En Jalisco, tierra del mariachi y el tequila, los Reyes Magos son monarcas lejanos, pasan casi desapercibidos. En la zona metropolitana de Guadalajara son una nota al pie en el calendario, el día de partir la rosca y guardar los adornos de temporada. Pero hay un lugar donde la historia es distinta. Donde, para encontrarlos, hay que cruzar un umbral de agua.
Al llegar a la orilla del lago de Cajititlán, a menos de una hora de Guadalajara, todo cambia, como lo pudo atestiguar MILENIO. Del otro lado, visible desde la ribera, se alza el pueblo como un pesebre viviente. Y para lograr milagros, hay que hacer la travesía en una trajinera de madera pintada de colores. El aire fresco del lago separa dos realidades: la de la tierra firme, donde los Reyes son apenas un recuerdo, y la de la isla de fe, donde son soberanos.
Al cruzar las aguas tranquilas, no solo se atraviesa un lago; se viaja en el tiempo y en la devoción. Con cada remada que acerca a la orilla opuesta, el murmullo de la fiesta crece: el repique de las campanas, el sonido lejano de los violines en la Danza de los Tastoanes, el olor a copal y a algodón de azúcar.
Para muchos, su visita es parte de una pastorela; para otros, es motivo de agradecimiento al sentir que recibieron un milagro en sus vidas de parte de Melchor, Gaspar y Baltasar, a quienes suelen confiarles sus problemas.
En Cajititlán, los Reyes no pasan. Reinan. Son recibidos no como visitantes tardíos, sino como patrones eternos. Aquí, la trajinera no es solo una embarcación; es un vehículo simbólico que transporta al corazón de una tradición que el resto del estado dejó dormir, pero que este pueblo guardó celosamente, como un tesoro en el centro de su lago.
Una tradición de más de cuatro siglos
Este miércoles 7 de enero (sí, un día después de la celebración oficial) la ribera de la laguna de Cajititlán, en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, se convertirá una vez más en el corazón palpitante de la tradición religiosa más importante de México dedicada a los Reyes Magos.
Aquí, en Cajititlán, la Fiesta de los Santos Reyes Magos trasciende lo religioso para convertirse en un fenómeno social, cultural y patrimonial de dimensiones nacionales.
Con una tradición que se remonta a más de 400 años y que fusiona devoción católica con ritos prehispánicos, para esta edición 2026 esta celebración no solo espera congregar a más de dos millones de personas en su día cumbre, sino que representa la vigencia vibrante de una identidad colectiva que se renueva, camina y navega con fe.
Con una historia que se remonta al siglo XVI, esta festividad ha evolucionado hasta convertirse en un monumental evento que inicia con una caminata desde Tlajomulco al amanecer del 6 de enero.
Esta caminata es encabezada por las autoridades locales y se convierte en un gesto de pertenencia y un reconocimiento a la comunidad que, durante generaciones, ha hecho posible esta tradición.
Afluencia récord y operativo especial
Ayer martes 6, aún sin amanecer, el presidente municipal de Tlajomulco, Gerardo Quirino Velázquez Chávez, llegó dispuesto a caminar junto a quienes hacen esta fiesta de fe, con satisfacción por la afluencia y la organización.
“Estamos contentos de que traemos ya un millón 800 mil personas en todos los días que llevamos, desde el 31 de diciembre. Esperamos rebasar los dos millones de visitantes”, señaló entusiasta.
Esta cifra superaría el récord histórico y confirma a la fiesta como la cuarta con mayor afluencia en Jalisco y la primera celebración religiosa no mariana del estado. Para garantizar la seguridad de esta multitud, el gobierno municipal ha desplegado un operativo sin precedentes.
“Tenemos un Centro de Mando con todas las corporaciones operativas: Seguridad Pública, Protección Civil y el área de Movilidad”, explicó el alcalde, detallando la coordinación exhaustiva con el Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Metropolitana.
En total, se han movilizado más de 350 elementos entre seguridad y servicios públicos, trabajando desde un Centro de Operaciones instalado en el ejido. El operativo incluye ocho filtros viales, cierres parciales en el centro del pueblo y la habilitación de estacionamientos controlados para manejar la masiva afluencia vehicular.
Más allá de la logística, el presidente Velázquez Chávez vislumbra la festividad como un motor de desarrollo. Anunció planes para “volver a traer el canotaje a Cajititlán”, una actividad deportiva que oxigena la laguna y posiciona al destino como un referente turístico sostenible, en busca de alianzas con el Consejo del Deporte del Estado (CODE) para recuperar un evento que hace dos décadas ya albergó la localidad.
Historias de fe que sostienen la fiesta
Pero la verdadera esencia de la fiesta late en las historias personales de los peregrinos.
Esta es una tradición viva que se transmite de generación en generación y se sustenta en el cumplimiento de mandas o promesas por los favores cumplidos. Como relata Javier, un devoto que desde hace más de 40 años ha acudido a Cajititlán para agradecer por su salud y por su vida:
“Tu servidor tuvo un accidente cuando estaba más chico; mi mamá y mi papá, que en paz descansen, prometieron una manda de que yo vendría cada año a darle las gracias a ellos, a los Reyes”.
Ahora busca pasar la antorcha y que la tradición continúe con sus hijos, quienes forman parte de una pastorela que se presenta todos los años en el atrio de la Basílica.
Para José, quien regala ponche de canela al llegar al templo, continuar por generaciones con el honor de la tradición familiar de preparar y regalar la bebida a los feligreses en el atrio es seguir los pasos de su abuelo y su padre.
“Es un orgullo seguir con la tradición de mi abuelo y mi papá; es quedar contento con uno mismo, con la satisfacción de que la gente se vaya con un buen sabor de boca de las fiestas de Cajititlán”, señala orgulloso, mientras ofrece ponche de canela a los fieles devotos.
El festejo en Cajititlán a los Santos Reyes es una tradición de 400 años que reúne a creyentes de todo Jalisco.
Antonio acude cada año con sus pequeños para que los cuiden y tengan salud. “Bonito y lindo porque vengo con mis hijos y mi familia a visitar a los santitos para estar con ellos. Vengo a pagar una manda y, mientras Dios nos dé licencia de estar aquí, estaré viniendo cada año con ellos”.
El día cumbre de la celebración
El miércoles 7 de enero es el día crucial de esta festividad, que se extiende por cerca de diez días, del 30 de diciembre al 8 de enero. La jornada transforma a este pueblo de aproximadamente 8 mil habitantes en el epicentro de una peregrinación de fe, una coreografía perfecta de tradición que los cajititlenses y miles de visitantes siguen con fervor.
El día comienza con las “Albas y Mañanitas”. A las 6:00 horas, la Parroquia de los Santos Reyes, cuya puerta permanece abierta desde temprano, se llena con el sonido emotivo de las bandas y el repique de campanas, despertando a los santos y a un pueblo entero que ha pasado la noche en vigilia, algunos incluso acampando en el atrio.
La Encomienda Comunitaria
Con el pueblo ya congregado, a las 7:00 horas se celebra la primera misa del día en la Basílica de los Santos Reyes. Es el momento de la encomienda, donde familias enteras piden salud, prosperidad y protección para el año que inicia, renovando sus mandas o promesas por los favores recibidos.
Culminada la misa, a las 8:00 horas da inicio formal el recorrido matutino. Las imágenes son bajadas de su altar con cuidado reverencial por miembros de la Guardia Real, listas para comenzar su travesía.
Un sabor a tradición.
En el cruce de las calles Hidalgo y Constitución, aproximadamente a las 8:40 horas, tiene lugar un acto de generosidad profundamente arraigado: la entrega de canela a los asistentes, un gesto cálido de la comunidad que endulza la espera.
En un acto lleno de solemnidad, a las 9:30 horas se realiza el “Cambio de Capas” de los Santos Reyes. Este ritual representa la renovación de los favores y la purificación, preparando a las imágenes para el momento cumbre de su encuentro con el pueblo.
La procesión terrestre
A las 10:00 horas inicia el momento más conmovedor del recorrido por tierra. Las imágenes avanzan lentamente por las calles Javier Mina, Constitución, Morelos y Muralla, sobre una alfombra de alfalfa fresca que perfuma el camino. Cientos de fieles se arrodillan o se postran para que las capas de los Reyes pasen sobre ellos, mientras danzantes, música de banda y mariachi acompañan la procesión.
A las 12:00 horas, cuando las imágenes llegan al malecón, se vive el clímax de la fiesta. Las figuras son colocadas en lanchas especialmente adornadas y comienza la Procesión Marítima, un recorrido de aproximadamente una hora en el que Melchor, Gaspar y Baltasar navegan bendiciendo las aguas y los pueblos ribereños de San Juan Evangelista y San Lucas. Hasta 30 lanchas acompañan a los Reyes, mientras desde la orilla más de un millón de personas observa, reza y celebra.
El regreso a casa
Una hora y media después inicia el retorno. Las imágenes desembarcan y, por la calle Centenario, regresan en procesión a su templo. La llegada es un estallido de júbilo: papel picado, globos de colores, aplausos y lágrimas de emoción. En el atrio se celebra la Misa de Recepción, agradeciendo por la jornada cumplida y pidiendo por la unidad de todos los presentes.
SRN