Crear Revolución diamantina, un ballet inspirado en un tema complejo y doloroso como el de los feminicidios implicó asumir muchos riesgos, reconoce Gabriela Ortiz (Ciudad de México, 1964), considerada una de las compositoras contemporáneas más influyentes en el mundo.
“No podía quedarme callada”, asegura en entrevista con Laberinto la integrante de El Colegio Nacional, cuya música ha sido elogiada por “su compromiso con la historia”. La sólida obra de Gabriela Ortiz aborda cuestiones como la migración o la crisis medioambiental; ejemplo de esto es su concierto Dzonot, una defensa sonora de los cenotes, reconocido como Mejor composición clásica contemporánea en los Grammy 2026.
Revolución diamantina, su primer ballet, está inspirado en el movimiento feminista en contra de la violencia de género y cuenta con la dramaturgia de Cristina Rivera Garza, ganadora del Pulitzer por El invencible verano de Liliana, en donde relata el feminicidio de su hermana. La compositora comenta que el ballet fue hecho “con toda la energía, seriedad y dedicación” que requería una pieza así, pero sin imaginar el alcance que tendría. “Una vez terminada, la obra ha caminado sola”. ¡Y vaya que ha llegado muy lejos! Su versión en concierto se estrenó en 2023, en el Walt Disney Concert Hall, con La Filarmónica de Los Ángeles, dirigida por Gustavo Dudamel. Más tarde, en 2025, el álbum Revolución diamantina obtuvo tres premios Grammy (Mejor composición clásica contemporánea, Mejor compendio clásico y Mejor interpretación orquestal) y el Grammy Latino, también en la categoría Mejor composición clásica contemporánea.
A propósito de estos galardones, este año la creadora obtuvo otros tres Grammy. En su sitio web, la Sinfónica de Minería consignó que ser premiada dos años consecutivos en la categoría Mejor composición clásica contemporánea es una hazaña que antes de ella solo había conseguido el compositor ruso Igor Stravinski.
Más que los reconocimientos, a Gabriela Ortiz le importa que su música se escuche. Revolución diamantina ha hecho eco con algunas de las orquestas más destacadas a nivel internacional como la Sinfónica de Boston o la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil). Será interpretada en la capital alemana por la Filarmónica de Berlín, y en agosto está programada en el Royal Albert Hall, en Londres, nuevamente con LA Phil, dirigida por el músico venezolano.
El pasado febrero, la obra se estrenó con coreografía en el Walt Disney Concert Hall. Sin embargo, para la creadora era imperativo que su ballet se escuchara y viera en México. El sueño se hará realidad los próximos 4 y 5 de julio con el estreno de una audaz producción escénica en el Palacio de Bellas Artes.
La revolución musical de la compositora mexicana no se detiene. El 31 de julio será el estreno mundial, en el Festival Paax, de La reina roja, pieza inspirada en el libro homónimo de la periodista y escritora Adriana Malvido. “La reina roja no solo atrapó la vida de mi querida Adriana, yo también me vi envuelta en un mundo de cinabrio sonoro donde pude adentrarme a escuchar la historia de Tz’akab’Ajaw”, dice.
Antes del estreno de Revolución diamantina en Los Ángeles me hablaste de tu deseo de que esta obra se viera en México. ¿Cómo fue eso posible?
Estoy agradecida con Marisa Canales, directora del sello discográfico Urtext. El estreno es posible gracias a que ella creyó en el proyecto. Marisa y su esposo, Benjamín Juárez Echenique, han seguido muy de cerca mi carrera. Ambos estuvieron en el estreno de Revolución diamantina con la Boston Symphony —incluso Benjamín estuvo en el estreno mundial con LA Phil, en Los Ángeles— y quedaron muy conmovidos con la obra. Marisa me dijo: “Tenemos que hacer esto en México”.
Levantar un proyecto así no es nada fácil. Esto es iniciativa de Marisa Canales, quien ha trabajado muy fuerte para obtener los recursos que se requieren para el estreno en México. Es una coproducción de Urtext Digital Classics y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Finalmente, las dos instituciones se unieron para su realización.
El estreno en México está a cargo en su mayoría de mujeres. ¿Cómo se conformó este equipo?
Mi sueño era que si la obra se hacía en México, Claudia Lavista fuera parte del proyecto. Creo que es la coreógrafa ideal. Le comenté a Marisa que me encantaría que estuviera en el equipo. Claudia convocó a Melva Oliva y Lola Lince para tener la representación de tres generaciones de coreógrafas, con tres puntos de vista diferentes. Así se fue armando el equipo, que además cuenta con el apoyo de Bellas Artes, a través de Ceprodac (Centro de Producción de Danza Contemporánea), dirigido por Cecilia Lugo, que es fantástica.
Me emociona muchísimo este estreno. La propuesta de Claudia va directo a la confrontación y a la provocación, escénicamente es muy novedosa. Me fascina que se esté arriesgando; el riesgo me parece sensacional.
Por otro lado, la Orquesta Urtext es una agrupación de músicos de gran calibre. Será dirigida por Lina González-Granados, música colombiana con una gran trayectoria internacional. Ella estuvo en el estreno de Revolución diamantina en Los Ángeles y ha dirigido mucha de mi música fuera de México.
Revolución diamantina es una obra frontal con un contenido muy fuerte, pero ineludible. No quise hacer algo abstracto. La obra habla de cosas directas y que nos pegan como mexicanos. La violencia de género es un tema que entendemos muy bien, aunque es un tema universal. Este caso parte de lo que sucede en nuestro país.
Tu manera de ejercer el feminismo ha sido a través de tu música.
Hay gente que puede hablar sobre el feminismo con datos duros porque lo han estudiado a nivel social o filosófico, pero si yo voy a hablar del tema en mi quehacer profesional lo haré a través de la música. Trato también de ejercerlo en mi cotidianidad, en la educación que le di a mi hija, en mi relación con Alejandro [Escuer]. Creo que eso es feminismo. Alejandro dice que una pareja tiene que ser eso: “pareja”. Creo en la igualdad de género. Tenemos que lograr este equilibrio a nivel social.
En ese sentido, ¿sientes que hemos avanzado?
Por supuesto. Poco a poco pero ha habido un cambio sustancial. Primero que nada, porque podemos hablar de estos temas. Además, ya tenemos un lenguaje para definir los tipos de violencia doméstica, los feminicidios. No se ha erradicado la violencia en contra de la mujer, pero creo que las nuevas generaciones son más conscientes.
Me preocupa más el cambio que tiene que ver con las autoridades. No soy experta ni tengo todos los datos, pero recientemente leí que esta chica saxofonista [María Elena Ríos] a la que le aventaron ácido en la cara todavía no cuenta con una resolución a su favor. ¿Cuál es la respuesta del Estado? ¿Qué está haciendo en casos como el de la hermana de Cristina Rivera Garza? Eso me preocupa muchísimo. No solo que siga sucediendo, sino que, como mujeres, no tengamos una protección como debe de ser, que los casos queden impunes y no se sepa el paradero de tantas mujeres, que las madres sigan buscando a sus hijas desaparecidas.
¿Por eso es tan significativa la colaboración del INBAL para el estreno de Revolución diamantina?
Cualquier institución cultural tiene que estar abierta a la libre expresión y a todo tipo de estéticas. Es un derecho de cualquier creador. En el momento en que una institución cultural reprima el derecho a la libertad de expresión estaremos en un camino incorrecto. La libertad de expresión y la diversidad son lo que realmente ha nutrido al arte. Cualquier gobierno que dicte una línea distinta a la que tiene el artista está mal por donde lo veas. La Revolución cultural china estuvo mal en ese sentido. El arte se basaba en una serie de normas dictadas por el gobierno. Eso es gravísimo. No es el caso de México.
Claro que estoy agradecida con Bellas Artes por realizar Revolución diamantina, pero que yo diga ¡qué maravilla que lo hagan!, no. Así debe ser. Las instituciones y los espacios deben estar abiertos a la diversidad y el arte debe hablar de estas cosas porque se nutre de la vida misma.
¿Crees que el arte puede generar un cambio, una reacción, en el Estado?
No tengo la respuesta. No escribo para cambiar la política actual o el sistema judicial, que no hace su chamba correctamente; tampoco escribo para cambiar la mentalidad de los policías y la burocracia que existe alrededor. Cuando escribo tengo otras cosas en la cabeza. Me preocupa que mi idea esté bien expresada y que musicalmente sea interesante. Primero que nada, pienso en el escucha, en quién va a recibir el mensaje o cómo va a impactar. Nunca sabes el alcance que pueda tener. En mi vida jamás imaginé que fuera a ganar un Grammy. Ni en drogas más pesadas me lo hubiera imaginado y menos con Revolución diamantina, una obra que hice con todas las herramientas a mi alcance y con toda la energía, seriedad y dedicación que se requiere, pero que después ha caminado sola.
Hay compositores que escriben para sí mismos y se olvidan de quién va a recibir el mensaje. A mí sí me importa, porque el arte es también comunicación. No escribo para mí misma, escribo para el músico que va a interpretar y para quien lo va a escuchar; si no, no tendría sentido lo que hago. Me siento bendecida y agradecida de que mi obra se ha podido escuchar y porque he podido escuchar mi obra.
No sé si el arte pueda cambiar algo. Durante su conferencia en la Cátedra Mandela, Cristina Rivera Garza dijo algo que me impresionó muchísimo. Alguien le preguntó por el asesino de Liliana y por la familia y los conocidos del feminicida. Cristina dijo que ellos tendrán que enfrentarse a la verdad escrita en el libro. No sé si Revolución diamantina tenga un impacto en las autoridades o en quienes comenten atrocidades como los feminicidios, pero por lo menos la obra está ahí y habla frontalmente. No sé si lo que hago tiene un impacto, pero si tienes la necesidad de hablar, debes hacerlo.
Hablando de los premios Grammy, ¿qué importancia tienen en tu trayectoria?
Un Grammy no te cambiala LA vida ni mucho menos. Te la cambia en la cuestión mediática, pero no en la cotidianidad. Al escribir música me sigo planteando los mismos retos. Entro en las mismas broncas y tengo que resolverlas, es decir, en el compromiso de mi quehacer profesional no escribo para ganarme un Grammy.
Con Revolución diamantina tomé muchos riesgos, pero tenía que hacerlo. Quiero pensar que las instituciones están cambiando, porque si no, ¿cómo gané el Grammy, una compositora mexicana premiada con un tema de este calibre en Estados Unidos?
Pienso que en las instituciones existe el deseo de ser más diversas y de hablar de temas que realmente importan. Creo que hay más apertura, sobre todo en el ámbito internacional de la música clásica. Hay más directoras; por ejemplo, es relevante que Elim Chan, de Hong Kong, sea la directora de la Orquesta de San Francisco, una de las mas importantes de Estados Unidos. También que se estén rescatando y tocando obras de compositoras. Falta mucho, pero hay voluntad por equilibrar las cosas.
¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Acabo de terminar La reina roja, una pieza comisionada por Alondra de la Parra. Ella va a dirigir el estreno mundial en el Festival Paax, en Quintana Roo. Me entusiasma mucho. Está inspirada en el libro maravilloso de Adriana Malvido, en su crónica del descubrimiento de la tumba de la reina en Palenque.
Además, estoy cocinando un proyecto con Jorge Volpi, un segundo ballet que se llama Las últimas cuatro estaciones, que tiene que ver con la migración y el cambio climático. Y tengo una ópera en el tintero. Será un proyecto fuerte que ocupará por lo menos los dos próximos años de mi tiempo.
El último movimiento de Revolución diamantina se llama “Todas”, pero ¿no crees que este tema también involucra a los hombres?
Por supuesto, esa fue una discusión. No me lo preguntes a mí, pregúntaselo a Cristina. Mi idea era todos y Cristina argumentó “tiene que ser Todas”. De cualquier manera, por supuesto que se trata de todos. Y la música del ballet te invita a la reflexión y a la esperanza. No quiero perder la esperanza de que este mundo puede mejorar. Creo en la fortaleza del ser humano. A pesar de los retos y vicisitudes, la humanidad caminará hacia adelante.
AQ / MCB