión entre el mundo racional de la ciencia y el reino imaginativo de las artes.

No faltará quien piense que los griegos ya habían recurrido a la geometría en el siglo V a.e.c. y recordarán que se había explorado la conciencia estética en el Canon de Policleto el “viejo” donde se establece un tratado teórico de proporciones.

La búsqueda del equilibrio, la simetría y la interacción entre las partes de una representación es muy antigua. La geometría constituyó desde hace mucho el modelo de belleza y perfección.

En ese mismo sentido surgió la perspectiva en el Renacimiento como una más de las muchas aplicaciones que la geometría descriptiva puede ofrecer para representar la realidad de la mejor manera posible. La geometría como ornamento es prehistórica y las matemáticas como gobierno de las relaciones entre objetos estaban ya en Egipto y Grecia; sin embargo, la ciencia como mensaje y no como partitura comenzó con el cuadro de Dürer.

Es Dürer quien convierte a la geometría en lenguaje visual, filosófico y emocional. Se trata pues de una nueva manera de considerar a los objetos con marcado diseño geométrico.

El arte comenzaba a tener una teoría propia y un vocabulario común que además permitirá desarrollar individualidad. Aparecía el lenguaje propio de cada artista.

Y así como surgen símbolos, colores y objetos también el uso de las matemáticas como código expresivo acabará definiendo algunas vertientes del arte por venir.

El lenguaje artístico es la manera como una obra de arte comunica. Para hacerlo siempre ha recurrido a materiales, contenidos, etcétera, pero es a partir del Renacimiento que aparecen la forma y los símbolos como elementos de una nueva gramática.

Un torrente de palabras mudas que expresan con líneas y figuras, a veces con luces y sombras, en ocasiones con objetos o con la ausencia de objetos, todo lo que el artista tiene por decir.

Más tarde llegaron artistas como el ruso Vasili Kandinsky, quien empleó en sus obras la geometría con tal intensidad que teorizó en libros sobre el significado emocional de las formas.

En sus libros, el gran pintor ruso y precursor del arte abstracto Vasili Kandinsky (1866-1944) desarrolló una teoría de las figuras geométricas y sus relaciones. Sus reflexiones son un vínculo entre los conceptos matemáticos y los sentimientos que estos generan cuando se los encuentra en una pintura: “El circulo es la forma más pacífica y representa al alma”, decía.

El poliedro de la melancolía de Dürer, más que un cuerpo geométrico en el grabado es el peso del silencio. Cada uno de sus trazos mide el mundo y cada uno de sus cortes mide la distancia con lo inaccesible. Entre el cálculo y el abismo nos deja ver que la melancolía no nace de la ignorancia sino de la lucidez.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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