La Divina Comedia parecería un inventario monumental de la venganza: los habitantes del infierno y del purgatorio, entre ellos los numerosos enemigos políticos de Dante, experimentan los más atroces castigos. Sin embargo, esta obra supera la invención vindicativa pues, después de los ominosos tormentos, el poeta ofrece un lenitivo atisbo del paraíso, lo que indica que, a través de la poesía, Dante consiguió sublimar el sufrimiento y reconciliarse con su dolencia y su resentimiento. Este es el argumento del ensayo del escritor italiano Fabio Stassi, Y de todo mal me sana un buen verso. Breve discurso sobre Dante, la poesía y el dolor, (Acantilado, 2026). De acuerdo con Stassi en la cruel invención y repartición de castigos de Dante puede verse, en realidad, una honda compasión, que se manifiesta, por ejemplo, en la angustia y desvanecimientos que, durante su recorrido, le causa contemplar el dolor ajeno. El conocimiento de primera mano de las desdichas humanas no solo surge del recurrente sufrimiento del poeta, sino de su solvente conocimiento médico y farmacológico. El infierno resulta entonces una suerte de sanatorio de enfermos (de pecado), estrictamente clasificados por su sintomatología, donde se presentan todo tipo de afecciones y aberraciones físicas y mentales y donde se aplica, en cada caso, un castigo-tratamiento ejemplar y proporcional a la falta o tara. La enfermedad-pecado no se limita a las violencias y afrentas contra otros, sino, también, al uso mendaz de la palabra, inaceptable para el poeta, pues propaga un nocivo y contagioso malestar social.
Según, Stassi el catálogo de padecimientos que se sufren en el infierno y el purgatorio coincide con las más rigurosas taxonomías contemporáneas del dolor, lo que muestra la aguda percepción de Dante. En efecto, Dante fue pródigo en desgracias: aún niño muere su madre, muy joven pierde a su padre y fallece su amada Beatriz y, sobre todo, pierde su patria y vive una madurez errante y llena de penurias, cargando el estigma del paria. El exiliado no solo se priva de recursos de identidad, como el territorio, la fortuna y la familia, sino hasta del idioma. De ahí la necesidad del culto y cosmopolita Dante de escribir su obra maestra en la lengua vernácula de su infancia y juventud. La potencia intelectual e imaginativa de Dante constituye un instrumento esencial para trascender una realidad intolerablemente adversa, como lo hará en la Comedia, donde hasta sus visiones apocalípticas sirven como remedio amargo y donde el propio guía, el poeta Virgilio, funge como un terapeuta del autor. El poeta Dante se erige entonces, la expresión es de Borges, como un “verdugo piadoso” que denuncia el mal y administra el castigo, pero también señala el sendero de la sanación. Así, sugiere Stassi el trayecto, tortuoso pero esperanzador, de la condenación a la expiación, y luego a la dicha, constituye el secreto del carisma y de la permanencia de Dante como estremecedor y entrañable clásico.
AQ / MCB