Cultura

‘Los héroes numerados’: setenta años tras el balón

Reseña

Juan Villoro vuelve a la cancha con un libro que captura los claroscuros del futbol.

No es raro que entre los escritores mexicanos encontremos fervientes aficionados por el futbol, pero muy pocas veces quienes teoricen o historien o hagan largos reportajes del juego. En este libro, Los héroes numerados (Seix Barral, 2026), Juan Villoro, en una de sus facetas múltiples, la de cronista deportivo, nos lleva por setenta años de futbol en Occidente y analiza o describe de ello lo hermoso, lo feo, lo inmoral. Siempre me sorprenden de Villoro su viva inteligencia y su memoria milimétrica.

Entusiasta de Italo Calvino, en su narrativa y en sus crónicas ha sabido seguir las pautas de las Lecciones americanas del italiano, ante todo que la prosa debe ser ligera en su vuelo y los contenidos complejos. El libro, en su mejor parte, lo divide entre aquellos personajes, personas y objetos que se vuelven símbolos, entre otros, la afición, el balón, la camiseta, el jugador, el abrazo… O en una primera síntesis: entre la cancha y la tribuna. Siendo muy buenas todas las historias, en especial sentí muy cerca el capítulo “El jugador”, donde traza “la gloria y la tragedia” de un puñado de grandes, que nos conmueve profundamente, y la rivalidad feroz México-Estados Unidos. Muy ilustrativas son las páginas del desarrollo creciente en calidad del futbol femenil en el orbe. Me parece que a partir de la página 185, “Destinos que se cruzan”, empezaría Juan otro libro más íntimamente personal, en capítulos que dedica a su esposa Sofía, ligada al futbol, a su amistad con Roberto Gómez Junco, que pertenece al linaje de los cronistas ponderados en riesgo de desaparición, a su relación muy cordial con Miguel Nieto Applebaum, dueño del Salón Los Ángeles, quien saltó en paracaídas al césped del Estadio Azteca el 22 de mayo de 1983 en la semifinal que perdió el América en una imagen que quedaría para siempre, o bien pincela un retrato admirativo de la comentarista Marion Reimers.

Pero Villoro, admirador de Ricardo Piglia, de otra manera que Piglia, desarrolla o circula múltiples historias o microhistorias, por ejemplo, de los tres grandes de la historia del futbol, Pelé, Maradona y Messi, y asimismo de leyendas de oro de distintos países, como el ruso Lev Yashin, el húngaro Ferenc Puskás, el mexicano Antonio Carbajal, los brasileños Garrincha y Zico, el italiano Paolo Rossi, los alemanes Gerd Müller y Franz Beckenbauer, entre otros. Dentro de los países vistos, Villoro se sumerge, no sin pasión, en tres selecciones, México, muy explicablemente, Brasil y Argentina.

De lo que haya visto desde mi niñez, lo más memorable sería el partido Argentina contra Inglaterra en el Mundial de 1986, en el estadio Azteca, con los dos famosísimos goles de Diego Armando Maradona, “uno perfectamente ilegal”, una trampa gigantesca, la llamada “mano de Dios,” y el otro, el infinito dribling que culminó en el gol más bello de que tengo memoria. Recuerdo que al final del juego, los hooligans ingleses, en su rabiosa frustración, empezaban a hacer destrozos, y llegó una partida del ejército, que, cortando cartucho, los hizo alejarse. ¿Quién olvida asimismo la sospechosa goliza de Argentina 6-0 al Perú en el Mundial del 78 y que hizo a un lado a Brasil? ¿Quién olvida el agua sedante que le dieron a los brasileños para adormecerlos en Italia 90 que les permitió avanzar? México, entre lo sucio, no se queda atrás. Villoro no olvida examinar la desvergüenza de los cachirules que evitó ir a México al Mundial de Italia 90 y evitó asimismo tener en un Mundial a Hugo Sánchez en el gran momento de su carrera, de quien Juan sentencia: “Era una figura admirada pero no un ídolo querido”. Sin embargo, matizaría lo dicho por Juan y compartiría la opinión de Luis García, cuando le preguntaron en España en sus días del Atlético de Madrid si pensaba emular lo hecho por su compatriota, y repuso hiperbólica pero honestamente, que lo hecho por Hugo Sánchez no lo hacía ni Dios Padre, y bueno, para un mexicano así ha sido. En esa circulación de historias Villoro escribe también pequeñas, medianas o grandes inmoralidades mexicanas, que encabezan sin duda los dirigentes de la FMF. Un añadido: cuando en los medios empezó a poblarse de propaganda de apuestas lo primero que pensé fue que se llevarían al diablo la escasa moralidad que aún podía haber en nuestro futbol.

Como puntualiza Villoro, al futbol no han sido ajenos las mafias, las tiranías y políticos y empresarios podridos. Baste un mínimo de botones: en Colombia, en la época medellinense de Pablo Escobar y de Gilberto Rodríguez Orejuela en Cali; en Chile, con Pinochet y el Colo Colo, en la Italia con la Juventus, que al menos fue castigada, y en la FIFA, la corrupción sin fondo sistemática, que ilustrativamente representan Joseph Blatter, y dolorosamente Michel Platini y Franz Beckenbauer, que negociaron los mundiales de Japón-Corea y Qatar, donde, al parecer, también se metió uno de los mayores criminales del siglo XX (Henry Kissinger), quien dañó en la década de los setenta irreparablemente a América Latina.

En sus libros, Juan muestra que muchos mexicanos hemos visto mucho; él sabe mucho.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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