La era digital ha permitido compartir e inmortalizar los momentos importantes de nuestras vidas: unas vacaciones, la graduación de la universidad, o en el caso de mamás y papás, los primeros pasos de sus bebés, el disfraz que utilizó en el festival de primavera o su reacción a los regalos del Día de Reyes Magos.
Sin embargo, esto camina en una línea muy delgada entre el interés genuino por compartir el paso por la paternidad y/o maternidad, y el peligro hacia las niñas, niños o adolescentes. No es un asunto que termina o se queda en el clic al botón de “publicar”, “postear” o “twittear”.
En la actualidad, algunos niños y niñas ya tienen una huella digital incluso antes de nacer, pues las parejas suben a sus redes sociales videos y fotografías del ultrasonido o la ecografía.
De acuerdo a un informe del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (2021), el 80% de las infancias en países occidentales desarrollados tienen una huella digital antes de los dos años. Por ello es que, en la era de las insta stories, posts de Facebook o tiktoks, hablar de crianza también es abordar el tema del sharenting.
¿Qué es el sharenting?
Se combinaron los términos en inglés sharing (compartir) y parenting (paternidad) para definir a la actividad que madres y padres realizan cuando comparten contenido sobre sus hijos o hijas en plataformas digitales. Y según el Diccionario Collins, es “la práctica de usar regularmente las redes sociales para comunicar mucha información detallada sobre su hijo”.
Su origen es incierto, pero tomó fuerza según las familias utilizaron las plataformas digitales para compartir aspectos de su vida diaria. Entre ellos, la llegada de un nuevo bebé, la tarde de juegos con el sobrino pequeño o el festival que se organizó en el preescolar por el Día de las Madres.
Por lo mismo, hay diversas razones que motivan al sharenting: desde el deseo de compartir con la familia esa etapa de vida, hasta ser vistos como buenos padres o madres; juntar donativos en caso de enfermedad o discapacidad, o crear contenido al estilo de los influencers.
Y si bien el sharenting es cada vez más frecuente— y normalizado—, las opiniones sobre si es o no correcto están divididas. Algunas personas, por ejemplo, disfrutan ver a bebés disfrazados en Halloween o “acompañar” a una mamá en los primeros cinco años de vida de sus hijas. Pero del otro lado, están quienes se preocupan por la cantidad de información personal que pueden saber de una o un menor de edad, o el cómo afectará todo ese contenido cuando sea mayor (especialmente con las y los niños influencers).
De ahí que abordar el tema sharenting ya no sólo implica hablar de la protección de su identidad, también al consentimiento para el uso de su imagen.
Riesgos del sharenting
A inicios de diciembre del 2025, la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León abrió una carpeta de investigación por el caso de “La Princesa de Papá”: un grupo de Facebook, con más de 20 mil 600 miembros, en el cual se compartía contenido inapropiado sobre menores de edad. Colectivos y usuarios lo señalaron como un caso grave de pedofilia y pederastia.
Dicha situación volvió a poner sobre la mesa los peligros del sharenting para la seguridad y bienestar de las infancias. La evidencia de ello es vasta: una fotografía o video pueden exponerlas a delitos como pornografía infantil, explotación sexual, trata de personas, ciberacoso o deepfake.
De igual manera, sus fotografías pueden ser utilizadas por terceros para cometer crímenes relacionados con la suplantación de identidad, tales como el fraude digital o el grooming— es decir, cuando un adulto reutiliza dichas imágenes para hacerse pasar como una o un menor de edad para engañar a otros—.
Es difícil vislumbrar los daños materiales que una niña o niño podría sufrir por la fotografía o video que su padre o madre subió a las redes sociales. En el mejor de los casos genera ternura o felicidad, pero del otro lado de la moneda pueden convertirse en un objeto de burla (al popularizarse como un meme); sentir vergüenza o aislamiento, o estar propenso a que gente desconocida las y los identifique en la calle.
Una encuesta realizada por el Comisionado para la Infancia y la Juventud (CCYP) de Australia arrojó que más de un cuarto de las y los niños entrevistados (de 10 a 12 años) afirmaron sentirse “avergonzados, ansiosos o preocupados” por el sharenting de sus mamás y papás: “Publicaciones aparentemente inofensivas pueden causar una angustia significativa. Lo que hace que las y los jóvenes se sientan frustrados o traicionados por sus padres”, señala el CCYP en un artículo.
Asimismo, el estudio indicó que dos de cada cinco infantes se mostraron inconformes cuando sus familiares publicaban fotos o videos de ellas y ellos sin preguntarles. En ese sentido, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) recomienda ampliamente solicitar a la niña o al niños permiso de postear ese contenido.
“Cuando compartimos información sin implicarlos, desaprovechamos una excelente oportunidad para enseñarles con un ejemplo la noción de consentimiento y mostrarles que la privacidad es importante”.
Y en el caso de infantes más jóvenes, el Fondo señala: “Los niños pequeños no pueden darnos su consentimiento informado para que publiquemos información sobre ellos. Es necesario considerar cuál podría ser su opinión si pudiéramos mantener con ellos una conversación más profunda en la que expresen su punto de vista”.
¿Cómo hacer sharenting de manera segura?
Compartir fotos o videos de los hijos e hijas no representa perse un riesgo, toda vez que se tomen precauciones y se implementen medidas para protegerlos.
En ese sentido, el CCYP proporciona una guía con varias recomendaciones para un sharenting sano.
- Al momento de tomar la foto: deshabilitar la configuración de ubicación en la cámara y borrar los metadatos antes de postearla en redes sociales.
- Pensar antes de publicar: establecer y respetar límites personales respecto a qué sí y qué no publicar. Para ello, se puede crear una lista de “aspectos a cumplir”.
- Decidir si compartir o mantenerlo en privado: tener el permiso de la o el menor antes de publicar algo en las redes sociales y respetar su decisión, aún si no estuvieras de acuerdo. En este punto también hay que considerar restringir la visibilización de ese material, es decir, quién sí y quién no puede verlo, compartirlo o comentarlo.
- Disfrutar el recuerdo: comunicar estos límites y medidas de seguridad a tus contactos, de tal forma que no sean ellos quienes transgredan la seguridad y bienestar de la o el menor.
Otras medidas de protección mencionadas por la Unicef son:
- Evitar compartir fotografías embarazosas o donde sus hijos o hijas salgan con poca ropa.
- Hablar con ellas sobre lo que publican y sus criterios
- Mantener conversaciones sinceras con familiares y amigos sobre dichas medidas.
- Reflexionar antes de publicar sobre el público al cual se dirige, cuánta información se comparte y si ésta podría ser perjudicial.
ASG