A Leticia Arroniz
Imágenes, instantáneas, miniaturas. Para celebrar los ochenta años de Francisco Hernández —los cumple exactamente hoy sábado 20 de junio—, llevamos a cabo una gozosa inmersión en los dos voluminosos tomos de su poesía reunida, En grado de tentativa, publicados por el Fondo de Cultura Económica hace diez años. Elegimos, dejándonos llevar por la emoción de nuestra lectura, sin olvidar que la intención era desde el principio componer este brevísimo y sin duda parcial diccionario de asombros. Nada hemos modificado, simplemente tomamos aquellas líneas en que nos ha parecido encontrar algunos de los numerosos momentos en que esa energía verbal que llamamos poesía se hace presente en la obra de Francisco Hernández. Una invitación a la lectura, a la relectura de un poeta fundamental.
Del monólogo dramático al haiku, la aventura poética de Hernández se despliega como un vasto abanico donde se alternan los diversos tonos de una sensibilidad extrema que puede, con igual maestría, asomarse a los más hondos precipicios de la conciencia o cantar la huyente luz que se posa sobre los seres y las cosas más amados. Los viajes a ese lejano interior de sí mismo tienen su correspondencia en otro, el regreso al pueblo natal, que se añora y se teme, donde acechan agazapadas las voces y las visiones de un tiempo muchas veces sombrío.
Voces de otros, reunidas en uno de los libros centrales de nuestra poesía: Moneda de tres caras, en el que Francisco rinde homenaje —transfigurándolas— a tres de sus sombras tutelares: el músico Robert Schumann y los poetas Friederich Hölderlin y Georg Trakl. Voces que no lo abandonarán y que a lo largo de los años habrán de multiplicarse, como en un prisma sonoro, en otras. Su libro más reciente, Avistamiento del fantasma (Vaso Roto, 2026), es el resultado de un diálogo con un ausente —el poeta bruno darío— vuelto creatura de sueño, a través de sus propias palabras. Búsqueda del otro, de ser en los otros. Hernán Bravo Varela lo explica inmejorablemente: “La búsqueda de la otredad no es otra que la del mismísimo e ignoto yo —aunque, tras abandonar la tutoría de los infinitos otros, el yo aparezca con las múltiples versiones de sí”—. Una poética que elude la autocomplacencia y que, por el contrario, prefiere llevar un detallado registro de los momentos en que la enfermedad, la soledad o la intensidad sexual establecen sus dominios.
Conquista de lo inútil, llama el cineasta Werner Herzog al diario de sus afanes para cumplir con su obsesión de transportar un barco a través de una montaña en la selva del Amazonas, donde hubo de pasar, entre otras penalidades, por “las fatigas de los hombres, la carga de los sueños y los suplicios del tiempo”. No se detendrá. Su héroe, Fitzcarraldo, es una suerte de espejo invertido del propio Herzog. En una dirección semejante, la poesía de Francisco Hernández hace pensar en que, más allá de todo, la suya es una conquista del lenguaje, en los términos en que tan precisamente lo expone Mark Strand: “El lenguaje responde a lo que está dentro, detrás u oculto, a lo que, dicho de otro modo, no se aprecia fácilmente, sugiriendo que, así como la oscuridad es el principio de la invención, también la luz es su final”. Feliz cumpleaños, querido Francisco.
Amortajados
amor
taja
dos
Búhos
Búhos destronados por cornejas
instrumentaron tu canción de cuna.
Cuerpo
Esa sombra que avanza cuando mi cuerpo se detiene soy yo.
Diótima
Danzas, Diótima, y detienes al sol en su descenso.
Estrella
Me guío por el sonido que rodea a la primera estrella.
Flor
La flor que veo desaparece cuando la pienso.
Gallo
La noche, para un gallo, es algo que comienza en monasterios subterráneos.
Hijos
El arroz en la cocina huele a estancias lejanas
y mis hijos inventan en su cuarto mundos mejores.
Infancia
Tiene también la infancia muchos labios y más de una garganta.
Jomí
En casa de Jomí había ciruelas y naranjas,
pero el fruto maduro era la luz.
Kafka
No me interesa saber de qué color es la piel de Dios.
Quisiera saber de qué color era la piel de Kafka.
Lentes
Los lentes de los muertos siguen viendo.
Mariposas
Las mariposas amarillas no existen:
son simplemente luz cortada por el viento.
Nubes
Todo nubes, el cielo se agiganta.
Ojos
Mis ojos, encandilados por tu desnudez,
tienen toda la noche por delante.
Pólvora
La pólvora en su boca es un beso sin labios.
Quietud
La quietud de los puertos cuando el ciclón se acerca.
Río
Es un río desbordado para invadirme,
para negarme ante la perfección de lo Divino.
Silla
En la cárcel municipal cualquier silla
es una silla eléctrica.
Templo
La soledad del alba parecía un templo destruido por un terremoto.
Unicornio
El Unicornio sueña con un sueño
donde se inicia el tejido de la separación real.
Vaso
Todo el azul del más profundo cielo
se abandona en el vaso de la lluvia.
Wagner
Antes de partir, lograste llegar a una trinchera
para decirle a Wagner:
—Vámonos. Aquí la muerte nos espera…
Xalapa
Creí estar en Xalapa, dice en voz alta mirando sus nudillos,
donde el día intenta despertar.
Yegua
La oscuridad se hincha: es una yegua
saltadora de estrellas.
Zopilote
Y sobre el sapo,
un taladro, unas pinzas y un zopilote
con las alas abiertas.
AQ / MCB