Cultura

Alan Riding, el cosmopolita

Café Madrid

La muerte de Alan Riding deja el legado de un corresponsal global que ayudó a entender México. Referencia en América Latina y Europa, retrató conflictos, transformaciones políticas y la compleja realidad mexicana.

Un buen periodista es, entre otras cosas, un traductor de culturas, aquel que logra explicarle a “los otros” lo que no entendían o ni siquiera conocían. Uno de ellos era Alan Riding, histórico corresponsal de The New York Times, fallecido hace unos días en París, a los 82 años de edad.

Alan era un señor cosmopolita (nació en Brasil, creció en Inglaterra, se consolidó como periodista en Estados Unidos, cubrió buena parte de América Latina y, tras un breve paso por Italia, se asentó en Francia), que en los últimos años siempre llevaba un sombrero de fieltro de ala ancha y, contradiciendo las recomendaciones de su médico, era aficionado a los puros.

Medio calvo y narizón, también le encantaba la buena mesa sin llegar a ser un vulgar glotón. Muchas veces, también, ocupó las mejores butacas de los espectáculos de ópera más importantes del mundo, los cuales disfrutaba como lo hacen los niños en el circo: con una mirada alegre, cómplice y traviesa.

Además, fue un gran espectador y crítico de teatro. Tanta fue su pasión por las artes escénicas que el agudo reportero de las turbulencias latinas de la década de 1980 escribió y dirigió dos obras de teatro, una en francés y otra en español, que montó en escenarios de París y Lima.

Pero en muchas partes del mundo identifican a Alan Riding como un “mexicanólogo”. En 1984 publicó un libro que no ha dejado de leerse y reeditarse: Vecinos distantes. Un retrato de los mexicanos. Al igual que muchos de sus lectores, el autor llegó a la conclusión de que el subtítulo debió ser el título del volumen, porque se trata más de una radiografía de la gente que vive al sur del Río Bravo que de la relación bilateral entre México y Estados Unidos. En sus páginas plasmó sus observaciones de extranjero y las enmarcó con citas de Samuel Ramos y de Octavio Paz, quienes lo ayudaron a comprender la historia, el comportamiento y el lenguaje de los mexicanos.

Tal vez la frase más citada de su libro sea esta: “orgulloso de su pasado indígena, México parece avergonzado de su presente indígena”. O esta otra, sobre los años del neoliberalismo: “El control de los estratos superiores del gobierno ha pasado de las manos de políticos expertos que estaban en contacto con las bases de la sociedad a las de tecnócratas más conocedores del funcionamiento de la economía mundial que de los intríngulis políticos de México”.

Un poco por cariño a nuestro país y otro tanto porque no dejaban de preguntarle sobre él, aunque vivía del otro lado del charco, Riding estuvo siempre pendiente de los acontecimientos nacionales. Quizá su último análisis de mayor resonancia fue el que pronunció en la FIL de Guadalajara de 2024. Dijo que México tenía dos grandes problemas que le han dificultado el camino hacia la consolidación de su democracia: el narcotráfico y la militarización del país. “Mi preocupación es que, a más de veinte años de haber logrado la democracia electoral, ahora hay peligro de un nuevo régimen de partido único”, dijo entonces. Y apenas en octubre pasado, cuando se reeditó una vez más su bestseller, repitió varias veces que “la 4T ha revivido el viejo estilo priista de la concentración del poder”.

El hombre que fue uno de los “mexicanólogos” más destacados del mundo se jubiló en 2007, después de ser testigo de las guerras civiles en El Salvador y Guatemala, la revolución sandinista en Nicaragua, la Colombia dominada por los cárteles de la droga y las acciones de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso en Perú, así como de la transformación de Europa tras la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética, la expansión de la Unión Europea y el final de la Guerra Fría. También documentó la complicidad de los intelectuales franceses en el París ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y el saqueo del Museo Nacional de Irak tras la invasión estadunidense de 2003.

Alan Riding era hijo de una maestra y de un empresario. Fue el menor de dos hermanos. Estudió Derecho en Londres pero el periodismo se le atravesó y comenzó a reportear en Reuters, que lo nombró corresponsal de la agencia en Naciones Unidas. Desde Nueva York, además, envió colaboraciones para medios como The Financial Times y The Economist. En 1978 firmó el contrato de su vida como jefe de la oficina de The New York Times en Ciudad de México. Ninguna otra experiencia lo marcó tanto como esta. Siempre habló español con acento mexicano. Era uno de los nuestros.

AQ / MCB

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Víctor Núñez Jaime
  • Víctor Núñez Jaime
  • Es reportero y escritor. Sus trabajos, en todos los géneros periodísticos, se publican en los principales medios del mundo hispano. Es autor de libros como Los que llegan. Crónicas sobre la migración global (Debate) y ha sido galardonado, entre otros premios, con el Internacional de Periodismo “Mario Vargas Llosa”, el Premio a la “Excelencia Periodística” de la Sociedad Interamericana de Prensa o el “Rey de España” que otorga la Agencia EFE. Escribe en Laberinto desde hace dos décadas.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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