Ciudad de México /
Tarde fría, con mucho viento.
La voz del Espectro le confiesa a Salieri:
“Extraño a Masterpig como a un respiro.
Aunque no podía verme, al escucharme
recitar poemas se paraba frente a mí.
Risueña, dirigía su cabeza hacia lo alto;
tal vez imaginaba que los versos habían sido
pronunciados por el aire mismo.
Después, cuando mi voz ya no se oía,
Masterpig se iba luciendo su desnudez
sin tocar el suelo”.
AQ