Cuando el cine se niega a explicarse a sí mismo nos deja intelectualmente desnudos ante la obra, ante el artificio que deja de ser eso y se transforma en arte. Solo podemos sentir. Esta es la apuesta de Nuri Bilge Ceylan, uno de los cineastas turcos más importantes de su generación e invitado regular a los festivales de cine de arte.
El peral salvaje (disponible en Prime) es una suerte de continuación de Sueño de invierno, una obra que exploraba a sus personajes a través de diálogos larguísimos y escenas que emparentaban la historia con Dostoievski. Y, sin embargo, en El peral salvaje la palabra ha dejado de ser el campo de batalla en que el poder se ejerce. La palabra ya no domina, ha dejado de organizar y, es más, no avanza la trama, nos deja solos otra vez, en la erótica del arte: ¿decidimos abrazar esta película o no?
La historia resulta, en apariencia, simple. Sinan, un joven, vuelve a su pueblo luego de terminar la universidad. Quiere publicar un libro, justamente El peral salvaje. Desde el inicio de esta búsqueda, sin embargo, algo se tuerce: lo que Nuri Bilge Ceylan está contando no es un relato de formación, sino de un autor contemporáneo que parece más bien una especie a la deriva. Cada encuentro en que el protagonista debería empujar la trama siguiendo el modelo aristotélico (con su padre, con los escritores locales, con el imán) termina disolviendo la importancia o no de publicar. ¿Qué significa publicar? ¿Para qué queremos hacerlo? La película no se deja leer entonces como progreso sino como una necia insistencia. Y es aquí donde reaparecen los temas de Sueño de invierno porque, mientras que en aquella película el autor hablaba para dominar, en El peral salvaje habla para sostener una identidad que se le está desmoronando. Y esto puede apreciarse en escenas muy concretas que vale la pena señalar.
Fijémonos en la larga conversación entre dos escritores locales. En términos narrativos tendría que ser una escena de iniciación. El joven frente al autor consagrado, pero ocurre otra cosa: Sinan no escucha, no aprende, se defiende. La importancia de la conversación no está en lo que dicen sino en los pequeños gestos de estos magníficos actores, el momento en que uno de ellos hojea el manuscrito sin interés o cuando Sinan insiste en la singularidad de su obra con un orgullo que muestra más bien desesperación.
Y otra vez: ¿para qué publicar? ¿Qué herida va a cerrarse si se publica El peral salvaje? El deseo de ser escritor está sostenido por una fragilidad a la que cada espectador tiene que darle nombre y derivar hasta su propia vida: para qué seguir casados, para qué seguir en el mismo trabajo, para qué seguir viviendo como hasta hoy. En este sentido, también resulta poderosa la escena del encuentro con Hatice, una joven junto al agua entre los árboles. Esta escena (probablemente una de las más intensas en todo el cine de este autor) concentra en sí misma todo lo que en Sueño de invierno aparecía aquí y allá.
Él y ella caminan, hablan, se acercan. Y hay tensión, pero el erotismo se dispersa. Y al mismo tiempo la erótica de la que hablaba Susan Sontag nos apela más, queremos saber qué está sucediendo: Sinan toma el cabello de Hatice. ¿Un beso? ¿Por qué publicar? ¿Por qué besar a la mujer amada? ¿Qué deseamos de nuestra vida? Si desnudos intelectualmente abrazamos esta película como pediría Sontag probablemente no encontraremos respuestas sino más bien mucha paz
¿Dónde ver El peral salvaje?
La cinta de Nuri Bilge Ceylan está disponible es el servicio de streaming Filmelier+, por medio de Prime Video.
El peral salvaje
Dirección: Nuri Bilge Ceylan | Turquía | 2018
AQ / MCB