Cultura

Me apasiona lo nuevo y me enamora lo antiguo: la poesía catalana rumbo a la FIL Guadalajara

Literatura

Compartimos un fragmento del prólogo de ‘Poesía catalana moderna y contemporánea’, antología editada especialmente para la FIL Guadalajara por Editorial La Otra y la UANL, con apoyo del Instituto Ramón Llull.

Sobre los poetas catalanes

En los países históricamente bilingües, como Catalunya, la denominación de la lengua literaria es un poco más compleja, porque nos encontramos con poetas catalanes que escriben en catalán, pero también en español, o mejor dicho, en castellano[1]. Los poetas catalanes tienen perfectamente claro que la lengua distingue su pertenencia a una u otra literatura, sin que esto les arrebate su pertenencia a una nación. Por consiguiente, aquí sí que utilizamos términos que señalen claramente de dónde somos y a qué literatura pertenecemos. Una antología de poesía catalana reúne poetas que escriben en catalán, los que escriben en castellano aparecen en las de poesía española o, en el caso que nos ocupa, en antologías de poetas catalanes que escriben en castellano[2].

Un dato curioso al respecto: si alguien se fija en las decenas de antologías españolas que aparecen al cabo del año, comprobará que en ellas no aparece casi nunca ningún poeta catalán de los que escriben en castellano[3]. Quiero decir que aunque también en el resto del Estado Español se tiende a intuir que todos los poetas catalanes escriben en la lengua propia de este país, la realidad es más amplia, y no solo porque los hay que escriben en castellano, sino también en otras lenguas, del mismo modo que podemos encontrar, por ejemplo, escritores nacidos, qué sé yo, en Galicia o fuera de la Península Ibérica, que escriben en catalán. De hecho, Josep Carner, Anna Murià, Agustí Bartra, Avel.lí Artís-Gener, Vicenç Riera Llorca, Pere Calders, Ramon Xirau, Agustí Cabruja o Teresa Pàmies, escribieron parte de su obra, cuando no la mayoría de ella, siempre en catalán, aunque vivieran algunos hasta su muerte en México, y no por ello fueron considerados escritores mexicanos. Quizá este siglo pueda ver la aparición de una antología de poetas catalanes en varias lenguas, como sucede ya en otros territorios del mundo. De momento, el único caso en que esto sucedió es en una antología de poetas catalanes de la Edad Media publicada por Martí de Riquer, en donde recoge poemas escritos en varias lenguas, lo que dejó estupefacto a más de uno[4].

Ahora bien, todo lo antes dicho nada tiene que ver ni se contrapone al hecho de que la lengua de Catalunya sea el catalán. Cómo se puede poner en duda esta evidencia es algo que no puede más que hacerme dudar de quien lo duda. De entre todas esas otras lenguas, por múltiples obviedades que no será necesario enumerar para evitar controversias políticas, la más utilizada es el castellano, y no porque sea cooficial, sino porque muchos la oímos desde pequeños, porque fue la primera lengua de cultura para quienes estudiamos durante el franquismo, porque la respetamos, leemos, estudiamos, conocemos, utilizamos en nuestras casas y la hacemos nuestra con asiduidad, tanto como para haber creado una riquísima literatura en este idioma, especialmente desde mediados del siglo XIX, y sin ningún género de dudas en el XX. Hoy nos sería muy difícil explicar la poesía de Gabriel Ferrater ignorando la de Jaime Gil de Biedma, por poner solo un ejemplo, mientras que actualmente la producción de las narradoras y los narradores catalanes que escriben en castellano, por no citar solo poetas, es de una aportación incontestable a la literatura española: Ana María Matute, Juan y Luis Goytisolo, Esther Tusquets, Terenci y Ana María Moix, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Maruja Torres, José Luis Giménez Frontín, Nuria Amat, Rosa Regás, Enrique Vila Matas, Cristina Fernández Cubas, Pedro Zarraluki, Francisco Casavella, Carlos Ruiz Zafón o Carlos Zanón, por citar solo a algunos.

Realmente, vivir en un país donde se usan literariamente dos lenguas es muy complejo a efectos de clasificación literaria. Es bien conocido el hecho de que bastantes escritores catalanes del XIX, como otros del XX (Pere Gimferrer o Joan Margarit, por ejemplo), han utilizado ambos idiomas y, en consecuencia, parte de su obra pertenece a la poesía española y otra a la catalana, pero desde hace tiempo se están produciendo libros en los que hay poemas escritos en ambas lenguas, incluso se utilizan en un mismo poema, lo que nos puede llevar a una nada deseable esquizofrenia investigadora y de catalogación que, por otra parte, en nada afecta al poeta ni a sus lectores ni a la sociedad en general. Pero en fin, también esto sucede en otros casos, en el de Kafka, por ejemplo, y a él nunca le importó demasiado, que yo sepa. Kafka tenía bastante clara su postura al respecto de lo que aquí estoy tratando. Al referirse a las literaturas de las pequeñas naciones dice lo siguiente: “La memoria de una nación pequeña no es menor que la de una nación grande, de ahí que asimile más a fondo el material de que dispone. Sin duda dará ocupación a menos historiadores de la literatura, pero la literatura no es tanto un asunto de la historia literaria como un asunto del pueblo, y por esta razón se conservará de un modo, si no tan puro, mucho más seguro. Porque las exigencias que la conciencia nacional, dentro de un pueblo pequeño, plantea al individuo, traen consigo que cada uno deba estar siempre dispuesto a conocer la parte de la literatura que ha caído en sus manos, a conservarla, a defenderla, y a defenderla en cualquier caso, aunque no la conozca ni la conserve. ”

Sobre la poesía catalana

Catalunya no ha sido siempre parte de España. De hecho desde el siglo XIII hasta el XV fue un imperio cuya literatura alumbró Europa. No se entendería el eje humanístico que marcó el pensamiento europeo sin Ramon Llull (1232-1315) —casi siempre llamado Raimundo Lulio en territorios de habla española—, y del que pronto celebraremos el VIII centenario de su nacimiento. Llull nació 32 años antes que Dante y 71 antes que Petrarca. Filósofo, políglota, novelista avant la letre y poeta, utilizaba ya en el siglo XIII el catalán como lengua científica y literaria: “Pus mon voler vol vostra senyoria,/ lo meu membrar e el saber vos vull dar:/ car sen voler, Dona, jo què els faria?[5] . Llull no escribe en provenzal, la prestigiada lengua d’Oc, como hacían una treintena de trovadores nacidos en Catalunya cuando el esplendor occitano estaba creando el amor cortés, sino en catalán, como venían haciéndolo ya los grandes cronistas: Jaume I, Bernat Desclot, Ramon Muntaner y Pere el Cerimoniós.

¿Cuándo se empezó a escribir poesía en castellano en los territorios catalanes? Mucho después. Casi doscientos años después. Pere Torroella, nacido en el año 1420, que también escribió en catalán, nos dejó unos decires amorosos, algunas canciones y esparzas en castellano. Más tarde Juan Boscán, que nació el año 1492, nos brindó unos sonetos más, o menos, admirables escritos en lengua castellana.

Desde Ramon Llull hasta finales del Siglo XV la literatura catalana señorea Europa. Son muchos los caso que podríamos nombrar, pero baste con dos nombres más, dos nombres universales, Ausias March (1397–1459) y Joanot Martorell (1413-1468), el autor de “Tirant lo Blanch”, o sea “Tirante el Blanco” ¿recuerdan?, aquel libro que El Quijote salva de la quema.

A principios del siglo XVI, la literatura catalana, debido a múltiples causas, entra en un vacío secular aún hoy difícilmente explicable. Se produce una ruptura de la continuidad literaria como nunca se había visto y el castellano sustituye culturalmente al catalán, que no volverá a renacer hasta mediados del siglo XIX, tras los movimientos románticos y la llegada del novecentismo y el regeneracionismo, que regenerarán su literatura y sus instituciones literarias. Es el momento de Jacint Verdaguer (1845–1902) o Joan Maragall (1860-1911), cuyos poemas arrancan la época moderna catalana. Ambos están asentando la literatura catalana del siglo XX, cuya poesía, estoy seguro, puede contarse entre las mejores poesías europeas, aun siendo conscientes de la extrema dificultad que representó escribirla y publicarla durante los 40 años en que el dictador Francisco Franco prohibió nuestra lengua, como hicieran antes, por poner solo un par de ejemplos, Felipe V en el siglo XVIII o en el siglo XVII Luis XIV de Francia en la Cataluña Norte.

Aun así el catalán resistió también como lengua familiar y pronto me di cuenta de que en muchas familias de cultura liberal y conservadora, incluso adictas al gobierno franquista, el hecho de que la dictadura les privara de su lengua y cultura creaba un claro germen de incomodidad, un antifranquismo en voz baja, casi siempre pasivo, pero antifranquismo al fin y al cabo. La cultura, la lengua y la literatura, por tanto, jugaron un papel crucial de unión que convergió a finales de los años 60, en la fundación de la Assemblea de Catalunya, donde izquierda y derecha, monaguillos y estalinistas, moralistas y libertinos, monárquicos y republicanos, nacionalistas y no nacionalistas, ateos, agnósticos y creyentes, coincidieron a fin de conseguir una primera porción de libertad bajo la divisa: “LLibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomía”, así, en catalán, que contó incluso con el apoyo de los movimientos anarquistas, que experimentaron un fuerte y fugaz renacimiento en los años setenta del siglo pasado.

La mayoría de los poetas de posguerra que escribían en catalán continuaron su labor de un modo reservado y bastante desconocidos por la población en general, pero sus obras no fueron siempre prohibidas. La dictadura censuraba los libros dependiendo de su temática o, por ejemplo, por la presunta procacidad del vocabulario utilizado, hechos ambos, especialmente el último, que hoy nos producen una risa desaforada, pero si pasaban el largo y muchas veces cómico camino de la censura, podían editarse, eso sí, en tiradas mínimas. A lo que el gobierno de la dictadura puso siempre impedimentos hasta el muy tardofranquismo es a que se utilizara el castellano como vehículo de conocimiento y propagación de la lengua y de la literatura catalanas, especialísimamente en ediciones bilingües. Es decir, que un libro como el que el lector tiene ahora en sus manos hubiera sido entonces prohibido y los poemas que no tuvieran el placet de la autoridad competente, así como su traductor y su editor, estarían seguramente ante algún juez, en el mejor de los casos.

Esta labor casi silenciosa y personal llevó a los poetas catalanes de la primera mitad del siglo XX a crear una obra de una incontestable calidad. Nadie que haya leído a Josep Carner, Carles Riba, Joan Salvat-Papasseit, Baltasar Rosselló-Pòrcel, J.V.Foix, Salvador Espriu, Clementina Arderiu, Rosa Leveroni, Marià Manent, Joan Brossa, Gabriel Ferrater, Mercè Rodoreda, Montserrat Abelló, Joan Vinyoli, Vicent Andrés Estellés, Blai Bonet, Josep Palau i Fabre, por sólo nombrar algunos de los ya fallecidos y que, por supuesto, encontrará el lector en la presente antología, puede dudar de lo que digo. Ellos construyeron la poesía catalana del siglo XX, a la vez que su formación y empeño individual dejaban abiertos una gran diversidad de caminos por donde iba a transitar la poesía posterior.

Si la transición política a partir de 1978 representó un cambio sustancial en todas las poesías de la Península, para la catalana significó un avance definitivo por muchas razones, algunas básicas, como el proceso de recuperación y normalización de la lengua, o sea el instrumento de trabajo literario, que gozó, por parte de los gobiernos municipales y autonómico, de una específica atención no tanto para quienes escribían en la lengua a proteger sino sobre todo para editoriales y otras empresas e instituciones privadas que habían de divulgar la literatura catalana. Pero más fundamental que esta labor administrativa fue la que iniciaron por su cuenta y riesgo los críticos, escritores y otros dinamizadores culturales, quienes empezaron a situar a través de reseñas, artículos, ensayos, tesis doctorales, traducciones, guiones, talleres o actos públicos la poesía catalana en el circuito universal. También es cierto que el apoyo del Instituto Ramon Llull, mandara quien mandara en el gobierno catalácn, ha sido desde su creación determinante para traducir y hacer visible esta literatura entre el resto de literaturas mundiales, algo impensable hace unas décadas. Por otra parte, el esfuerzo de unos y otros facilitó el nacimiento, también la resurrección, de asociaciones que propagaron el hecho literario catalán. Se logró también la supervivencia de algunas colecciones, revistas, suplementos literarios y el afianzamiento de festivales, congresos y actos dispersos en ciudades y pueblos, así como de multitud de premios que, si en sus orígenes no siempre beneficiaron el verdadero talento poético en nombre de la normalización lingüística, sí evidenciaron la fuerza imparable de nuestra mejor poesía, algo que las generaciones más jóvenes y ya no tan jóvenes, nacidas tras la muerte del dictador, ha demostrado ampliamente.


[1] Hago esta distinción porque yo creo que en España se escribe en castellano, mientras que en los diferentes países de América Latina son familiares los diversos usos lingüísticos de la misma lengua, usos que de ninguna manera utilizaría un poeta español. Por ejemplo en España serían considerados arcaísmos muchos de los términos que se utilizan en México cotidianamente.

[2] Por vivir aquí –Antología de poetas catalanes en castellano (1980-2003). Ed. Bartleby Editores, Madrid, 2003. Edición de Manuel Rico con prólogo de Manuel Vázquez Montalbán.

[3] También resulta, digamos que curioso, el hecho que desde el año 1924 en que se establece el Premio Nacional de Poesía (en su primera época hasta 1973 llamado “Concurso nacional de literatura en su modalidad de poesía” y luego Premio José Antonio Primo de Rivera”) hasta hoy, tan solo un poeta nacido en Catalunya que escribe en castellano lo ha conseguido, Pere Gimferrer en 1966 (también José Corredor Matheos en el 2005, establecido en Catalunya y castellano de nacimiento). Al parecer, ningún otro poeta catalán que escriba en castellano lo ha merecido, ni José Agustín Goytisolo ni Carlos Barral ni Jaime Gil de Biedma, es decir, maestre, contramaestre y requetemaestre del Grupo de Barcelona y referentes incontestables para algunas de las generaciones más jóvenes.

[4] Martí de Riquer: “Antologia de poetes catalans –Un mil.leni de literatura-“. Vol. I. Época medieval. Ed. Galaxia Gutenberg/ Círculo de lectores. 1997.

[5] “Pues mi amor quiere a vuestra señoría,/ mi recuerdo y saber os quiero dar:/ pues sin querer, Señora, yo ¿qué haría?”

Fragmento del prólogo de la antología de ‘Poesía catalana moderna y contemporánea’, cuya traducción, selección y prólogo pertenecen al poeta Jordi Virallonga. Dicha antología se preparó especialmente para la FIL Guadalajara, en la que Barcelona es la ciudad invitada, por parte de la Editorial La Otra y la Universidad Autónoma de Nuevo León, con el apoyo del Instituto Ramón Llull.

AQ / MCB

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